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Playas de Ibiza

El supermercado ilegal de cada día en ses Salines de Ibiza

Decenas de vendedores recorren la playa cada mañana con pareos, sombrillas, gafas de sol o las camisetas de las selecciones del Mundial de Fútbol

El próximo 4 de julio entra en vigor una ordenanza que sanciona con hasta 750 euros a los compradores de venta ambulante

La venta ambulante en ses Salines

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Jerónimo Marín Palacios

Jerónimo Marín Palacios

ses Salines

Son las diez de la mañana en la playa de ses Salines y el sol reverbera en las aguas tersas, los escolares han venido de visita y ocupan toda la parte norte de la playa, justo hasta las escaleras que conducen al hostal Marysal, donde están apostados tres vendedores ambulantes. Los infantes chapotean alegremente y sus gritos espantan a las aves. Los vendedores los miran y se ríen también. Se están preparando para una dura jornada de trabajo bajo el sol abrasador.

Si uno recorre el kilómetro y medio que separa un extremo del otro de la playa contará una veintena de vendedores ambulantes. Buscan un perfil de comprador de aspecto extranjero, vestido con atuendos caros y accesorios de marca. "Hello my friend!" ("¡Hola, amigo mío!"), saluda un vendedor a una clienta potencial. Le extiende un expositor de gafas de sol falsificadas, prácticamente indistinguibles de las originales. Ella prueba varios pares hasta que encuentra uno que le gusta. Entonces, comienza el regateo. Extiende unos billetes y el vendedor continúa su jornada.

Un vendedor ofrece sus productos en un chiringuito de ses Salines

Un vendedor ofrece sus productos en un chiringuito de ses Salines / Marcelo Sastre

Toda clase de productos y servicios

Y así hasta veinte personas, desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde, todos los días que dura el verano. El ritual es siempre el mismo. Una caminata larga bajo el sol, paradas para descansar, grandes sombreros de paja y agua muy fría. Más allá, una mujer da un masaje a una turista joven. A su lado, otra hace trenzas a su amiga. El trabajo está dividido por sexos: ellas trabajan con las manos, ellos transportan la carga pesada. Las clientas parecen contentas con el servicio.

Un turista recibe un masaje sobre la arena

Un turista recibe un masaje sobre la arena / Marcelo Sastre

Un hombre pasa alegremente vendiendo fruta fresca, otro tiene una nevera llena de bebida helada: dos argumentos incontestables en un día tan caluroso. Sombrillas, gafas de sol, agua fría... elementos indispensables para pasar un día en la playa. El modelo de venta a pie de toalla funciona. Los vendedores exponen sus pareos al pie de la torre de socorristas: pareos enormes, de 2x2 metros, extendidos uno al lado del otro como una cuadrícula de colores. Una lagartija estampada en el centro con la palabra 'Ibiza'. Un souvenir para los turistas pero también un producto necesario presente en la vida de los isleños. "Veinte euros", oigo decir a un vendedor. La tela tiene una textura similar al algodón, sin duda es de buena calidad. Hecho en China.

Entre los productos que se pueden encontrar este año se ha colado además el Mundial de Fútbol que se disputa en Estados Unidos y en la playa se pueden encontrar a la venta camisetas de diferentes selecciones. Uno puede volver de ses Salines vestido de Messi, Mbappé o Cristiano Ronaldo.

Un vendedor ofrece camisetas de selecciones de fútbol a los turistas

Un vendedor ofrece camisetas de selecciones de fútbol a los turistas / Marcelo Sastre

Tres vendedores se refugian en la sombra que proyecta la torre de socorristas frente a los pareos extendidos. Toman agua fría y hablan entre ellos. El último vendedor está apostado justo antes del restaurante Sa Trinxa, pero no más allá, como si existiera un acuerdo tácito entre vendedores y chiringuitos. La playa es un organismo vivo de seres organizados. Los turistas toman sol y se hacen fotos, comen en las hamacas y descorchan champán. Otros duermen bajo el sol, unos pocos parecen irritados. Los locales, sobre la arena, leen un libro o nadan en el agua. No parece molestarles nada, ni siquiera la presencia de los vendedores ambulantes.

De entre los matorrales emerge un vendedor con género nuevo, listo para desempacar. Lo lleva en una bolsa de basura negra. Llegado a la playa, abre el paquete y lo reparte entre sus compañeros. Se trata de material proveniente de manufacturas chinas o indias, traído desde Asia para el consumidor europeo. La mayoría de los vendedores son senegaleses. Su argumento es que, sin papeles, no pueden tener un trabajo formal. Algunos de ellos llevan años vendiendo en las calles y en las playas: en invierno en la Península, en verano en las islas. Un trabajo que cada día conlleva menos remuneración y más riesgos. Pero detrás de esta forma de vida tan antigua como el comercio existen redes organizadas que facturan cifras generosas cada año.

Los bolsos son uno de los productos estrella de los vendedores

Los bolsos son uno de los productos estrella de los vendedores / Marcelo Sastre

Golpe a la venta ambulante

Lo que seguramente ya sabrán los vendedores es que este miércoles la Policía Local de Sant Josep incautó 200 camisetas falsificadas de selecciones de fútbol en Port des Torrent, además de bolsos de imitación de marcas de lujo, e interpusieron sanciones por valor de 1.500 euros. El material intervenido será destruido. El Ayuntamiento de Sant Josep ha decidido luchar contra la venta ambulante. Los agentes recordaron, a través de una publicación en redes sociales, que quien está detras de estos vendedores son "mafias que se lucran explotando a personas en condiciones infrahumanas". Sin embargo, sin mercancía, los vendedores se quedan sin producto para trabajar. Sea como fuere, no salen ganando.

Y su trabajo se hará más complicado a medida que avanza el verano: el Consistorio ha decidido poner en marcha la nueva Ordenanza de Convivencia Cívica a partir del próximo 4 de julio. Con esta nueva ordenanza, el Ayuntamiento multará también a los compradores de venta ambulante para castigar a aquellas personas que fomenten una actividad ilegal mediante la adquisición de los productos. Las sanciones ascienden a los 750 euros. Poniendo el foco en el consumidor, tal y como se hace con la prostitución en algunas ciudades de España, Sant Josep busca erradicar la venta ambulante en el municipio, el que más kilómetros de playa alberga, un pulso que se da cada año y cuyo epicentro es la playa de ses Salines, tanto por su extensión de arena blanca como por la acaudalada clientela que reposa bajo sus sombrillas.

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