Medio Ambiente
Mariposas en Ibiza: la sorprendente recuperación de un ciclo migratorio
La mariposa cardui, una especie migratoria procedente del norte de África, utiliza Baleares como estación intermedia en su viaje hacia el norte de Europa

Mariposa cardui posada en una rama en Ibiza. / Nuria García

Es probable que estos días te hayas encontrado con cientos de mariposas revoloteando por Ibiza, una escena un tanto inusual. Lo que a simple vista parece un fenómeno puntual es, en realidad, la manifestación visible de un ciclo migratorio complejo y de una recuperación ecológica que se ha ido gestando durante meses.
Así lo explica el biólogo especialista en biodiversidad Jaume Estarellas, quien apunta que la reciente abundancia de mariposas en la isla está directamente relacionada con la mejora de las condiciones ambientales tras un periodo de sequía que había reducido notablemente sus poblaciones a nivel local.

Jordi Yébenes
Una viajera incansable del Mediterráneo
La protagonista de este fenómeno es la conocida como mariposa cardui o mariposa de los cardos, una especie migratoria que llega a Baleares procedente del norte de África. Entran desde el continente africano cruzando el Mediterráneo y pueden llegar a contarse por miles en épocas favorables.
Cuando las condiciones son óptimas, estas mariposas se reproducen de forma masiva, depositando miles de huevos. De ellos solo sobreviven los ejemplares que el clima y el entorno permiten, en un equilibrio natural marcado por la disponibilidad de recursos.
Un ciclo de vida en cadena
Su ciclo vital es tan fascinante como inusual. Caundo llegan a un destino pasan por las distintas fases de metamorfosis —de huevo a oruga, crisálida y finalmente adulto— alimentándose principalmente de néctar en su etapa de mariposa, posteriormente mueren.
Pero lo más llamativo no es solo su transformación, sino su estrategia migratoria. Cada generación, de forma instintiva por su especie, inicia un nuevo viaje hacia el norte de Europa, en dirección a regiones como Escandinavia, donde el verano ofrece condiciones más suaves.
Baleares, en este recorrido, actúa como una especie de "estación intermedia" en la que se produce una nueva generación antes de continuar el viaje. Posteriormente, el proceso se invierte y las poblaciones regresan hacia el sur, cerrando un ciclo migratorio que se repite generación tras generación.
"Es un misterio este tipo de migración, parecido al de las aves pero con muchas diferencias por lo de las generaciones", explica Jaume Estarellas, que subraya lo poco habitual de un comportamiento en el que ningún individuo completa el viaje de ida y vuelta.
Un termómetro de la biodiversidad
Las lluvias registradas durante el verano han sido clave para que las poblaciones de Ibiza puedan sostenerse y crecer. Los datos de seguimiento, los llamados índices de abundancia, muestran variaciones significativas en función de la época del año y de las condiciones climáticas.
En primavera, se han llegado a registrar alrededor de 140 mariposas por trayecto de 2 kilómetros a cada lado del observador que monitorea estos insectos. En periodos de mayor sequía, esa cifra puede reducirse hasta unas 50, junto a una caída de hasta el 80% en la diversidad de especies. En total, en las épocas más secas apenas se observan entre 5 y 7 especies.
Sin embargo, esta primavera los datos han sorprendido: cerca de 150 ejemplares y hasta 16 especies diferentes, un salto notable en términos de biodiversidad a microescala.
Más allá del fenómeno puntual, Estarellas advierte de una lectura más amplia. A gran escala Ibiza experimenta transformaciones asociadas al cambio climático y a la presión humana sobre el territorio, con la sustitución progresiva de ecosistemas tradicionales por entornos más urbanizados.
En este contexto se habla incluso de un "pico de sierra" en la evolución de la biodiversidad: una tendencia descendente a largo plazo, donde las oscilaciones anuales son menos relevantes que la pérdida acumulada década tras década.
Pequeñas grandes aliadas del ecosistema
Aunque frágiles en apariencia, las mariposas cumplen un papel esencial en el equilibrio ecológico. Son polinizadoras importantes, especialmente en su etapa adulta, y forman parte de la base trófica del ecosistema. Sus orugas contribuyen también al ciclo de nutrientes mediante la defecación, y tanto larvas como adultos sirven de alimento para numerosas especies de aves.
En conjunto, constituyen uno de los primeros eslabones de muchas cadenas alimentarias, lo que las convierte en un indicador clave del estado de salud ambiental de la isla.
Lo que estos días se ve en el cielo de Ibiza no es solo un espectáculo visual, es también una señal de cómo la naturaleza responde, se reorganiza y, en ocasiones, vuelve a florecer cuando las condiciones vuelven a acompañar.
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