Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Educación

El colegio Labritja celebra sus 50 años: la historia de un colegio multicultural conectado con la naturaleza de Ibiza

El centro educativo de Sant Joan celebra su 50 aniversario y el final de curso con un gran evento en el que se han implicado la comisión de fiestas del pueblo, Ibiza IN y el Ayuntamiento.

El programa incluye actuaciones del alumnado, el profesorado y la Colla de Labritja, castillos inflables y talleres, además de las graduaciones de sexto de Infantil y Primaria.

Una de las actuaciones de la celebración del 50 aniversario del colegio de Sant Joan.

Una de las actuaciones de la celebración del 50 aniversario del colegio de Sant Joan. / Marcelo Sastre

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Maite Alvite

Maite Alvite

Sant Joan

El Col·legi Públic Labritja se prepara para celebrar nada más y nada menos que medio siglo de existencia. Son las diez y media de la mañana y los profesores trabajan a contrarreloj para decorar el centro mientras los alumnos corren por el patio en bañador, embadurnados de espuma. Después de esta fiesta del agua matutina para refrescarse en una jornada tan calurosa, se despedirán de sus tutores hasta el próximo curso. Por la tarde, celebrarán a lo grande el final de las clases, la graduación del alumnado de sexto de Educación Infantil y de sexto de Educación Primaria y las bodas de oro de la escuela. Para la ocasión han preparado varias actuaciones protagonizadas por los escolares, aunque también los maestros han ensayado un baile sorpresa.

El evento se enmarca dentro del programa de fiestas de la localidad y en él se ha implicado la Comissió de Festes de Sant Joan de Labritja, que llevará la barra en la que se servirán bebidas y comida. También ha colaborado el Ayuntamiento, que ha financiado parte de las actividades de esta tarde, e Ibiza IN, que recaudará fondos con la venta de dulces. Lo explica María José Torres Martínez, directora del centro escolar, mientras trabaja con parte del equipo docente en la decoración del centro.

«Vamos a preparar un photocall y ‘La línea del tiempo’ con fotografías de las cinco décadas de historia del colegio y recortes del Diario de Ibiza de su inauguración en 1976», añade la secretaria de la escuela, Neus Marí. Adelanta otro dato más, esta tarde en la celebración del quincuagésimo aniversario contarán con la actuación de la Colla de Labritja, que nació precisamente en estas instalaciones educativas en 1984. «El ball pagès fue la primera actividad extraescolar que se hizo en este centro», cuenta Marí, que vivió aquel acontecimiento en primera persona como alumna.

Con 56 años, es, de todo el personal, la que lleva más años en el colegio Labritja, primero como estudiante, luego como profesora en diferentes etapas y, además, entre 1999 y 2011, como madre de dos alumnos. Recuerda de memoria todos los profesores que tuvo en su etapa escolar y cómo era entonces este centro. De hecho, entró para hacer primero de EGB en septiembre de 1976, justo cuando las instalaciones se inauguraron.

La inauguración del CEIP Labritja, en 'La línea del tiempo'.

La inauguración del CEIP Labritja, en 'La línea del tiempo'. / Marcelo Sastre

«A mediados de los años 70, siguiendo la tendencia de otros sitios de Balears y de España, se decidió crear en la capital del municipio un centro grande para agrupar a todos los alumnos que hasta entonces iban a las escuelas unitarias que había en aquella época en Sant Joan, Sant Vicent, Sant Miquel y Sant Llorenç», señala sobre el nacimiento de esta infraestructura educativa. Asegura que en aquellos tiempos en el centro había muchos más escolares que ahora. «Ahora solo hay una línea, antes había dos de cada curso con niños de todo el municipio», apunta la secretaria, que también da clases en Infantil.

Torres, que lleva ocho años en total en el colegio Labritja y cinco como directora, aporta las cifras actualizadas a 2026: «Ahora contamos con una veintena de profesores y unos 206 alumnos, desde cuarto de Infantil hasta sexto de Primaria, de catorce nacionalidades. La gran mayoría son de Ibiza o peninsulares, pero también tenemos un porcentaje importante de extranjeros, sobre todo, holandeses, ingleses y marroquíes».

Para un centro tan multicultural como el de Sant Joan es importante no solo enseñar a los escolares las tradiciones y el folclore ibicenco, sino también dar a conocer el de otros países; por eso cada dos años organizan la fiesta de la interculturalidad.

Recuerdos

En los tiempos en los que Neus Marí estudiaba allí, la inmensa mayoría de los alumnos tenían apellidos ibicencos, salvo algún extranjero «hijo de hippies». Son muchos los recuerdos que atesora la secretaria de su época escolar, que cita de carrerilla a todos los profesores que tuvo entre primero y octavo de EGB, de los seis a los catorce años.

Lo que es la infraestructura en sí, explica, no ha sufrido muchos cambios a lo largo de las décadas. «Se han redistribuido espacios y se han incorporado el aula de psicomotricidad y el comedor, que también funciona como sala de usos múltiples», asegura, antes de añadir otra curiosidad, que el gimnasio, en una construcción anexa, se levantó antes que el colegio.

También recuerda el patio, entonces de «tierra y arena», y las filas de botijos de plástico de colores dispuestos en el porche para cuando estaban sedientos. Ahora, justo en el mismo lugar, lo que tienen es «una fuente de agua de ósmosis».

De la tiza a la pizarra digital

Cuando Marí era una niña, las aulas, dice, «eran gigantes y la clase A y la B estaban separadas por una puerta corredera». Los pupitres no eran muy diferentes a los actuales, «de color verde, pero oscuro», y había pizarras de tiza, que ahora se han sustituido «por pizarras digitales y vileda».

Todavía conservan en el centro algunas reliquias como un armario de madera, que según cuenta la secretaria, «debe tener cien años» y que antes formaba parte del mobiliario de la escuela unitaria de Sant Joan. Allí había guardados libros, balanzas antiguas con pesas, cámaras y microscopios, entre otras muchas otras cosas, que ahora se exhiben en otro mueble con vitrinas como tesoros del pasado.

«Antes se utilizaban libros de texto y ahora prescindimos de ellos y empleamos otra metodología de enseñanza con proyectos, estaciones de aprendizaje o matemáticas manipulativas», apunta Torres respecto a los cambios en la enseñanza.

María Marí Torres, María Marí Marí, Pilar Marí, Antoni Marí ‘Carraca’ y Toni Marí ‘Rota’, en el 25 aniversario del centro.

María Marí Torres, María Marí Marí, Pilar Marí, Antoni Marí ‘Carraca’ y Toni Marí ‘Rota’, en el 25 aniversario del centro. / Marcelo Sastre

En opinión de ambas, también «ha cambiado mucho el alumnado», antes «muy disciplinado y muy respetuoso con el profesorado», y la forma de impartir las asignaturas. «En mi época se daban clases magistrales, sin hacer diferencias, y ahora diversificamos la enseñanza y adaptamos los contenidos en función de las características de cada niño, contando con el apoyo del orientador», destacan la secretaria y la directora de la escuela.

Comentando todos los preparativos para este 50 aniversario, Marí rememora cómo fue la celebración de las bodas de plata del colegio de Sant Joan, que vivió, en ese caso, no como profesora sino como madre: «Fue un evento memorable porque el vigésimo quinto aniversario coincidió con la jubilación de dos profesoras míticas, María Marí Torres y María Marí Marí, que fue directora del centro durante muchos años y que falleció el pasado mes de marzo».

Presente y futuro del centro

La secretaria habla, además, del papel destacado que juegan y han jugado durante todas estas décadas las asociaciones de familiares de alumnos «realizando actividades y recaudando dinero para el colegio». Por ejemplo, fueron las familias las que acondicionaron lo que llaman «el patio del bosque», que el alumnado visita dos veces por semana. También colaboraron para hacer posible, hace aproximadamente cuatro años, que el centro cuente con un huerto escolar, estanque y gallinero. Y es que, si algo tiene de especial este colegio, además de su interculturalidad, es que está ubicado en un entorno privilegiado».

«Tenemos la montaña y la playa cerca y le sacamos partido a los recursos que nos ofrecen», afirma la directora haciendo mención a todos los espacios enumerados en el anterior párrafo. Su filosofía como máxima responsable del centro, subraya, es «fomentar alumnos emocionalmente felices, autónomos y críticos».

Tiene muy claro, por otra parte, qué aspectos son mejorables en el colegio de Sant Joan, aunque uno de ellos es de difícil solución. «Buena parte de nuestro equipo docente es interino y prácticamente cada año cambia», asegura. Aparte de una plantilla más estable, le gustaría que se pudiera mejorar la climatización del centro porque a principios y a finales de cada curso tienen que tirar de ventiladores de pie para soportar las altas temperaturas. Solo el aula de arte tiene aire acondicionado, porque allí el calor antes era inaguantable.

María José Torres y Neus Marí.

María José Torres y Neus Marí. / Marcelo Sastre

«La conselleria balear de Educación nos ha prometido que próximamente climatizarán todos los centros de vieja construcción y confiamos en su palabra», afirma optimista.

Torres asegura estar muy a gusto en esta escuela y se ve en ella «toda la vida». El colegio de Sant Joan del futuro se lo imagina muy similar al actual, «con el mismo nivel de alumnado y aulas y aprovechando todavía más los recursos de la naturaleza» que les rodea. A Marí, que ejerce de guía para Diario de Ibiza por las instalaciones, no hace falta preguntarle. Se percibe claramente que este centro, que la acogió con apenas seis años, sigue siendo ahora como un segundo hogar.

Al salir al exterior, donde siguen los preparativos para el 50 aniversario, hace balance. Está convencida de que «el colegio ha cambiado mucho para bien». «Yo veo a los niños felices. En mis tiempos también lo éramos, aunque la gran diferencia es que a los alumnos que tenían dificultades de aprendizaje no se les ofrecían todas las oportunidades con las que cuentan ahora», reflexiona fijando la mirada en uno de los cuatro patios del colgeio, aquel en el que jugaba a canicas de pequeña.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents