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Ruidos

Intrusismo en Ibiza: vecinos de Santa Gertrudis recogen firmas para poner coto a las fiestas ilegales

Los vecinos denuncian ruidos a altas horas de la noche y que les bloquean los accesos a sus casas

Imagen de archivo de un servicio de transporte en un descampado para una fiesta ilegal en Santa Eulària.

Imagen de archivo de un servicio de transporte en un descampado para una fiesta ilegal en Santa Eulària. / Toni Escobar

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Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Ibiza

Un grupo de vecinos ha dicho basta y se ha movilizado para frenar las fiestas ilegales que se celebran en varias viviendas en la zona del centro de exámenes de conducir de Ibiza, en Santa Gertrudis, sobre todo después de que el año pasado ya hubieran sufrido molestias por el mismo motivo durante buena parte del verano. Para ello, han emprendido una recogida de firmas para instar al Ayuntamiento de Santa Eulària a poner coto a estas actividades clandestinas y a aplicar la nueva ordenanza municipal de ruidos, que permite a los cuerpos policiales precintar de inmediato los equipos de sonido si los organizadores no disponen de autorización municipal.

La campaña se va a poner en marcha de manera inmediata a través de la Asociación de Vecinos de Santa Gertrudis, tal y como confirmó ayer uno de los afectados, Vicent Serra, expresidente del Consell de Ibiza entre 2011 y 2015. Él es una de las personas que residen en las proximidades del centro de exámenes, donde, en un radio de alrededor de un kilómetro cuadrado, se encuentran varios chalés vacacionales en los que se va alternando la organización de las fiestas.

"Es un problema que ha ido a más en los últimos años, por eso queremos atajarlo desde un principio", subraya. Este año ya han sufrido las molestias de hasta cuatro fiestas en las últimas semanas. La más sonada, a finales de mayo, se prolongó del viernes al sábado, detalla Serra.

Ocupar el huerto ajeno

A consecuencia de estos eventos, la gente que reside en los alrededores no solo tiene problemas para conciliar el sueño por los ruidos de la música, sino que los vigilantes contratados por los organizadores les han llegado a poner pegas para llegar a sus propios domicilios: "Se ponían en el camino [a una de las villas vacacionales] para indicar a los asistentes dónde se celebraba la fiesta y se concentraban tantos vehículos que tapaban los accesos a las casas de los vecinos e, incluso, les decían que por allí no podían circular".

Serra sufrió el año pasado otro capítulo que le indignó sobremanera a causa del vaivén de coches y de furgonetas negras para trasladar a los asistentes a una de las fiestas ilegales. Se encontró con medio centenar de vehículos ocupando uno de sus huertos: "Me llegaron a ofrecer dinero para que los dejáramos estar allí. Les dije que tenían que irse y encima se ponían a burlarse". Afortunadamente, tras dar aviso, la Policía Local y la Guardia Civil "actuaron muy bien y les empezaron a pedir los permisos de circulación", destaca.

En estos episodios anteriores, normalmente los vecinos alertaban a la policía hartos de las molestias, pero también era habitual que se bajara el volumen de la música en esas fiestas y volviera a subirse horas después.

Apelar a la ordenanza

Una vez recopiladas las firmas reivindicativas, la intención de los vecinos es pedir una reunión con la alcaldesa, Carmen Ferrer, y reclamarle contundencia contra las molestias que generan estas actividades. Para ello, recuerdan que, desde el pasado mes de mayo, la Policía Local dispone de una herramienta para combatir las fiestas ilegales, gracias a una disposición en la ordenanza municipal de ruidos.

Este cambio normativo habilita a los agentes a precintar de inmediato los equipos de sonido, si los organizadores carecen de autorización municipal, sin que deban esperar a la resolución de un expediente sancionador.

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