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Playas

La playa de s'Aigua Blanca de Ibiza, sin socorristas por riesgo de derrumbe: "Seguiremos viniendo porque es una playa bellísima"

El 'parking' y el chiringuito también están cerrados y hay carteles que informan del riesgo de desprendimiento

La playa de Aigües Blanques, sin socorristas por peligro de derrumbamiento

Jerónimo Marín Palacios

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Jerónimo Marín Palacios

Jerónimo Marín Palacios

Ibiza

Una de las playas más atractivas del este de la isla, la playa de s'Aigua Blanca, ha dejado de tener servicio de socorrismo, pero esto no desalienta a los turistas y a los residentes. La playa, que ya se había quedado sin chiringuito y sin aparcamiento, queda ahora definitivamente sin ningún tipo de servicio ni presencia municipal. Aun así, un nutrido grupo de bañistas se aventuran este martes a acudir a este enclave salvaje, a pesar del riesgo de desprendimiento de grandes rocas.

Así lo ha hecho saber el Ayuntamiento de Santa Eulària mediante un comunicado de prensa, en el que informan de que "la playa no reúne las condiciones necesarias para garantizar la seguridad laboral del personal destinado al servicio". Además, recuerdan que, al ser una playa calificada de "riesgo bajo", el Consistorio no tiene obligación de proporcionar servicio de socorrismo.

El acceso al parking, cerrado

Al llegar a la playa, dos vallas de la Policía Local impiden el acceso a la cuesta que conduce al antiguo parking, que lleva ya meses inutilizado. "¿Sabes si se puede pasar con la moto?", pregunta una pareja de turistas despistados. Apartan la valla, acceden con la moto, y a los pocos minutos vuelven atrás. Finalmente, deciden aparcar bajo un árbol, fuera del vallado.

Un motorista atraviesa el vallado de la Policía Local

Un motorista atraviesa el vallado de la Policía Local / J.A. Riera

Una vez llegados al antiguo aparcamiento, dos carteles informativos penden de la barrera metálica que impide el acceso. El primero reza: "La propiedad comunica que el restaurante, la terraza y la zona colindante están cerrados al público. Queda completamente prohibido acercarse o acceder a los mismos, toda la responsabilidad será del infractor". El segundo cartel informa de los cuatro puntos de la playa donde existe riesgo de desprendimiento, entre ellos el muro del restaurante, que ahora muestra una peligrosa inclinación de 45 grados, y prohíbe tumbarse en esos cuatro puntos.

Muro del restaurante abandonado

Muro del restaurante abandonado / J.A. Riera

El tercer cartel informa del peligro de desprendimiento y de que se trata de una playa no vigilada, es decir, que no cuenta con servicio de socorrismo, y aporta el número de emergencias 112. Bajando la empinada cuesta cimentada que conduce a la playa se divisa el restaurante, en avanzado estado de abandono, y el antiguo parking de personal, ahora precintado por la Policía.

Los turistas, confundidos

La pasarela de madera, en buen estado, permite el paso hasta la arena. Una decena de parejas toman sol, otros se bañan en el mar. El suave oleaje no transmite sensación de riesgo. Dos turistas italianas, Katiuscia y Silvia, confiesan que no sabían que ya no hay servicio de socorrismo. "No leímos los carteles", reconocen. "¿Se está derrumbando el acantilado? ¿Tenemos que irnos?", preguntan con preocupación, al tiempo que miran a su alrededor. Están acostadas en la zona próxima a la escalera de madera, donde un gran muro de contención y una malla metálica protegen a los bañistas de un posible desprendimiento. Señalo el muro del restaurante que, desprendido de sus extremos, se cierne peligrosamente sobre la playa. "Sí, lo hemos visto. ¿Cerrarán la playa?", preguntan. Les informo de que el acceso a la playa y al baño es por cuenta y riesgo de cada uno. "Vamos a seguir viniendo igualmente, porque es una playa bellísima", manifiestan. Aprovechan para preguntar si hay otra playa igual de bonita cerca. Les refiero a la playa más próxima, la de es Figueral, pero esta respuesta no parece satisfacerles.

Bañistas en la playa de s'Aigua Blanca

Bañistas en la playa de s'Aigua Blanca / J.A. Riera

A su lado, una pareja de turistas italianos, Valentina y Leonardo, sienten curiosidad por la situación. "Vimos el cartel que avisa que no hay socorristas, pero no sabíamos lo del riesgo de desprendimiento". Admiten que es la primera vez que acuden a esta playa y aseguran que volverán, a pesar del riesgo. "No me acostaría debajo de las rocas, es evidente que es peligroso", puntualiza Leonardo. "Pero en esta parte me siento seguro". Cuentan que han estacionado su vehículo en el extremo sur de la playa y llegaron caminando por el litoral, como tantos otros bañistas que desfilan junto a los acantilados señalizados por peligro de desprendimiento.

Los turistas toman sol junto al muro de piedra

Los turistas toman sol junto al muro de piedra / J.A. Riera

Una mujer de Ibiza rehúsa hacer comentarios, pero se muestra preocupada por la situación. Mira alarmada a su alrededor. A su lado, un hombre y una mujer toman sol desnudos. Otra pareja de turistas jóvenes se meten al agua y comienzan a nadar. Nada parece haber cambiado en la playa de s'Aigua Blanca, si bien ahora parece que hay menos afluencia de personas. La playa se ha convertido en un punto salvaje del litoral ibicenco, sin servicios municipales, con carteles aquí y allá que alertan del peligro. Pero a la gente no parece importarle demasiado. Quizá este cúmulo de circunstancias contribuyan aún más a su atractivo. La playa, que hace años era motivo de disputas vecinales por los coches aparcados en los márgenes de la carretera, es ahora un enclave salvaje y recóndito de la isla que el tiempo y las olas irán erosionando a su antojo con el paso de los años.

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