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Entrevista

Damià Marí, presidente de la Asociación Hotelera de Sant Antoni y Bahía; «Debe haber un cambio legislativo para acabar con el gas de la risa»

Tras la presidencia de Ana Gordillo, la patronal hotelera de Sant Antoni y la bahía de Portmany sigue apostando por las nuevas generaciones que han tomado el relevo, así como por el cambio de imagen de la localidad. Damià Marí, continuador de la saga que fundó su bisabuelo con el Hotel Ses Savines, inicia su mandato al mismo tiempo que la asociación emprende la campaña de concienciación por un turismo responsable consensuada con el Ayuntamiento.

Damià Marí contesta a una de las preguntas en la terraza del Hotel Ses Savines. | J.A. RIERA

Damià Marí contesta a una de las preguntas en la terraza del Hotel Ses Savines. | J.A. RIERA

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Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Sant Antoni

Nada más recibir a Diario de Ibiza a la entrada del Hotel Ses Savines, y de camino a la terraza con vistas al paseo de s’Arenal, Damià Marí no deja de saludar con confianza a clientes del hotel, sobre todo a varias parejas de avanzada edad. Son visitantes asiduos, algunos desde hace más de tres décadas, que conocen al empresario desde que apenas era un niño. Como ejemplo, un matrimonio noruego les regaló la factura que conservaban de su primera estancia en el establecimiento, en 1973. Este recuerdo ahora se expone en una sala-museo adosada a la recepción, junto a la vieja centralita de teléfonos, fotos de época, planchas de carbón, máquinas de escribir y otros objetos cotidianos empleados en los inicios del Ses Savines, fundado en 1935 por el bisabuelo de Marí. Esta saga pionera en la bahía de Portmany amplió el negocio con el Hotel s’Arenal y con los Apartamentos Ses Savines, todos ellos aún bajo las mismas manos.

Usted representa la cuarta generación al frente de estos hoteles, pero seguro que le acompañan muchos familiares.

También trabajan aquí mi padre, mi tío, un primo que está en el bar, mi hermano en recepción y una hermana que se encarga de las compras y el economato.

Me sorprende encontrar un ambiente tan familiar en Ses Savines. Hay niños con sus familias en la piscina, así como un buen número de parejas mayores que se alegran mucho al verle y se nota que son asiduas. ¿Este es el perfil habitual todo el año?

Aquí sí. Trabajamos más con familias y parejas, algunas de ellas se formaron después de conocerse aquí de vacaciones. Tenemos un poco de todo y también viene gente joven en julio. Hay un buen equilibrio y se da una mezcla variada que gusta mucho a la clientela.

Me acabo de cruzar con un holandés y dos mujeres italianas con niños. Pensaba que predominarían los británicos.

Está más diversificado en los últimos años. Nuestro turismo mayoritario es el británico, pero están viniendo holandeses, belgas, italianos o españoles. Se llevan muy bien y acaban haciéndose amigos, también en temporada alta.

La imagen turística que arrastra Sant Antoni desde hace años no coincide con el ambiente de este hotel.

Hay muchos hoteles que funcionan así y aún apuestan por el turismo familiar, pero la tendencia ha cambiado con la entrada de grandes cadenas. Sant Antoni se está diversificando mucho en los últimos años y un buen número de hoteles han pasado a cuatro y cinco estrellas.

El sector ha reivindicado insistentemente a las administraciones que se hagan los esfuerzos necesarios para cambiar la imagen de Sant Antoni. ¿Qué pasos creen que hay que tomar?

Se han dado avances y se están viendo algunos resultados, pero es un proceso que no se logra de un día para otro. Después de tantos años de funcionar de la misma manera, es muy difícil alcanzar un cambio tan a corto plazo. Con el tiempo, se notarán más los efectos de las medidas que se están impulsando.

¿La lucha contra el gas de la risa es el frente prioritario?

Es un problema muy evidente y te das cuenta solo con escuchar el ruido que producen los vendedores al rellenar los globos. Los clientes me comentan cada año que están tomando algo tranquilamente y de repente observan a gente en el paseo inhalando globos y tirando los residuos. Todo el mundo ya sabe qué están consumiendo y genera muy mala imagen. Aún es pronto, pero parece que este año se está viendo menos gas de la risa. Esperemos que siga esta línea.

¿De qué más se queja la clientela?

Del incivismo de la gente que viene de fiesta y no respeta al resto.

¿Y qué destacan de Sant Antoni?

El clima, tener la playa delante, la puesta de sol y la mezcla entre locales y visitantes. Se llevan muy bien con los ibicencos.

¿Percibe alguna mejoría en el West End?

El mural de Okuda ya es un importante cambio visual y varios negocios se están renovando, pero aún queda mucho por hacer. La consulta ciudadana para cambiar el nombre del West End es positiva, ahora queda ayudar a los empresarios a cambiar el modelo del barrio.

¿Buena parte de la presión por la fiesta que había en el West End ha pasado al paseo marítimo de s’Arenal desde que abrieron grandes locales de ocio?

Antes se concentraba más en el West End y ahora está repartido por más sitios. No solo en Sant Antoni, porque es parecido al caso de Platja d’en Bossa.

Usted tiene 37 años, con lo que siempre habrá conocido Sant Antoni con el West End.

Cumplo los 38 ya en agosto. El cambio más grande que he visto es el paseo marítimo, porque de pequeño era todo playa. Sí que he notado una diversificación, porque antes el turismo era puramente británico.

La semana pasada se presentó la campaña del Ayuntamiento de Sant Antoni por la convivencia y un turismo responsable. ¿Qué han aportado los hoteleros?

Trasladamos al Ayuntamiento nuestras inquietudes, recopiladas a partir de las encuestas a los afiliados. Siempre nos hacen bastante caso y los objetivos de la campaña están consensuados, como perseguir el consumo del gas de la risa en la calle o el incivismo.

La asociación representa a los hoteles de toda la bahía de Portmany, también los de Sant Agustí, ya en el municipio de Sant Josep. ¿Les complica su labor esta división en dos municipios?

No se nota esta diferencia de municipios, es todo una misma bahía. Sí que nos toca reunirnos con dos administraciones diferentes, pero, en todo lo demás, vamos todos a una.

¿Echan de menos que los dos ayuntamientos aceleren el proyecto de creación del paseo marítimo [desde Port des Torrent a Cala Gració]?

Es una iniciativa muy buena y atractiva, tanto para los residentes como los turistas. Este proyecto lleva demasiados años parado y debe servir para sustituir todas las cañerías y solucionar los vertidos en la zona de Cala de Bou.

¿Qué ocupación tienen en estos momentos en el Hotel Ses Savines [con 155 habitaciones]?

En mayo tenemos una media del 55%, un poquito más que el año pasado. La primera quincena siempre arranca poco a poco, pero ya hemos despegado con muy buenas previsiones y ahora estamos en un 80%. Es una cifra fabulosa y con mucho cliente repetidor. Ya habréis visto que me saludan muchos de ellos para hablar un rato. Es un ambiente familiar muy bonito y debemos seguir así. Tener tantos clientes que repiten es un orgullo y lo mejor de este trabajo.

¿Ya tienen un panorama claro de cómo va a ir la temporada a partir de las reservas?

Ahora es más complicado, porque no hay tanta venta anticipada. Muchos turistas se esperan más para ver si encuentran alguna oferta y también funciona mucho el last minute. En general, hemos tenido muy buenas ventas anticipadas, sobre todo en mayo y junio, pero parece que se han ralentizado un poco para la temporada alta. Van a ser resultados buenos y similares al año pasado, a pesar de la incertidumbre por los conflictos internacionales.

¿Cómo le afecta a la asociación hotelera el abandono de las dos cadenas mayoritarias en Ibiza, Palladium y Vibra?

Es una pérdida que lamentamos, porque suman mucho. Respetamos su decisión y, si algún día quieren volver, abriremos las puertas. Aún no se ha producido ningún intento de acercamiento, pero siempre estaremos dispuestos a hablar con ellos.

¿Su abandono se debe a que los votos en la asamblea no tienen en cuenta el número de plazas de cada compañía?

Quizá sea el motivo principal. Es un punto que hemos tratado en las asambleas, si cambiar a un voto ponderado o seguir con un voto por establecimiento, tal y como establecen nuestros estatutos. Los afiliados han querido seguir igual por unamidad.

Afronta un mandato de cuatro años como presidente. ¿Qué evolución le gustaría percibir en Sant Antoni y la bahía en este periodo?

Sobre todo, limpiar y cambiar la imagen de Sant Antoni, que es un objetivo en el que estamos avanzando mucho. Me haría especial ilusión que no volviéramos a ver gas de la risa. Las administraciones locales han reclamado al Gobierno central un cambio legislativo para que se pueda penar [para que el óxido nitroso sea considerado como una sustancia estupefaciente]. Deberíamos seguir el ejemplo del Reino Unido, donde han prohibido el uso ilícito de este gas.

¿Cómo ha empezado la presencia de vendedores ambulantes esta temporada?

No quiero ser gafe, pero en esta parte el paseo de s’Arenal veo menos. El año pasado ya vimos más control con los vendedores y mucha más policía.

Otro estigma importante que aún pesa sobre Sant Antoni, y en el conjunto de Balears, es el balconing.

Es una lástima que pasen estas cosas. ¿La solución? Informar bien a los turistas de las consecuencias que pueden provocar los excesos. Es muy triste que gente tan joven asuma estos riesgos y pierda la vida por tomar cualquier sustancia con la que no saben lo que hacen.

En Magaluf he llegado a ver balcones de hotel cerrados con mamparas para evitar que caigan los turistas.

Sería muy triste llegar a un extremo así, porque sería como dar la razón a que pasen estas cosas. Aquí no nos lo planteamos. Ojalá no tengamos estas noticias esta temporada.

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