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Obituario

Fallece en Ibiza la popular Anita Marí del bar Ca n'Anneta

El funeral se celebra este martes a las seis y media de la tarde en la iglesia de Sant Carles

Ana Marí Torres, Anita, en 2006, cuando recibió el Premi Ramon Llull.

Ana Marí Torres, Anita, en 2006, cuando recibió el Premi Ramon Llull. / R. Martínez

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

"Cuando voy a Ca n'Anneta digo que me voy a casa". Es lo que decía Ana Marí Torres, la popular Anita del bar Ca n'Anneta de Sant Carles, cuando, ya jubilada, se le preguntaba por el popular establecimiento. Ana Marí Torres falleció este domingo, un par de meses después de alcanzar los cien años. El funeral se celebrará este martes a las 18.30 horas en la iglesia de Sant Carles, a escasos metros del bar que lleva su nombre. El velatorio, en Pompas Fúnebres, estará abierto desde las 14.30 horas. Apenas dos días antes de la muerte de Anita, la Acadèmia de Gastronomia d'Eivissa i Formentera concedió al local un premio por ser historia viva de la isla y uno de los establecimientos más emblemáticos de esta.

Fue ella, Anita, quien se hizo con la casa, Can Pep Benet, que albergaba el pequeño ultramarinos del pueblo, y a mediados del siglo XX abrió lo que hasta día de hoy es Ca n'Anneta, conocido también como el bar de Anita. De hecho, así le llamaban en la serie 'Cuéntame', en los episodios rodados en la isla y en los que el popular bar era parte de la trama. Años después, Anita se mudó a Vila a vivir, pero le encantaba regresar al local que consideraba su casa. Así lo explicaba en 2006, cuando recibió el Premi Ramon Llull concedido por el Govern balear por todos los años que dedicó a sacar adelante lo que ella llamaba su casa. Un premio que, lejos de con falsa modestia, la ibicenca recibía con orgullo. Había trabajado tanto durante tanto tiempo que estaba convencida de que se lo merecía, explicaba riendo.

Interior de Ca n'Anneta, con los buzones.

Interior de Ca n'Anneta, con los buzones. / Sergio G. Cañizares

Un momento en el que recordaba su día a día en Ca n'Anneta y el vaivén de gente: "Extranjeros de todo el mundo e ibicencos que salían de misa y venían a jugar al tuti o la manilla". Le gustaba echar la vista atrás a aquellos tiempos que, salvando las diferencias, parecen haberse quedado encapsulados en el local, donde aún hoy se da esa mezcla de parroquianos habituales, hippies y turistas en busca de una instagrameable estampa de Ibiza: la foto bajo el cartel de la fachada, las botellas de hierbas, los buzones de correos de hace décadas y donde aún hoy el cartero deposita las cartas de quienes viven perdidos por los alrededores.

La mujer a la que algunos hippies llamaban "mamá"

Anita se entendió bien, desde el primer momento, con aquellos peluts que llegaban a la isla. Hablaban de ella con cariño. Algunos, incluso, como recordaba Xescu Prats en el Imaginario del Dominical de Diario de Ibiza, la llamaban "mamá": "Pese a las descuidadas barbas y la atmósfera desinhibida que les envolvía y que tanto contrastaba con una Ibiza prácticamente medieval, Anita les procuraba alimento, les sonreía con afabilidad y les fiaba dinero hasta que la familia enviara el siguiente giro postal desde Estados Unidos o Europa". "Los hippies siempre me han apreciado, no sé por qué, quizás porque en algunos momentos los he ayudado si estaba a mi alcance. Muchos de ellos son gente con gran corazón", afirmaba ella misma recordando aquellos tiempos.

La fama del bar traspasó fronteras. Y la de Anita también. Ella misma lo explicaba en este Diario a finales de los años 70: "Una vez vino una periodista francesa que quería escribir mi vida, pero yo no me fiaba demasiado y, bueno, mi vida es mi vida y no tengo por qué escribirla". Eso sí, accedía a repasarla para este diario: "Mi vida empieza en 1926, en Santa Eulària, donde desde pequeña ayudaba a mis padres en el campo. Recuerdo a mi profesora, mallorquina, dona Francisca. Después fui a clase con un señor. La única diversión era ir al cine". De aquellas películas recordaba especialmente 'Sin novedad en el Alcázar: "Creo que era de Robert Taylor. Me gustó mucho, él me gustaba mucho".

Su gran historia de amor: flechazo, cartas desde el penal y 'fuita'

Coqueta, reconocía que de joven había tenido muchos pretendientes con los que iba a bailar. Hasta que encontró a su marido, Bartomeu, que estuvo preso en el Castillo de Ibiza por sus ideales políticos: "Mi hermana me dijo que lo fuéramos a ver, yo tenía 14 años". Cuando el carcelero le dejó recibir la visita, se fijó al instante en ella, a la que preguntó si festejava con alguien: "Le dije que no y él dijo 'ah, bueno, entonces no te hagas novio hasta que yo salga'. Luego lo trasladaron al campo de concentración de Formentera".

Fachada del bar Anita.

Fachada del bar Anita. / Sergio G. Cañizares

Desde su casa en la zona de es Niu Blau podía ver la isla vecina en la que estaba él. De hecho, Anita guardaba las cartas que le enviaba desde el penal. La escena del día en que se vieron dos años después, tras la condena, la contaba Anita como si fuera la de una de película romántica. Había estado lavándose el pelo y tenía la cabeza llena de jabón cuando su madre le dijo que tenía visita y que bajara igual, con la melena llena de espuma: "Él se echó a mí y me abrazó, era mi hombre, yo estaba mojada, él parecía cansado, hacía sol. Fue muy formal, me gustaba mucho". Estar juntos no fue tan fácil. Anita tuvo que fugarse con él, lo que aquí se conocía como fuita, debido a la negativa de su hermano mayor de que estuvieran juntos: "No hicimos fiesta ni nada porque mi familia estaba descontenta, pero una hermana mía me trajo ropa porque yo sólo tenía el vestido que llevaba encima el día de la fuga".

Durante años se ocupó del bar y de sus tres hijos. En solitario. Estuvo ocho años con su marido, ocho años que definía como "de felicidad" antes de que, según explicaba, volviera la desgracia a su vida: "Un vecino delató a mi marido, que escapó en una pequeña barca, hacia Argelia. Yo tenía que reunirme con él, pero estalló la guerra en aquel país y ya no pude. Tuve que servirme de mi paciencia y seguí aquí cuidando de mis hijos".

El secreto de las hierbas de Anita

Cuando ella dejó las riendas de Ca n'Anneta, tras 25 años al frente se hizo cargo del negocio uno de sus descendientes, Vicent.

Ella fue quien, durante años, preparó las famosas hierbas del local, las que preparaba cogiendo hierbas aromáticas del campo, una receta que se ha mantenido y por la que cada año peregrinan hasta el bar hordas de ibicencos y foráneos. Desde la Associació de Veïns de Sant Carles no dudaban en afirmar en que era ella, Anita, quien las había hecho famosas "en todo el mundo". Sus hierbas tenían un secreto. Según explicaba, había modificado ya de muy jovencita la receta familiar, la que le había enseñado su madre política de adolescente, lo que daba a sus hierbas un sabor único. "El secreto de las hierbas es muy viejo. Y lo guardo para mí", afirmaba.

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