Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Poesía

Ben Clark, poeta de Ibiza: “Escribo desde el borde de este lento hundimiento”

El poeta ibicenco publica 'Semiótica nuclear', un libro sobre el lenguaje, la permanencia, el fracaso de la civilización y aquello que todavía puede salvarnos: la amistad, la memoria y los gestos inútiles pero necesarios

Ben Clark, sosteniendo su nuevo libro de poesía 'Semiótica Nuclear'.

Ben Clark, sosteniendo su nuevo libro de poesía 'Semiótica Nuclear'. / J.A. Riera

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

Hay títulos que funcionan como una advertencia. 'Semiótica nuclear', el nuevo libro de Ben Clark (Ibiza, 1984), parece uno de ellos. Suena a ciencia, a peligro, a futuro remoto. Pero detrás de esa expresión, que el propio poeta admite que “puede incluso asustar un poco”, se esconde una reflexión profundamente humana: cómo comunicar un mensaje cuando ya no quede nadie que pueda entendernos.

La semiótica nuclear fue, en realidad, un campo de estudio nacido en Estados Unidos a principios de los años ochenta. Reunió a antropólogos, lingüistas, científicos y artistas con una pregunta casi imposible: cómo advertir a las generaciones de dentro de 10.000 años del peligro de los residuos nucleares. ¿Qué idioma usar? ¿Qué símbolo podría sobrevivir al tiempo? ¿Cómo decir “no os acerquéis aquí” a una civilización futura que quizá no comparta ninguna de nuestras palabras, códigos o creencias?

A partir de esa inquietud, Clark construye un libro que no es exactamente ecológico, aunque la sombra de la destrucción ambiental lo atraviesa. “Es más bien un libro que reflexiona sobre cuál es nuestro legado como civilización”, explica. Lo que permanece, lo que se pierde, lo que creemos que durará y quizá desaparezca antes que nuestros propios desechos. La idea es desoladora: tal vez lo único que sobreviva de nosotros sean los residuos radiactivos. Pero el poeta no se queda ahí. Convierte esa posibilidad en una pregunta sobre el lenguaje, la memoria y la fragilidad de todo lo humano.

Un libro que pudiese atravesar siglos

“Es un libro sobre la comunicación”, resume. Sobre cómo se transmiten los mensajes a través de los siglos, pero también sobre cómo nos comunicamos en una pareja, con los muertos o con quienes aún no han nacido. En ese desplazamiento está una de las claves de 'Semiótica nuclear': el futuro lejano sirve como espejo para mirar el presente. Pensar en alguien que vivirá dentro de miles de años obliga, de algún modo, a preguntarse qué diríamos hoy de nosotros mismos.

El libro, dice Clark, es “un canto a un fracaso”. El verso que lo condensa aparece hacia el final: “Yo escribo desde el borde de este lento hundimiento”. La humanidad, sugiere, no se enfrenta tanto al fin del mundo como a su propia desaparición. “El mundo va a tener todo el tiempo del mundo”, afirma, “pero nosotros realmente nos enfrentamos a un fracaso que es nuestra lenta destrucción”.

Ese fracaso no elimina, sin embargo, una forma secreta de vitalismo. En 'Semiótica nuclear' hay una insistencia en seguir haciendo cosas aunque no vayan a durar. Escribir, cuidar, amar, conversar. Clark cita un poema en el que relaciona a los poetas con los apicultores: ambos se afanan en su trabajo aunque sepan que nada tiene garantizada la permanencia. Frente al monumento, frente a la losa de piedra que aspira a sobrevivir, el poeta acaba eligiendo otra cosa: la amistad, la charla, los momentos que no dejan registro. Una figuración de palabras y simbolísmos quizá indestructibles y efímeros al mismo tiempo.

Ozymandias, el gran faraón del antiguo Egipto

La figura de Ozymandias, el faraón Ramsés II convertido en el soneto de Shelley en un símbolo de la caída de los imperios, recorre también el libro. Sus ruinas recuerdan que toda grandeza puede acabar reducida a arena. “Somos todos un poco Ozymandias”, dice Clark, especialmente desde una sociedad occidental que suele vivir convencida de que su reino no terminará nunca. Pero basta un apagón, una interrupción mínima del orden cotidiano, para que aparezca la fragilidad del sistema.

Entre las ideas más fascinantes que rodean la semiótica nuclear está la posibilidad de crear leyendas, religiones o paisajes hostiles para alejar a los humanos del futuro de los depósitos radiactivos. Incluso se planteó, recuerda Clark, modificar genéticamente gatos para que brillaran al acercarse a la radiación, confiando en que la relación entre humanos y felinos perduraría durante milenios. Pero la conclusión más inquietante fue quizá la más simple: no marcar nada. Enterrar los residuos y dejar que el silencio los proteja. Porque todo monumento, por muy amenazante que sea, despierta curiosidad.

El libro dialoga con lo científico, como ya ocurría en 'La policía celeste', su anterior título, también publicado en Visor, una editorial especializada en poesía y literatura española. Si aquel miraba hacia lo cósmico, este mira hacia el tiempo. Pero en ambos casos la operación es parecida: mirar muy lejos para regresar a lo íntimo.

Y en esa intimidad aparece Ibiza. Clark lee durante la entrevista un poema dedicado a la poeta Nora Albert, (Barcelona, 1948) fallecida recientemente, al que tiene especial cariño. Se titula 'Del caminar sobre asfalto' y nace de una referencia a Werner Herzog. El cineasta caminó una vez hasta París convencido de que, si llegaba a pie hasta la casa de una amiga enferma, ella seguiría con vida. Clark traslada ese gesto a la isla: caminar desde Santa Gertrudis hasta la casa de sus padres pensando en Nora.

El poema es una ofrenda imposible. El poeta sabe que no puede salvarla, pero camina igualmente. “Para poder salvarte decidí caminar desde el pueblo a la casa”, escribe. Y más adelante imagina que sus pasos, absurdos y necesarios, puedan servir para algo: para describirle la escena, para contarle el esfuerzo, para hacerla reír. “Y que en tu risa sigas viviendo todavía”, dice el verso final leído por Clark.

Escribir no detiene la muerte

En ese momento, 'Semiótica nuclear' deja de ser solo un libro sobre residuos, símbolos y civilizaciones futuras. Se convierte en un libro sobre lo que hacemos cuando sabemos que no basta. Caminar no salva. Escribir no detiene la muerte. Un poema no garantiza permanencia. Pero quizá ahí esté precisamente su fuerza: en insistir.

Clark tiene ya varios compromisos inmediatos para presentar 'Semiótica nuclear': ayer en Sa Nostra Sala, coincidiendo con la exposición ‘Encís. Pintura, ceràmica i poesia’, en la que comparte protagonismo con su padre, Gerry Clark, una muesta que podrá visitarse hasta el 6 de junio, luego va a Salamanca, Málaga y, más adelante, tiene dos fechas de firma en la Feria del Libro de Madrid. Tras el verano, su intención es iniciar una gira de presentaciones en la que también estará Ibiza, aunque la fecha todavía no está cerrada, y el poeta avanza, además, que le gustaría llevar el libro a Formentera. Mientras tanto, la obra ya está disponible en librerías. 'Semiótica nuclear' viaja a un futuro remoto y una memoria íntima, y plantea una pregunta que parece dirigida al porvenir pero golpea de lleno en el presente: si algún día alguien encontrara nuestro mensaje, ¿qué entendería de nosotros?

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents