Fiestas Patronales
Puig d'en Valls disfruta de sus fiestas al ritmo de 'La potra salvaje'
Residentes en la parroquia, desde bebés hasta ancianos, participan activamente en los actos religiosos y musicales de este domingo

Tras el éxito de la fideuá del día anterior, los vecinos de Puig d'en Valls se juntan este domingo para rendir homenaje a su pueblo. Ancianos, adultos, jóvenes, niños e incluso bebés se juntan poco antes de las 10.30 horas, cuando empieza a tocar la Banda Esencia. Se oye en las inmediaciones del pueblo, gracias a la ligera brisa que transporta sus notas, a la misma velocidad que el olor a jazmín de los porches de algunas casas. Coches de la Guardia Civil y de la Policía Local se desplazan para cubrir los accesos por donde pasarán los músicos, perseguidos por sus vecinos, familiares y amigos, hasta varias mujeres con carritos de bebés.
Quien no estuviera despierto a esa hora de la mañana lo está tras el paso de la marcha por las calles del pueblo. La sinfonía ya debe haber pillado despiertas a las señoras octogenarias que salen a curiosear a sus balcones, además de a los señores que ya han bajado a la calle preparados con sus sombreros y gafas de sol para hacer frente al soleado día. A la altura de la cafetería Tirititran, a una joven se le cae la partitura, pero todos hacen como que no han visto nada. De entre sus compañeras, la mujer que va al frente al lado de la bandera baila sutilmente al ritmo de sus compañeros. Una madre con su hija de no más de tres años anima a la pequeña a hacer lo mismo con poco éxito.
Llegada a la Iglesia
"Tocamos 'La morocha' y 'La potra salvaje', esta última la estrenamos por primera vez hoy en Puig d'en Valls", comenta Jesús Ramos, uno de los músicos de la banda tras su llegada a la Iglesia. En la entrada, una formación de políticos y autoridades, presidida por la alcaldesa del municipio, Carmen Ferrer, les espera. Con los músicos ya en la entrada, aparece también el presidente del Consell, Vicent Marí. La Iglesia de Puig d'en Valls ataviada con una buganvilla morada hace sonar su campana.
Antes de que se acerque ni un solo vecino más, la pequeña parroquia ya está llena. No cabe ni alma. Ya dentro está María José Riera, vecina del pueblo que afirma ser "una de las primeras bebés nacidas aquí". En 1972, "cuando yo nací aún no había ni iglesia y me tuvieron que bautizar en Jesús", comenta mientras espera a que empiece la Misa. Después de una brevísima lectura, todo el mundo se pone en pie y entra un hombre portando una cruz, el obispo, el sacerdote, los ayudantes y la Colla des Puig d’en Valls y es Xacoters de sa Torre, seguidos de los políticos. Les saluda un fuerte olor a incienso y el coro que empieza a cantar. Ahora sí, no puede entrar nadie más.
La misa del coro y del Obispo
El obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, bromea con el coro: "Cuando os oí la última vez me preocupé, pero lo habéis hecho muy bien", halaga a las, en su mayoría, señoras. Saluda a todos los consellers, concejales de los ayuntamientos, representantes de la Guardia Civil, Policía Nacional, Protección Civil... Menciona a tantos nombres que al final de la misa el sacerdote del pueblo menciona: "Yo no tengo la memoria de Vicente que se acuerda siempre de todos, así que gracias por haber venido", que provoca la risa de los asistentes.
Una misa más en la que se oye el tintineo de monedas que acaban en la cesta de la Iglesia, a la par que empieza a sonar la flaüta pagesa. Cuando llega el momento de darse la mano como hermanos, un niño que se habrá quedado fuera de la parroquia con otros familiares, entra corriendo a abrazar a su madre, que sí que ha encontrado sitio entre los seguidores. Los que tienen miedo a ser arrollados por la multitud salen antes de que lo haga el resto, como es el caso de las abuelas que habían desplegado unas sillas en la entrada.
"Ya tenemos 15 años, pero a ver si seguimos más adelante", afirma Nina Veny, directora del coro que ha cantado durante toda la misa entre lecturas del evangelio. "Somos un coro amateur", asegura Veny, mientras recibe elogios de muchísimos asistentes. "Ella es muy humilde y no lo dirá, pero el himno lo ha compuesto ella", se chiva una corista cuando Veny está ocupada dando las gracias.
La plaza de la Iglesia
En la entrada de la Iglesia espera un bebé vestido de payés que se lleva la atención de todo el mundo. Suenan las campanas nuevamente, creando eco con un ritmo poco habitual. Uno de los pocos hombres que miran hacia la iglesia eleva la vista para observar el curioso péndulo de la campana. Se oye una vez más a la banda Esencia mientras salen las autoridades, seguidos de la Colla, y se fusionan los diferentes estilos de música. Empieza la procesión: hombres de la tercera edad, niños, niñas... Cada grupo poblacional saca una imagen cristiana a pasear. Procesionan una manzana hacia el interior del pueblo y vuelven a la plaza de la Iglesia.
Los primeros en llegar son los músicos de la Colla, seguidos de los payeses y las payesas. Empieza el tradicional ball con las formaciones clásicas. En Ibiza todos bailan con todos, señores mayores dando brincos junto a niñas que lucen sus galas. Incluso sale a bailar el bebé vestido de payés en brazos de su madre. Tras el arduo ejercicio, los payeses son recompensados con algo de comida y, finalmente, salen los carros a pasear.
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