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Entrevista | Francisco Vilás San Julián CEO del Grupo Policlínica

Francisco Vilás San Julián: «Ayudamos a que el caos sanitario público sea más tolerable, más llevadero»

El CEO del Grupo Policlínica durante la entrevista. |

El CEO del Grupo Policlínica durante la entrevista. | / J.A. RIERA

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José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

«Este cuadro me lo regaló un paciente al que operé de un cáncer de recto. Y ese [otra obra en la que se entrevé un trozo del logo de Coca Cola] es de Mario Arlatti». Francisco Vilás San Julián es el primero en dirigir la conversación sobre las pinturas que cuelgan de su despacho, sin ventanas, de la Policlínica Nuestra Señora del Rosario. Ha bastado que mirase una de ellas para que, inmediatamente, detallara que es un Bobberman. Siente pasión por el arte, apunta su responsable de prensa. Cuelgan allí incluso un par de cuadros de su hija, de la que también tiene una fotografía del día de su bautizo: «Estoy esperando a que crezca para poner la foto del día que venga con su primer novio».

Vilás explica las dificultades que tuvieron para que hubiera Medicina Nuclear en Eivissa. | J.A. RIERA

Vilás explica las dificultades que tuvieron para que hubiera Medicina Nuclear en Eivissa. | J.A. RIERA

Vilás, cirujano general, CEO del Grupo Policlínica y jefe de su Servicio de Cirugía General. Una eminencia médica, un empresario de éxito y, a la vez, uno de los personajes todopoderosos de la isla. Ibiza tiembla cuando alza la voz (y la alza, vaya que si la alza) o cuando abre un nuevo frente, una de tantas batallas en las que se ha embarrado desde las trincheras en los últimos lustros.

Francisco Vilás en su despacho. | J.A. RIERA

Francisco Vilás en su despacho. | J.A. RIERA

Y o él va a la guerra o la guerra va a él. El último día de febrero, el médico se hallaba junto a su familia en Dubái cuando empezó la salva de misiles entre Irán y Estados Unidos: «Puedo entender el calvario de los ucranianos cada día desde hace cuatro años», contó en redes: «La verdad es que fue una experiencia... Irrepetible. O que no quiero volver a repetir. Era un sábado. A las doce. Estábamos con los niños en un parque acuático. Y de repente empezaron a explotar misiles encima de nosotros. Pero literalmente encima de nosotros. Y a caer trozos encima del parque acuático. Salimos de allí como pudimos», cuenta ahora.

Durante una semana buscó la manera de salir de Dubái: «Era extremadamente complejo. Estábamos atrapados en un pequeño puerto deportivo que hay cerca de Dubái City. Veíamos pasar los drones, veíamos cómo los abatían. Oíamos los aviones de caza destruyendo drones. Vimos cómo cayó un misil junto al hotel. En fin, una experiencia que no quiero volver a vivir nunca más. Sobre todo con los niños pequeños. Tengo tres niños pequeños». Durante una semana tuvieron la maleta preparada y con «una bolsa con cuatro cosas, cuatro duros y tal, para salir de allí pitando». Salieron de Emiratos Árabes a través del desierto de Arabia: «Fue un viaje de mil y pico de kilómetros por el desierto, hasta llegar a Riad. Aunque teóricamente hay una autopista, es arena. Todo es arena. Me recomendaron que contratáramos a un profesional como conductor. Fundamentalmente porque para pasar la frontera necesitas sí o sí un conductor profesional de Arabia Saudí. Si no, no pasas». Y justo cuando llegaron a Riad empezaron a caer más misiles.

Vaya forma de ganar una guerra que ha tenido Donald Trump.

Cuando en la vida no hay un objetivo, cuando las cosas se hacen así, por impulsos, al final es un puto desastre. Yo viví en Estados Unidos, en 1988. Trump ya era un payaso, un payaso total. Ya se reían entonces de él.

Vilás estudió medicina en Barcelona. Al acabar, fue a Lyon: «Para hacer cirugía digestiva. Y cuando acabé, como había investigado mucho sobre métodos de trasplante de intestino, que en aquella época era lo que se creía que iba a estar en boga, me enviaron a Estados Unidos, a Nueva York, un año, para hacer, por un lado, un estudio del trasplante de intestino y, por otro, de cirugía de esófago». La Trump Tower estaba muy cerca de su casa: «Había allí una terracita, que debía estar en el piso 8, 10 o 12. Daba a la quinta avenida. Iba allí a tomar algo, a despejarme. Ya entonces la gente se reía de él imitándole en la puerta del edificio».

Y entonces usted vuelve a Ibiza y se da cuenta de que hay que hacer cambios en la clínica Nuestra Señora del Rosario.

Hago un trato con mi padre [Julián Vilás]. El trato era, tú me dejas hacer lo que yo considero que hay que hacer y yo me quedo. Yo tenía una plaza en Lyon, otorgada ya, en una unidad de trasplante. Y bueno, durante dos, tres años, tuvimos una cohabitación, relativamente…

¿Se refiere a su padre y a usted?

Sí, dos gallos en el mismo corral. A veces saltaba alguna pluma.

¿Pero su padre era tan gallo como usted?

Sí, más o menos. Mi padre también fue un pionero. Mi padre puso en marcha la verdadera medicina aquí, en Ibiza. Mi padre fue el primer cirujano que hubo realmente formado. Los que hubo antes que él eran cirujanos que venían de la guerra y esa no es la mejor escuela para aprender.

¿En qué año regresó usted de Nueva York?

En 1988. Y en 1991 la cosa estalla y me voy a París.

¿Estalla entre los gallos?

-Sí. Allí vivo unos nueve meses haciendo cirugía de trasplantes hepáticos y cirugía de colon. Y al final de ese año mi padre y yo firmamos el armisticio. Él, definitivamente, se jubila y entonces empezamos la ampliación de la clínica. Desde entonces hemos ido complicándonos la vida.

La resurrección de la clínica comienza por una apuesta «por la calidad». «Mi padre y yo -explica- teníamos un sueño: que en Ibiza hubiese una medicina que tuviese la misma calidad asistencial que la de cualquier capital de provincia. No puedes aspirar a ser como Madrid o como Barcelona, pero sí que puedes aspirar a ser mejor que muchos sitios. A partir de esa idea, hicimos un plan general».

Para eso se necesitan enormes recursos económicos.

Fue difícil hacer entender a un banco por qué queríamos montar, en el año 1995, una resonancia magnética nuclear cuando en España todavía se podían contar con los dedos de la mano las que había en las grandes capitales. Aquel año fue, realmente, el de nuestro despliegue tecnológico.

La resonancia se instala en 1996: «Supone un cambio importante. Provoca, incluso, un cambio de mentalidad en la gente. El segundo cambio importante, en el 2000, fue con la neurocirugía. Fundamentalmente porque los grandes traumatismos y los grandes accidentes de tráfico tenían que desplazarse a Palma y eso, en ocasiones, era mortal para ellos. Se introdujo la cirugía cardíaca percutánea también en el año 2000 con el doctor Antonio Serra, que en aquel momento era, y es, uno de los tótems más importantes de España en hemodinámica cardíaca. Él creó aquí un equipo. A partir de ahí empezó como una especie de bola. Hemos ido creciendo.

Y ahora comienza otro hito importante: el del segundo robot Da Vinci X, que se suma al Da Vinci Xi. ¿Qué supone esta nueva incorporación?

Siempre hemos apostado por la tecnología. El Da Vinci Xi, que es el que tenemos aquí en la clínica, es un aparato que nos permite hacer cualquier tipo de cirugía, pero usarlo para operar un quiste de ovario,una hernia o una vesícula era como matar moscas con un arma para cazar elefantes. La propia empresa [que lo fabrica, Intuitive Surgical] nos propuso montar un segundo Da Vinci, pero más específico, para hacer ese tipo de cirugías medianas. Optamos por montarlo en Vila Parc [extensión de la Policlínica junto al primer cinturón de ronda], por donde pasa aproximadamente el 50% de nuestra actividad. Todavía no lo he visto. Más tarde [la entrevista tiene lugar el viernes 5 de junio] iré a verlo.

Para el primer Da Vinci tuvieron que rediseñar el quirófano: «Es un sistema complejo que funciona con conexiones ultrarrápidas entre los diferentes equipos y hubo que adaptar un poco el quirófano. Vila Parc ya se diseñó, cuando se hicieron sus quirófanos, pensando que el día de mañana [que ya es hoy] podría acoger un robot, con lo cual ha sido todo más rápido. Ahora tienen que ajustarlo, pues la precisión de este Da Vinci es 10 veces menos que un milímetro, o sea, micras. Los técnicos tienen que ajustar los movimientos de los brazos con relación a las órdenes que tú le das. En breve ya estará operativo. El jueves que viene». Las primeras cirugías con el nuevo Da Vinci tuvieron lugar el pasado jueves, 11 de junio.

La Policlínica ha sido, además, pionera en Medicina Nuclear, especialidad médica que emplea cantidades diminutas de material radiactivo, para diagnosticar y tratar enfermedades. ¿Qué ha supuesto la introducción de la Medicina Nuclear en la isla?

La Medicina Nuclear es, hoy en día, básica en oncología. Es decir, hacer una oncología avanzada sin tener medicina nuclear es andar con una pierna menos. Dentro de esa idea de lograr que en Ibiza hubiese todo aquello que debería haber en una gran capital, la Medicina Nuclear era una asignatura pendiente. Y ahí surge, en unas conversaciones con Juli Fuster, exdirector general del Ib-Salut, la necesidad de montarla. Acordamos hacerlo y se decidió que se instalaría en Vila Parc por comodidad operativa. Iniciamos unos trámites diabólicos. Diabólicos. Se ve que nadie había pensado que en Ibiza pudiese haber Medicina Nuclear. Era 2022. Nuestra idea era montar el PET (tomografía por emisión de positrones) y después el SPECT (tomografía computarizada por emisión de fotón único). ¿Por qué? Porque son dos ramas de la Medicina Nuclear que son complementarias. Cuando estábamos en curso de ruta, intentamos introducir el SPECT. Todavía no habíamos empezado la obra. Pero los trámites administrativos se hubieran atascado hasta decir basta. Con lo cual, decidimos montar el PET y, simultáneamente, fuimos preparando el SPECT, la segunda tecnología nuclear. Y llegamos a un momento donde prácticamente todas las soluciones administrativas estaban encaminadas, menos una, al transporte del producto radioactivo.

¿Más problemas burocráticos?

Nos encontramos con la dificultad de que, en la legislación, no se prevé el transporte de material radiactivo para el aeropuerto de Ibiza. Hay que tener en cuenta que ese producto radioactivo irradia menos que mis gafas y que se traslada dentro de una caja de plomo específica. En Mallorca sí, allí pueden hacerlo tranquilamente. Aquí, no. Y ahí nos enfrentamos a una barrera administrativa brutal. Solución, buscar una empresa especializada en el transporte de este tipo de productos. Por razones que sinceramente desconozco, esa empresa no hizo un corsé. Traerían el contraste, pero cuando les viniera bien y las veces que les viniera bien. Pero claro, eso no era adecuado para los enfermos ibicencos. Porque, además, las horas [en que podían hacer el transporte] eran demenciales. Y el contraste radioactivo tiene una vida media muy corta. Si dejas pasar el tiempo, su eficacia disminuye. Cuando después de múltiples entrevistas nos dimos cuenta de que esa gente era incapaz de entender que los PET se hacen por la mañana y ante la dificultad enorme administrativa, encargamos a una empresa que nos buscara una solución. Y la solución fue muy sencilla: si el avión es tuyo, el piloto es tuyo y el contraste es para ti, se acaba el problema. Total, que compramos un avión, un avión pequeñito, de pistón, con un paracaídas, por si acaso. Y empezamos a hacer transportes. Pero en el momento en que se pone en marcha la Medicina Nuclear, se dispara la demanda. Y ahí de nuevo entramos en ese periodo corto de vida del producto radioactivo y llegamos a la conclusión de que necesitamos un avión que vuele más rápido para poder dar asistencia a todos los pacientes que se están generando.

Y adquieren uno mejor.

Decidimos vender el primer avión y comprar el que tenemos ahora, que tarda la mitad de tiempo. Es un turbohélice, es decir, lleva una turbina que funciona con keroseno, como los aviones de línea. Vuela a la altura de los aviones de línea y tarda 30 minutos en llegar a Ibiza. Hemos ganado más de una hora. Y en esa hora, el contraste tiene muchísima más eficacia y además se pueden hacer pruebas a más pacientes porque no pierdes tanto contraste.

Una solución extrema, pero muy costosa.

Sí, pero jamás hemos analizado la medicina desde el punto de vista de los costes. Nosotros planteamos una necesidad, buscamos una solución y luego ya veremos cómo cuadra. Yo pienso, sinceramente, que es la única manera de actuar. La medicina jamás debe ser economicista. Jamás. Hay medicina, sanidad, llámale como tú quieras, pero una, no en función de. Ojalá fuera igual en la política. Nosotros creamos la Fundación Julián Vilás Ferrer, en honor a mi padre, que dejó un recuerdo imborrable en miles de personas. Y luego, por otro lado, porque había mucha gente que tenía un problema concreto, que quería ser tratado por nosotros y que, por la razón que fuera, no íbamos a tolerar que pidiese un crédito para operarse. Un paciente canceroso, por ejemplo. La Fundación inició su andadura hace unos diez años y, bueno, hemos operado varios cientos de pacientes con cargo a ella, lo cual significa sin coste. Yo me formé con la élite y vine a Ibiza a una cosa muy concreta: a que subiese el nivel sanitario de la isla. Y hay una cosa que tengo muy clara. La sanidad no puede ser unipersonal. La sanidad es un equipo que va desde la recepcionista que te atiende cuando pasas por la puerta, al médico de cuidados intensivos, al anestesista, a la cirujana que opera, a la enfermera especializada en el robot Da Vinci, a la enfermera especializada en la Medicina Nuclear o a la enfermera especializada en la hemodinámica cardíaca. Es decir, mi objetivo desde el minuto cero fue crear un equipo lo más amplio posible. Ahora somos unos 750 trabajando aquí en la clínica. Y si juegas por el equipo, lo primero que tienes que hacer es difuminarte para que el equipo esté ahí delante. Y ese ha sido siempre el objetivo.

¿Cuáles serán sus próximos retos tecnológicos?

A principios de este año se incorporó el equipo SPECT-CTEl , que acaba de arrancar. Es un complemento a la Medicina Nuclear importante. Es muy útil para ver determinadas afecciones cardíacas que tienen que ver con la oncología, y para ver lesiones en los huesos de tipo canceroso o no. Y también es muy útil para estudiar el funcionalismo de las diferentes glándulas del organismo. Esto ya es una realidad vuelta en marcha. Es muy útil en el uso para el cáncer de mama para poder realizar cirugías lo más pequeñas posibles en el cáncer de mama sin necesidad de extirpar los ganglios de la axila y pudiendo dar a las mujeres la misma calidad de resultados pero siendo infinitamente menos agresivos. El reto en este momento es la cirugía cardíaca, porque hemos contactado con uno de los equipos punteros en Europa para la cirugía cardíaca robótica. Y este es un proyecto para ya, para final del 2026, principios del 2027.

Con tantos avances, tendrán pacientes de fuera de la isla interesados en ser atendidos en la Policlínica.

Tenemos muchos pacientes que vienen de fuera. Por ejemplo, para ser operados por mi equipo de cirugía digestiva mediante cirugía bariátrica robótica. Nos ha contactado un par de cirujanos digestivos, como yo, que han pedido poder operar con el segundo Da Vinci. Ya les hemos dicho que sí. Y los neurocirujanos, que es un equipo muy potente, tienen regularmente pacientes que vienen de Mallorca o de Menorca o incluso de la región levantina. Intervienen a aproximadamente entre 60 o 70 pacientes al año que vienen a operarse aquí.

¿Se puede convertir Ibiza en un destino médico?

Ese es el sueño de nuestro director general. Y, evidentemente, hemos de saber también cuáles son nuestras carencias, nuestras limitaciones físicas. Pero sí que es verdad que, para nosotros, que venga gente de fuera a tratarse aquí es un orgullo.

¿Cuál ha sido el momento más duro en su carrera?

El covid, cuando nadie te decía nada que fuera coherente, cuando te cambiaban las instrucciones cada 15 minutos y donde tenías que tener a alguien en la farmacia contando las ampollas que te quedaban para seguir manteniendo con vida a los pacientes. Ese momento fue muy duro. Nadie sabía nada y todos tuvimos que aprender.

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