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Festividad

Religión en Ibiza: Un Corpus con aroma a 'herbes de Sant Ponç' y la mirada puesta en León XIV

La isla celebra el Corpus Christi sin su obispo, desplazado a Madrid por la visita del Papa

La tradicional procesión recorre las calles de la Marina con la custodia de asiento más antigua conservada en España, en una jornada marcada por el calor

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Aarón Benet Parrot

Aarón Benet Parrot

Ibiza

La visita del papa León XIV a España, adonde llegó el pasado sábado, 6 de junio, y donde permanecerá hasta el próximo viernes, 12 de junio, ha tenido sus efectos en Ibiza, ya que la celebración del Corpus Christi, y más concretamente su tradicional misa solemne en la Catedral, no ha sido oficiada, por primera vez en mucho tiempo, por el obispo de la isla, Vicent Ribas Prats. Este se encuentra en Madrid, donde participa, junto a los demás obispos españoles, en buena parte de las actividades previstas durante la estancia del Sumo Pontífice en España.

Ante ello, el párroco de Sant Antoni y San Pedro, José Martínez Franco, encargado de sustituir a Ribas en la celebración, tiene unas palabras afectuosas hacia el obispo de Ibiza: "Ojalá estuviese él para oficiar la misa. Hubiese preferido que estuviera presente. Tenía fe en que llegase a tiempo para hacerlo, pero no ha sido posible. Rezaremos por él y también por el papa León XIV, que ya ha oficiado una magnífica y multitudinaria misa en Madrid, a la que ha asistido aproximadamente un millón de personas. Él tiene la enorme responsabilidad de guiar a los cristianos en nombre de la Iglesia y, por ello, también precisa de nuestra oración".

El Corpus Christi, que se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección, aunque en algunas diócesis, como la de Ibiza, se traslada al domingo siguiente, es una celebración centrada en valorar la importancia del sacramento de la Eucaristía, según explica Franco: "La fiesta del Corpus Christi no es una fiesta más: es una manera de volver a nuestras raíces y de dar sentido a nuestra fe. Para ello, es muy importante la Eucaristía, ya que sin ella es imposible vivir. Además, no existe un cristiano que no vaya a misa, ya que situar la misa en el centro es tarea de todos los creyentes, con independencia de su edad".

Durante la ceremonia, de aproximadamente una hora de duración, Franco lanza un dardo a la falta de compromiso de parte de los creyentes: "Muchos hemos reducido nuestra manera de vivir la fe a lo mínimo. Ya hay muchos que ni siquiera se arrodillan para la oración. Con ello, se acabará dejando de adorar a nuestro Dios y se adorará a otros".

Los niños y niñas que han celebrado su primera comunión este año

Los niños y niñas que participan en el acto son unos de los grandes protagonistas de la celebración, tras haber recibido este mismo año su primera comunión en alguna de las parroquias de la ciudad de Ibiza. Son aproximadamente una veintena los pequeños que asisten y que, con sus flamantes trajes de comunión, ocupan los bancos de las primeras filas del templo, desde donde escuchan con gran atención la misa. Posteriormente, pasan a leer varios pasajes ante la mirada de los asistentes, que abarrotan la Catedral, y durante la procesión van lanzando pétalos de flores. Esta situación la aprovechan varios de sus familiares para inmortalizar el momento grabando desde la distancia con sus teléfonos móviles.

Tras la misa solemne, llega el turno de la procesión, en la que se muestra la emblemática custodia de la Catedral. Se trata de una pieza de gran valor, al ser la custodia de asiento más antigua que se conserva en España, fechada en 1399, y que durante el Corpus Christi sale a la calle en su única procesión solemne del año.

Al margen del valor de esta pieza y de que se trate de un acontecimiento que solo tiene lugar una vez al año, otro de los atractivos de la celebración es el peculiar aroma que se origina durante el recorrido, desde el inicio del trayecto, a la salida de la Catedral, gracias a las herbes de Sant Ponç y al tomillo y romero esparcidos por el suelo.

Durante el recorrido, la comitiva realiza varias paradas hasta llegar a Sant Elm, en el barrio de la Marina, donde concluye la procesión. Lo hace en una jornada marcada por el intenso calor, que acompaña a los asistentes durante todo el trayecto y obliga a muchos de ellos a protegerse del sol como pueden. Entre el público, no faltan los abanicos, que se convierten en uno de los elementos más repetidos entre quienes siguen el paso de la custodia por las calles.

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