Desalojo
Ofensiva del Ayuntamiento de Ibiza contra las caravanas de sa Joveria
Este miércoles se identificarán las caravanas estacionadas en el solar con el objetivo de que abandonen voluntariamente la zona para evitar sanciones

Sergio G. Cañizares

'Aviso de retirada: le avisamos que pasadas 48 horas, este vehículo será retirado por los Servicios Municipales por infringir la Ordenanza Municipal de Circulación y/o Ley de Seguridad Vial'. Eso se puede leer en el cartel naranja fosforito de la Policía Local y el depósito de vehículos de Ibiza que este martes los agentes pegaron en las caravanas y remolques que se encuentran en el aparcamiento de sa Joveria, pegado al primer cinturón de ronda. Lucen esta pegatina los aproximadamente 30 vehículoss que se encuentran en el solar, detras del Hospital Can Misses y del colegio sa Joveria, donde habitan decenas de personas que no han encontrado un hogar en la isla.
Este martes por la mañana, algunas de estas personas recogían sus pertenencias y ordenaban la zona tras recibir la advertencia municipal de que al día siguiente, este miércoles, serán expulsados de la zona. Hace poco más de un mes, en el terreno de sa Joveria ya hubo un desalojo de múltiples tiendas de campaña e infraviviendas. Ahora, en plena temporada, se repite la historia, aunque ya solo quedan las 'casas sobre ruedas'.

El cartel de 'Aviso de retirada' que cuelga en la mayoría de caravanas. / Vicent Marí
En el anterior desalojo, el 21 de abril, el alcalde, Rafael Triguero, reconoció su "alivio" porque los informes municipales que obraban en su poder desde hace tiempo advertían de la 'bomba de relojería' en que se había convertido el asentamiento, sobre todo el pasado verano, cuando alcanzó cifras récord con medio millar de residentes y unas 200 chabolas, explicó Diario de Ibiza en la anterior ocasión durante la cual había numerosas bombonas de gas repartidas por el asentamiento y también se había constatado riesgo para los acuíferos de la zona.
Qué dice el Ayuntamiento
Una portavoz del Ayuntamiento de Ibiza negaba este martes por la mañana que se estuviera desalojando el solar. "Se han retirado vehículos abandonados, por tratarse de una gestión de residuos sólidos en vía pública", defendía siempre descartando insistentemente que se estuvieran retirando caravanas: "No se están retirando caravanas. Las caravanas, si no están abandonadas, siguen otro procedimiento". Así, el Consistorio aseguraba estar llevando a cabo "una labor de identificación y seguimiento de las caravanas y de las personas que habitan en ellas".

Algunas de las caravanas que hay detrás del hospital Can Misses en el asentamiento de sa Joveria. / Vicent Marí
Igualmente, el Ayuntamiento mantiene que "las caravanas están incumpliendo varias ordenanzas y leyes, por lo que se les notifica y se les pide que abandonen esta zona, ya que están en dominio público". Añade que "aquellos que voluntariamente acepten [irse] se ahorrarán sanciones y un procedimiento judicial", mientras por el otro lado, afirma que para "los que no abandonen, una vez que ya se les ha identificado y notificado oficialmente, se iniciará un procedimiento judicial, y cuando exista una autorización judicial se retirarán". Es decir, no están desalojándolas, pero sí presionando a quienes viven en estos vehículos en el solar para que se marchen de ahí.
Qué hay en la zona
Algunas de las personas afectadas por el desalojo que no se encuentran en el trabajo el martes por la mañana están junto a lo que han convertido en sus hogares: caravanas con los cristales tapados por mantas, terrazas improvisadas, medio cubiertas por vallas móviles de obra y césped falso, con sillas de plástico o mimbre, mesas plegables y la ropa de sus habitantes tendida al sol. Se pueden ver bicicletas y motos, medio cubiertas por mantas para evitar su robo. Cubos para fregar y trapos de limpieza encima de múltiples palés de madera. Incluso una ducha al aire libre, tapada por una cortina y con una toalla encima. Sobre todo lo demás, destaca algo que debía ser un vehículo en algún momento, con todo el chasis destrozado y desmontado.

Uno de los remolques que sirve de vivienda a una persona en el asentamiento de sa Joveria. / Vicent Marí
Tuppers, cajas de fruta, botellas de agua de diez litros, bombonas de butano, sofás medio rotos que sirven de barrera contra el viento. Entre la hierba se pueden distinguir las ollas y el detergente friegaplatos de alguien que se hizo la cena la noche anterior. En sa Joveria hay también varios perros, que juegan entre ellos, ajenos a lo que lamentan sus dueños, mascotas de personas a las que quieren echar de otro asentamiento más. Por descontado, salpica el escenario el cartel naranja del aviso policial, en algunos casos arrancado en señal de protesta y en otros, intacto de la resignación.
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