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De ‘House’ a Henry Marsh

Un Seiko (que parecía un Rolex) en la muñeca, un McLaren en la puerta

El despacho de Vilás está lleno de obras de arte, algunas regaladas por sus propios pacientes.

El despacho de Vilás está lleno de obras de arte, algunas regaladas por sus propios pacientes.

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José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

¿Es aficionado a las series de médicos, a ‘House’, a ‘New Amsterdam’, a ‘DOC’...?

No, pero tengo un defecto. Cuando me engancho a una serie, me absorbe. Ahora estoy viendo ‘Everwood’. Es un neurocirujano al que se le muere la mujer. Y me encantó ‘El Príncipe’, una de José Coronado. A mí Coronado como actor me encanta.

En su momento causó furor cuando aparcaba su Ferrari Testarossa a las puertas de la clínica. Acabo de ver que tiene allí estacionado un McLaren. Y a la entrada de la Policlínica, dentro de ella, una Ducati réplica de la que fue campeona del mundo en 2011. ¿Y esa afición al motor?

Es más bien a todo lo que tiene un mecanismo. A los relojes, a los coches... Los relojes me encantan. El otro día me robaron uno en Jesús. Me atracaron unos italianos. El problema es que ya ni siquiera saben robar con elegancia. En vez de robarme un Rolex Daytona, que es lo que él se creía que se llevaba, me robó un Seiko. Y resulta que nos pusimos ahí a pelearnos. Yo le arranqué el casco, que es infinitamente más valioso que el reloj que él me robó.

Pero no es la mejor decisión pelear con el ladrón.

Es que me han atracado cuatro veces. Siempre los italianos. Esta vez se me fue un poco la olla. Porque pensé, ‘este tío no me roba’. El Seiko me había costado ciento y pico euros. Pero me dije, ‘este tío no me roba’. Lo cogí del casco y no paré hasta que se lo arranqué. Resulta que el casco es un modelo muy exclusivo que solamente lo venden en una tienda en toda España. Junto con el micrófono que llevaba y el bluetooth, vale mucho más el casco que el reloj. Respecto a los coches, me encantan, pero también me gusta cambiarlos. Soy un puto malcriado. El coche quizás más importante que tengo es éste [abre su teléfono y enciende la pantalla doble]. Se llama McLaren Senna. Tiene 800 caballos y pesa menos de 1.200 kilos.

Su hijo, Francisco Javier, es neurocirujano. ¿Influido por las lecturas de Henry Marsh (‘Ante todo no hagas daño’)? ¿Será su sucesor?

Mi hijo estudió medicina por vocación. Y neurocirujano, porque le gusta. Mi hijo es una persona extremadamente inteligente y muy reflexiva. Y la neurocirugía es una cirugía muy reflexiva. Porque no solamente tienes que quitar estas gafas: tienes que intentar que, quitando las gafas, no te cargues el teléfono o no te cargues el vaso que hay al lado [se refiere a lo que tenía en la mesa, frente a él]. Estudió en Granada y ahora está trabajando en Barcelona, en una plaza de adjunto en un hospital privado de Barcelona, en un servicio exclusivo de neurocirugía. Está acabando su formación. Estará allí unos dos años aproximadamente. Y luego o se irá a Estados Unidos o a Inglaterra o a Suecia, que tiene una gran neurocirugía. ¿Volverá a Ibiza? Yo creo que sí. ¿Será mi sucesor? Puede ser. Tanto mi padre como yo hemos tenido una doble vertiente, la gerencial y la técnica. Yo quiero que mi hijo, sobre todo, sea el mejor neurocirujano. Luego ya veremos si gestiona o no gestiona o hay una tercera persona que lo hace. Yo, por ejemplo, hace muchos años delegué la gestión más importante en David Medina, que es el director general de la clínica, y yo me ocupo de las locuras, de cuatro cosas, del PET, el SPECT, de los robots.

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