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Sanidad

Sandra Yedallah, primera donante de leche materna en Ibiza: "Veía a mi bebé en la incubadora, tan frágil, y sabía que mi leche le ayudaba. Ahora quiero ayudar a otros bebés”

Sandra, inaugura el circuito de donación en la isla tras vivir en primera persona la importancia de este alimento para los bebés prematuros

Can Misses estrena el circuito de donación de leche materna en Ibiza.

Sergio G. Cañizares

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Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

Juan Solá escribió una vez: "Molesta el pezón, redondo y rosado, arrugado, rebosante de leche, besado y mordido. Incomoda la teta cuando es fruta y no morbo, cuando el acto es íntimo a pesar de ser público y ningún otro que no sea hembra o cría comprende. La teta apropiada es la teta que vende lencería, celulares, coches, pero nunca la que da de comer. Qué sabe la cría de momentos adecuados para llorar de hambre. Qué sabe la cría del furioso marketing que condenó a la teta a ser pública para vender, pero nunca para amar".

Sandra Yedallah acaba de transformar ese gesto primitivo, el de alimentar, en un gesto de generosidad. Madre de dos hijos, se ha convertido en la primera mujer en donar leche materna en Ibiza, un acto que inaugura en la isla un nuevo circuito de donación y que permitirá que otras madres puedan contribuir desde aquí a alimentar a bebés prematuros o con necesidades especiales.

Hasta ahora, Ibiza recibía leche materna donada procedente de Mallorca, a través del Banco de Sangre y Tejidos de Baleares. La leche estaba disponible para los recién nacidos que la necesitaban, pero las madres ibicencas no contaban con la posibilidad de realizar la donación desde la isla. Con la incorporación de Sandra como primera donante, se pone en marcha un circuito que permite que este gesto solidario también pueda hacerse desde Ibiza. Hasta ahora ya han donado leche materna cuatro madres.

La historia del primer bebé

La decisión de Sandra nace de una experiencia personal muy intensa. Su primer hijo fue un prematuro extremo con 25 semanas y 700 gramos de peso, durante su ingreso hospitalario, comprendió el valor que tenía cada gota de leche materna. “Allí me di cuenta de lo importante que era. Yo veía a mi bebé en la incubadora, tan frágil, y sabía que mi leche le ayudaba muchísimo”, recuerda. De esta experiencia descubrió que la leche materna podía ser mucho más que alimento. Podía ser vínculo, protección y también esperanza.

Aquella convicción la acompañó durante años. A su primer hijo le dio el pecho hasta los siete años, una lactancia prolongada que solo interrumpió cuando volvió a quedarse embarazada. Le dije: "No te puedo dar más, mi amor, porque estoy embarazada y la bebé necesita la leche". Y él me respondió: "Mamá, no pasa nada. Hasta aquí llegamos", recuerda

Durante aquellos días, Sandra se extraía leche cada tres horas con el extractor del hospital. El proceso reconoce no siempre fue fácil. “Es difícil, porque el estrés también hace que no produzcas leche. Pero yo intentaba estar tranquila. Sabía que tenía que hacerlo por él”, explica.

Aquella vivencia marcó su forma de entender la maternidad y la lactancia. Por eso, cuando nació su segunda hija, Sandra volvió a apostar por la lactancia materna. Al principio, la bebé tenía dificultades para agarrarse al pecho por su pequeño tamaño, así que comenzó a extraerse leche para asegurarse de que se alimentaba bien. Con el tiempo, su producción aumentó tanto que llegó a extraerse hasta 240 mililitros de madrugada.

“Mi matrona me dijo que tenía que bajar un poco, porque era como si estuviera alimentando a dos bebés al mismo tiempo”, cuenta. Fue entonces cuando la posibilidad de donar empezó a tomar forma. Sandra sabía que su hija estaba creciendo bien y que esa leche sobrante podía tener un destino muy valioso.

Para ella, donar leche materna no es solo un acto sanitario, sino también emocional. “Yo sé lo que se benefició mi niño. Ver cómo un bebé se transforma es increíble. Y luego saber que tu leche puede ayudar a otros bebés, además del tuyo, es algo muy bonito”, afirma.

Mensaje para otras madres

Sandra también quiere lanzar un mensaje a otras madres que puedan sentir dudas, miedo o inseguridad ante la donación. Reconoce que al principio la extracción puede molestar, pero insiste en que el cuerpo se acostumbra y que la recompensa compensa el esfuerzo. “Al principio duele un poco, pero luego ya no. Y es muy gratificante saber que tu bebé se alimenta de ti y que, además, puedes ayudar a otro bebé”, señala.

Su familia ha sido clave en este proceso. Sandra explica que su entorno la ha apoyado desde el primer momento porque conocen su compromiso y sus ganas de ayudar. “Ellos están encantados. Saben que soy una persona muy comprometida y que ayudar me hace sentir bien”, relata.

La nueva donante anima especialmente a las madres de bebés prematuros a confiar en la leche materna y en la posibilidad de donar. “Les diría que lo hagan, que es muy importante. No solo por cómo te sientes como madre al poder alimentar a tu bebé, sino porque también puedes ayudar a otros. Es ver y sentir que estás ayudando”, resume.

Con su ejemplo, Sandra abre un nuevo camino en Ibiza. Su historia trasciende a una red de solidaridad silenciosa que empieza en casa, continúa en el hospital y puede marcar la diferencia en los primeros días de vida de los bebés más vulnerables. Porque la leche materna no es un alimento cualquiera: reúne más de 200 componentes identificados y cambia según la edad y las necesidades de cada bebé, y en los recién nacidos más frágiles puede resultar decisiva. Ayuda a contrarrestar la depresión postparto, y sanar el dolor de la pérdida. Por eso, donar no debería entenderse como un gesto menor ni como una rareza: es una forma de acompañar a otras familias en un momento tan delicado y especial. Una madre que dona no solo entrega el excedente de su leche; entrega tiempo, constancia, cuidado y un pedazo de su maternidad para que otros bebés puedan crecer y sobre todo vivir.

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