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Vivienda

Una residente en el asentamiento de sa Joveria de Ibiza: "Hasta que no venga la policía y me eche a hostias no me voy"

Residentes de sa Joveria reclaman una solución habitacional ante el nuevo aviso de inspección y la creciente exclusión social en Eivissa, además de recordar que «todos» los que viven en esos espacios son trabajadores

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Samia Khenien

Samia Khenien

Ibiza

"Yo no me voy", afirma una de las vecinas del asentamiento de sa Joveria: "Hasta que no venga la policía y me eche a hostias, a una mujer sola, no me voy". Las personas que viven en las caravanas y otros habitáculos montados detrás del colegio Sa Joveria y el Hospital Can Misses explican cómo perciben el nuevo aviso policial pidiéndoles que se marchen. Su vecino I., que trabaja en la estación, pregunta: "¿A dónde se va esta mujer con todas sus cosas? Tenemos que abandonar todo e ir de sitio en sitio".

"Al final va a ser una guerra, una guerra entre la policía y la gente que simplemente intenta vivir", asegura M., que trabaja como socorrista en la playa y que viene a dar apoyo a los afectados. Todos coinciden en que habrá bronca, porque no es una situación sostenible. "Yo no puedo vivir con otras ocho personas en una casa, es imposible y no puede ser", reitera I.: "Tengo mi trabajo fijo, pero si me echan, ¿a dónde voy?".

De un asentamiento al siguiente

Más abajo, Júnior, trabajador de la obra que también vive en un remolque comenta que la policía aún no ha venido a decirles nada: "Solo han puesto el cartel y no vi cuándo vinieron, porque estaba trabajando". El joven, original de Colombia, explica que lleva "un mes" en sa Joveria. "Antes estaba en el asentamiento de Can Misses, algunos de mis otros vecinos también vienen de ahí". Júnior comenta que lo único que quiere es labrarse un futuro, pero que su estancia es "complicada, la verdad", por tener que moverse de un lado a otro.

"Uno no tiene una estabilidad, no sabemos cuántos meses podemos estar en un sitio hasta que nos tenemos que mover a otro", comenta el obrero: "A la larga uno se cansa también". Aun así, se mantiene positivo, "todo sea por algo bueno, uno sale de su país buscando un futuro", afirma Júnior, que hace dos años que vive en España: "Hay días duros, días suaves, pero la mayoría de veces sí es duro: levantarte a las siete, volver a las ocho de la noche, pero cuando uno viene de su país con la mentalidad de trabajar, uno los arrastra igual. Todo tiene sus sacrificios".

A Júnior le ayuda un amigo a recoger y ordenar todas sus cosas: "Ya he podido empezar a limpiar", afirma. Preguntado por si sabe a dónde irá a continuación asegura: "Eso me pregunto yo, a dónde voy a ir".

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"Vivimos de una forma normal y sencilla", recalca I.: "Lo que pasa es que, visualmente, una caravana no es lo mismo que una casa. Pero cabe recordar que Ibiza no es una isla de pijos, Ibiza es hippy de toda la vida". En ese momento, se acerca una pareja de policías y los vecinos les comentan que, desgraciadamente, no hay alternativa habitacional. "Presión para que nos vayamos", aseguran cuando los agentes se alejan de la conversación: "Hasta que ellos no sientan lo que nosotros sentimos y tengan que hacer sus necesidades ahí [en mitad del campo], no van a saber lo que es, pero puede tocar a cualquiera, ya les tocará". "Como no cambie, Ibiza va a ser como Dubái", lamenta el socorrista, que afirma que ningún político ha planteado una mejora a la situación, sea del partido que sea.

En este sentido, M. recuerda que hay gente en la isla "que tienen villas, mansiones, casas vacías durante años, que están en Estados Unidos y dejan aquí sus casas vacías", comenta, que no cree que la opción sea "quitárselas", pero sí pedir alquileres dignos. "He visto a gente pidiendo 500 euros por un trastero", denuncia I.: "Ibiza se está convirtiendo en una locura para ricos, donde al final no va a venir nadie y se van a ir todos".

"De tanto echar a las personas que trabajamos... Los ricos no van a venir a fregar platos, ni a poner una mesa, ni a hacer de nada y ya está pasando", asegura I. "Están los precios tan por las nubes que ni los ricos quieren pagarlos", recalca M.

Recuerdan el caso de una mujer embarazada a la que multaron "con 20.000 euros por estar en una furgoneta, ya le han arruinado la vida entera a esa mujer", lamenta M. "Y el niño ni ha nacido y ya tiene una deuda", añade I.: "Ve a multar al que está haciendo algo malo aquí en Ibiza, no a nosotros".

Las posibles soluciones que plantean

"Los vecinos de arriba afirman que no se quieren ir tampoco", explica I. "¿A dónde se van? No van a ir a ninguna parte", incide M.: "El problema es que va a ser como en Can Rova, van a entrar aquí los antidisturbios y van a ir a hostias con todo el mundo, aunque haya niños, mujeres o quien sea", augura el socorrista. "Si ya me echan de aquí, pues me voy a la calle", lamenta otra vecina. "No podemos hacer otra cosa, ¿qué hacemos? ¿Nos metemos en casa de alguien?", se pregunta I., que afirma que okupar no está entre sus opciones.

El socorrista M. espera que "haya alguna manera y que se solucione": "Ha habido tantos problemas con la vivienda que esperamos que al menos habiliten una zona donde pongan un punto de luz, uno de agua y que todos paguen un cierto dinero, un alquiler de 400 euros, si cobras 1.200 es más factible que pagar 800 por una habitación".

"Invito a quien sea a que mire la caravana, si quiere, y que vea que vivo bien, está superlimpio y es como una vivienda normal y corriente", mantiene I. Se puede ver un espacio que, aunque pequeño, parece mejor que vivir en la calle.

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