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Razas autóctonas de Ibiza: En busca del súper ‘conill eivissenc’ ... o que se le parezca

Sólo hay 182 ejemplares catalogados de ‘conill eivisenc’, de los que 130 son hembras y 52, machos. Los cánones para pertenecer a esa raza son muy estrictos, como se ha puesto de relieve este sábado en una jornada celebrada en Can Musón.

Los participantes en la jornada estudian la morfología de un 'conill eivissenc'.

Los participantes en la jornada estudian la morfología de un 'conill eivissenc'. / J.M.L.R.

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José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

«Una cosa es que el conejo sea bonito y otra que pertenezca al estándar racial». Francesc Xavier Mora, veterinario especializado en cunicultura y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, deja claro ese importante matiz durante la jornada técnica sobre el conejo ibicenco titulada ‘Estudio del estándar racial y protocolo de su juzgamiento con prácticas aplicadas’, celebrada este sábado en la finca de Can Musón, en Santa Eulària. En el caso del conill eivissenc, no es cuestión de ponerse tiquismiquis a la hora de establecer qué ejemplares responden al estereotipo, más que nada porque no hay mucho donde elegir. Hay tan pocos ejemplares de esta raza (si bien aún no es considerada técnicamente como tal, pues la Associació de criadors de conill eivissencs se encuentra, precisamente en ese trámite, que no es sencillo) que se encuentra en peligro de extinción, según las cifras que aporta la bióloga (y secretaria de esa asociación) María Teresa González: hay 33 criadores que poseen 182 conejos, de los cuales 130 son hembras y 52, machos: «Está en peligro al haber menos de 1.000 hembras reproductoras», especifica González.

Francesc Xavier Mora durante la charla.

Francesc Xavier Mora durante la charla. / Vicent Marí

Y como son tan escasos, surge otra complicación: «Es fácil que haya parentesco» entre ellos, por lo que hay que controlar la consanguinidad», que en el caso de Eivissa llega al 20%. «A día de hoy es casi imposible que no haya consanguinidad debido a que hay pocos ejemplares», lamenta González. «En las líneas genéticas puras con las que se trabaja en las granjas llega hasta del 35%. Y se controla. Si se tiene un 20%, como en el caso ibicenco, no estáis mal. Pero que entraran animales nuevos lo mejoraría», avisa Mora. Lo cual no es fácil. En el libro genealógico (en realidad, de momento es un registro fundacional) del conill eivissenc sólo han sido inscritos 1.188 desde que se empezó a gestar.

Hay 33 criadores que poseen 182 conejos, de los cuales 130 son hembras y 52, machos

No obstante, Mora da ánimos a los criadores ibicencos: «Del conejo pardo común quedan poquísimos ejemplares. Se conocen dos criadores que los tengan auténticos. No sé cómo consiguieron el libro genealógico, pero si ellos lo lograron, el ibicenco tiene que conseguirlo por narices». En 2014 se realizó un estudio morfológico con sólo nueve conejos, una escasa muestra representativa. Ahora, el estudio zoométrico para contrastar el estándar racial ha ampliado la muestra a 40 individuos, de los que 14 son machos y 26, hembras.

Los participantes comprueban que el conejo cumple el estándar de la raza.

Los participantes comprueban que el conejo cumple el estándar de la raza. / J.M.L.R.

Mirarlo y soplarlo

La jornada está pensada para formar a jueces que sepan evaluar qué es un conill eivissenc sólo con verle la cara, las orejas, las patas y el cuello. Y si le soplan el pelaje, aún mejor, como explica Mora.

Aunque no es para ponerse exquisitos debido a los pocos conejos que hay, Mora aconseja a los futuros jueces «ser muy cabrones» a la hora de puntuar: «Hay que buscar defectos. Si el conejo tiene un ojo a la virulé, no son 13 puntos, sino uno o cero. Hay que ser muy estricto».

El estándar habla de que debe tener «un cuerpo robusto y redondeado, no alargado, estrecho por delante y en ligera forma de cuña»

¿Y cómo es el súper conill eivissenc? El estándar habla de que debe tener «un cuerpo robusto y redondeado, no alargado, estrecho por delante y en ligera forma de cuña», según Mora. Esa morfología se debe a «la elección de los payeses a lo largo de los siglos, pues seguramente el conejo entró en la isla en los siglos XII y XIII». Su tercio posterior es muy desarrollado, mientras el anterior es más estrecho: «Seguramente porque no había muchos recursos [proteicos]. Lo importante era que tuviera carne en el tercio posterior, no en el anterior. La base potente de carne está en esa parte, de ahí su ligera forma de cuña».

Orejas como mandan los cánones

Debe «estar cubierto de músculos», no de grasa. Su cabeza ha de ser «ancha y de forma triangular, con el morro redondeado; la cabeza es ligera y proporcionada al cuerpo (ni cabezón ni minúscula), ancha de frente y corta. La parte delantera de la cara es estrecha, pero no como si fuera un ratón». En el caso de los machos, el morro es menos triangular «porque tienen más carrillos».

Sus ojos han de ser oscuros. No se aceptan diluciones del iris: «El ojo azul con diluyentes no se acepta». Y eso que Mora ha encontrado ese rasgo en el 80% de los conejos analizados. Las orejas del estereotipo de conill eivissenc son «erguidas y divergentes, no más largas que la cabeza», lo cual supone «un problema serio, pues tienden a ser largas para evaporar calor; es un rasgo difícil de controlar» debido al clima de la isla. Las orejas caídas no valen. Ni las totalmente rectas.

Importantísimo: tener uñas blancas o de color hueso, transparentes. No marrones. Si tienen uña negra, puntúa bajo

Importantísimo: tener uñas blancas o de color hueso, transparentes. No marrones. Si tienen uña negra, puntúa bajo. Y el cuello («sí, tienen cuello») es «corto y no muy grueso». La cola, mediana-pequeña («cuanto más pequeña, mejor»), recta y pegada al cuerpo: «Si está caída: a la paella. A no ser que se la haya roto por accidente».

El pelaje ha de ser «denso, lustroso, que crepite al pasar la mano por encima por su carga energética». Y a la vez ha de ser flexible (para analizarlo ha de ser soplado) y de tamaño medio (2,5 cm de longitud): «Mejor tres centímetros que sólo uno».

Dos de los ejemplares de Can Musón.

Dos de los ejemplares de Can Musón. / J.M.L.R.

Cuatro variedades... de momento

El conill eivissenc es bicolor, «blanco en la cintura y en la cuña de la cabeza; de media cintura para atrás, de un color». Las cuatro patas, blancas, y la parte ventral, blanquecina. Ha de tener máscaras laterales en la cabeza «que abarcan los ojos, los carrillos y las orejas hasta la nuca de color, dejando una mancha blanca triangular en la cabeza, entre los dos ojos».

De momento hay cuatro variedades reconocidas: «Cuando tengamos unos 5.000 reproductores, buscaremos más. Ya estaré jubilado, pero da igual», bromea Mora. Los hay marrones (sólido o agutí, claro u oscuro), la variedad más abundante. También color chinchilla gris o azul con tonalidades diferentes. Es menos abundante que el marrón, pero más que el negro. El naranja es poco frecuente. Eso sí, «la raza ibicenca no se define por el color», al contrario que el conejo azul de Viena y el holandés.

Y luego hay otro rasgo que el juez debe tener en cuenta: el dimorfismo sexual. Las hembras pesan entre tres y 3,7 kilos. Los machos, entre 3,1 y 4,2 kilos. Aconseja evitar lo que sucede en razas como el gigante de España, que pese a que tiene un tope de ocho kilos, algunos criadores persiguen que pese un kilo más, quizás para que se parezca al súper conejo de Flandes, un coloso que alcanza los 20 kilos. O sea, como un border collie.

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