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Vivienda

Vicent Roig, alcalde de Sant Josep: "La propiedad de la estructura de Cala de Bou está dejando entrar a la gente a vivir para presionar al Ayuntamiento"

El alcalde advierte de que la promotora permite la instalación de infraviviendas para recuperar la licencia de obras caducada de un hotel en primera línea del litoral

Imagen de uno de los bloques de la estructura abandonada en Cala de Bou

Imagen de uno de los bloques de la estructura abandonada en Cala de Bou / Sergio G. Cañizares

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Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Sant Josep

El asentamiento de infraviviendas en la estructura abandonada de Cala de Bou, donde ha aumentado considerablemente su población y las tiendas de campaña en las últimas semanas, se está expandiendo gracias a la permisividad de los propietarios del terreno, que no están tomando ninguna medida para evitarlo. Así lo denuncia el alcalde de Sant Josep, Vicent Roig, que advierte de que se trata de una estratagema de presión de la promotora contra el Ayuntamiento, con el fin de recuperar la licencia de obras y de actividad para construir un hotel en la parcela ocupada.

"Tenemos muy claro que no aceptaremos este tipo de presiones ni esta manera de actuar. La propiedad está dejando vivir a gente dentro de la obra. No se trata de un edificio ni de un terreno, con lo que tiene unas obligaciones para garantizar la seguridad", subraya el alcalde en declaraciones a este diario. De hecho, aún figuran los carteles de obra en la valla que cierra el solar donde se encuentra la estructura, aunque tiene una entrada frente al mar que usan los moradores de las infraviviendas.

En mayo del año pasado, el Ayuntamiento de Sant Josep dio por caducada la licencia de obras de un hotel de 500 plazas en la zona de Punta Xinxó, del que solo se había construido la estructura y que llevaba años abandonado. También quedaba suspendida su licencia de actividad, que permitía que funcionara como beach club con un aforo de hasta 4.000 personas.

Con esa medida, Sant Josep iniciaba el proceso para poder derribar esa mole y acabar con un foco de degradación, pero se presentaron recursos que aún están pendientes de resolución judicial.

Responsabilidad compartida

La estructura se encuentra en un inmenso solar en primera línea del litoral, entre las calles es Caló —la principal de este núcleo turístico—, Huelva y Jaén. Aunque ya hace diez años que allí se instala gente para vivir, sobre todo durante la temporada, su población se ha incrementado con la llegada de personas saharauis que el mes pasado fueron desalojadas de sa Joveria. La Policía Local calcula que allí pernocta un centenar de personas.

Sant Josep ha podido constatar que hay "furgonetas de empresa que están recogiendo y trasladando de vuelta a gente de estas estructuras y asentamientos". Por ello, el alcalde hace un llamamiento tanto a los empresarios, para que "sean responsables de dónde y cómo viven sus trabajadores", como a la sociedad en general.

"Todos debemos poner nuestro grano de arena, no solo ir a tocar la puerta del Ayuntamiento", lamenta. En este sentido, recuerda que el Consistorio ha instalado cinco farolas en la costa frente al solar ocupado para aumentar así la seguridad, mientras que la Policía Local hace entre "siete y diez" rondas diarias por la zona, además de la Guardia Civil. También deja claro que el aumento de la inseguridad en el barrio que estaría generando este asentamiento es solo "una sensación", ya que no existe un aumento de denuncias respecto al año pasado.

Detalle de algunas infraviviendas instaladas en el interior de la estrutura.

Detalle de algunas infraviviendas instaladas en el interior de la estrutura. / Sergio G. Cañizares

Roig reacciona así a la polémica que se está generando en torno al hotel abandonado y la falta de respuesta que él echa de menos en otras administraciones y sectores, desde la Delegación del Gobierno a la Inspección de Trabajo. "Muchas de las personas [que viven en la estructura] no tienen documentación, también tiene responsabilidad el que los contrata", incide.

"Todos tenemos una responsabilidad, debemos pensar seriamente qué isla queremos. Si no podemos dar servicio a 400 habitaciones de hotel, pues habrá que reducirlas a 250. Debemos saber poner los límites nosotros mismos", concluye Roig.

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