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Obituario

Muere Toni d’en Planes, el 'sonador' que llevó el alma de Ibiza por el mundo

El funeral por Antoni Planells se celebrará en la iglesia de Sant Miquel este martes a las 18.30 horas

Antoni Planells, Toni d'en Planes, en 2002 con su colección de folclore.

Antoni Planells, Toni d'en Planes, en 2002 con su colección de folclore. / D. I.

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

Antoni Planells Tur, Toni d’en Planes, sonadorballador, fundador del Grup Folklòric Balansat y uno de los grandes guardianes del folklore pitiuso, ha fallecido a los 95 años dejando tras de sí una vida entera dedicada a preservar, enseñar y llevar por el mundo la música y el baile tradicional de la isla. El funeral está previsto este martes a las 18.30 horas en la iglesia de Sant Miquel, a escasos metros del que fuera el negocio familiar. El velatorio comenzará a las 15 horas en Pompas Fúnebres.

Nacido en Sant Miquel de Balansat en 1930, Toni d’en Planes fue el tercer hijo de una familia de siete hermanos y hereu de la casa familiar de can Planes, en el pla Roig de Sant Miquel. Desde muy pequeño sintió una atracción profunda por el baile, la música y los instrumentos tradicionales ibicencos. Aquella curiosidad infantil acabó convirtiéndose en una vocación de por vida.

Toni d'en Planes, con integrantes de la colla de Balansat, durante du homenaje en 2010.

Toni d'en Planes, con integrantes de la colla de Balansat, durante du homenaje en 2010. / Juan A. Riera

Su historia musical empezó siendo casi una obstinación. En una entrevista publicada por Diario de Ibiza en 2010, recordaba que en su infancia “nadie tocaba la flauta ni el tambor en Sant Miquel”. Por eso decidió aprender. Acudió durante años a casa de Joanet Mestre, un viejo sonador que, por un duelo, había dejado de tocar en fiestas y celebraciones. Allí aprendió de oído, como se aprendía entonces, sin solfeo y a base de paciencia, memoria y muchas horas de práctica.

Una de sus señas: tocar dos 'flaütes' a la vez

“Aprender la flauta y el tambor, sin saber nada de solfeo, como era mi caso, no era nada fácil, había que practicar mucho”, explicaba él mismo. Con el tiempo no solo dominó la flaüta, el tambor y las castanyoles, sino también otros instrumentos tradicionales. Llegó incluso a tocar dos flaütes a la vez, una técnica que se convirtió en una de sus señas más reconocibles. A los 14 años ya tocaba en la iglesia, en fiestas patronales, en bailes celebrados junto a pozos y fuentes, en días de matances y en encuentros fuera de Sant Miquel. Aquello que había empezado como una afición local acabó abriéndole el mundo.

En 1952 participó con el grupo folklórico de Educación y Descanso en un concurso internacional en Palma. El grupo obtuvo el primer premio y se clasificó para representar a España en el certamen internacional de folklore de Llangollen, en el País de Gales. Allí, el ball pagès consiguió un segundo premio y el reconocimiento internacional para la música y las danzas tradicionales de Ibiza. Aquel viaje, que hoy forma parte de la memoria cultural de la isla, fue también una auténtica odisea. Los participantes tardaron cuatro días en llegar en autobús, viajando en pleno verano, durmiendo como podían y con las mujeres vestidas de payesa. Toni d’en Planes recordaría años después, con su humor sencillo, que tras cuatro días sin ducharse el vehículo “olía a ganado”. Pero de aquella aventura regresaron con un premio y, sobre todo, con una nueva mirada sobre lo propio: Ibiza descubrió que aquello que algunos despreciaban como antiguo o payés podía emocionar y fascinar fuera de la isla. El propio Toni recordaba que antes de aquella expedición había quien se preguntaba “a dónde íbamos vestidos de esa manera” porque pensaban que harían el ridículo. No lo hicieron. Todo lo contrario.

En 1954, Toni d’en Planes asumió la dirección del grupo folklórico de la Sección Femenina y comenzó una etapa de participación constante en concursos, festivales, actos promocionales, películas y documentales. Formó parte de producciones como 'Idilio en Ibiza', 'Donaires de España' o 'España insólita', en una época en la que la imagen turística de Ibiza empezó a asociarse también a sus trajes, sus bailes y sus sonades.

Él mismo calculaba que había aparecido en una treintena de postales, además de numerosos reportajes, películas y documentales. Su silueta tocando la flauta y el tambor, o bailando con la elegancia austera del campo ibicenco, se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la Ibiza tradicional.

En Estados Unidos para la Feria Mundial de Nueva York

En 1965 viajó a Estados Unidos para actuar durante tres meses en el pabellón español de la Feria Mundial de Nueva York. Ese mismo año creó el Grup Folklòric Balansat, que desde el verano de 1966 ofrece de forma ininterrumpida exhibiciones semanales en la plaza de la iglesia de Sant Miquel. Aquella plaza, frente al templo blanco del pueblo donde nació y vivió siempre, fue durante décadas uno de los grandes escenarios de su vida. El Grup Folklòric Balansat se convirtió bajo su impulso en un referente de la cultura tradicional ibicenca. No solo por sus actuaciones, sino por la transmisión de un conocimiento que dependía de personas como él: sonadors, balladors, hombres y mujeres capaces de enseñar no únicamente pasos o melodías, sino una forma de estar en el mundo.

Su trayectoria lo llevó por numerosos países. Actuó en Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Polonia y otros muchos lugares. En 1973, en el concurso internacional de Zakopane, en Polonia, recibió un premio individual por tocar dos flaütes a la vez. También participó en el festival de la OTI en 1972, en la Semana de Ibiza y Formentera en Nueva York en 1981, en Europalia en Bruselas en 1985 y en la Exposición Universal de Sevilla en 1992.

Toni d'en Planes saluda a Fabiola de Bélgica en uno de sus viajes.

Toni d'en Planes saluda a Fabiola de Bélgica en uno de sus viajes. / DI

Pero Toni d’en Planes nunca fue solo un artista sobre un escenario. Fue también un hombre profundamente vinculado a Sant Miquel, a la vida del campo y a la memoria cotidiana de la Ibiza rural. Hasta 1967 trabajó de payés en la casa familiar. Después, al hacerse cada vez más difícil y menos rentable la vida agrícola, empezó a trabajar en el aeropuerto como oficial abastecedor de aeronaves. Aun así, nunca se desligó de la tierra ni de la casa donde nació.

"El campo fue mi primera escuela"

En sus recuerdos aparecía una infancia feliz, marcada por el trabajo en el campo, la escuela, las ovejas, las aceitunas, las algarrobas y los juguetes que los niños fabricaban con sus propias manos. “El campo fue mi primera escuela”, decía. También hablaba con gratitud de su madre, Maria, a quien recordaba como una mujer trabajadora y caritativa que durante la guerra daba comida a quienes acudían a la casa a pedir limosna.

Esa mirada amplia sobre la cultura popular hizo que su interés fuera mucho más allá del baile. A lo largo de su vida reunió herramientas, objetos, muebles e instrumentos vinculados a la Ibiza tradicional. También recuperó y fabricó juguetes antiguos, aquellos jugarois que había aprendido a hacer de niño y que explicaban tanto de una época en la que la imaginación suplía lo que no había en las tiendas.

Antoni Planells, Toni d'en Planes, frente a la iglesia de Sant Miquel.

Antoni Planells, Toni d'en Planes, frente a la iglesia de Sant Miquel. / Vicent Marí

En 1998, la Comunitat Autònoma de les Illes Balears le concedió el Premi Ramon Llull por su entrega a la promoción, recuperación y representación del folklore de Ibiza. Aquel mismo año, el Consell Insular le rindió homenaje por sus 55 años de dedicación a la música y la danza tradicionales. Para entonces, Toni d’en Planes ya había colgado oficialmente las castanyoles, aunque él mismo admitía que quizá algún día no podría resistirse a tocar alguna sonadeta de forma espontánea.

La música tradicional: una forma de respirar Ibiza

No podía ser de otra manera. Para Toni, la música no era una actuación: era una forma de respirar Ibiza.

Su hija, la actriz Tita Planells, lo recordó en el pregón de las Festes de la Terra de 2014 como el hombre que le enseñó a confiar en las pasiones y a luchar por ellas. Aquella frase resume bien el legado de Toni d’en Planes: la pasión por lo propio, defendida sin estridencias, con constancia, elegancia y una fidelidad absoluta a la tierra. En 2005, sus vivencias quedaron recogidas en el libro 'Toni d’en Planes, ballador i sonador', una obra que permitió fijar por escrito una parte de la memoria oral que él había encarnado durante décadas.

Con su muerte desaparece uno de los grandes nombres del folklore ibicenco, pero no desaparece su huella. Continuará presente en cada ball pagès en la plaza de Sant Miquel y en cada tambor y flaüta. Su hija Tita escribía ayer un sentido mensaje a su padre: «Notaremos mucho su ausencia, pero estamos llenos de muy buenos recuerdos. Siempre fue un hombre respetuoso, muy libre, artista y muy amoroso. Ahora nos cuidará desde el cielo»

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