Los remolinos, claves para impulsar la vida marina en el mar balear
Un estudio liderado por el Imedea revela cómo la fragmentación de un pequeño remolino en aguas de Baleares redistribuye energía, calor, nutrientes y carbono en el Mediterráneo

Atardecer desde el buque oceanográfico durante la campaña ‘Calypso’ en el mar Balear, en 2022. / Woods Hole Oceanographic Institution

Un nuevo estudio liderado por la investigadora predoctoral del Imedea (CSIC-UIB) Cristina Martí-Solana ha revelado cómo los pequeños remolinos marinos desempeñan un papel clave en la redistribución de la energía que impulsa el clima y la vida marina en el Mediterráneo.
La investigación, publicada en la revista Geophysical Research Letters, analiza la evolución de un remolino oceánico de unos 20 kilómetros de diámetro que fue observado en aguas del mar Balear durante una campaña oceanográfica realizada entre febrero y marzo de 2022. Durante el seguimiento, los investigadores comprobaron cómo esta estructura acabó dividiéndose en dos, un fenómeno que, según explica el Imedea en una nota de prensa, es “difícil de observar, pero fundamental para entender cómo funciona el Mediterráneo”.
Aunque estos procesos suelen pasar desapercibidos, su importancia es notable. “Durante la fragmentación del remolino, la energía acumulada en grandes corrientes se transfiere hacia movimientos más pequeños, intensos y turbulentos”, señala el comunicado remitido por el Imedea. Este mecanismo favorece la mezcla del océano y contribuye al transporte de calor, nutrientes y carbono entre la superficie y las capas interiores del mar.
“Estos pequeños remolinos son prácticamente invisibles para los sistemas tradicionales de observación por satélite. Por eso, las campañas oceanográficas intensivas realizadas en el mar Mediterráneo son esenciales para captar dinámicas rápidas y de pequeña escala que, sin embargo, tienen efectos relevantes sobre el océano”, explica Martí-Solana.
Para estudiar la evolución del remolino, el equipo utilizó una metodología novedosa basada en el muestreo repetido y de alta resolución de las corrientes marinas. A bordo del buque oceanográfico ‘Pelagia’, los investigadores cruzaron de forma reiterada una zona del mar Balear durante más de una semana y midieron las corrientes a distintas profundidades. Estos datos se complementaron con observaciones por satélite de la temperatura superficial del mar y de la clorofila.
El trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto internacional ‘Calypso’ y ha contado con la participación de la Scripps Institution of Oceanography, de la Universidad de California, y de la Woods Hole Oceanographic Institution. La investigación sitúa de nuevo al Mediterráneo, y especialmente a Baleares, como una zona estratégica para la investigación climática y oceanográfica internacional.
El mar balear, laboratorio natural único
El mar balear funciona como un laboratorio natural único para este tipo de estudios. A diferencia de los grandes océanos, las corrientes mediterráneas operan a escalas más reducidas y evolucionan con rapidez. “En estas aguas se generan remolinos, frentes y ondas internas que permiten analizar procesos difíciles de observar en otras partes del mundo”, destaca el Imedea en su nota de prensa.
Durante la ruptura del remolino, los científicos detectaron un cambio en la dinámica del agua: el flujo pasó de un estado de equilibrio a otro mucho más inestable. Este cambio favorece la mezcla vertical y horizontal del océano, un proceso esencial para distribuir calor y nutrientes y mantener la productividad marina.
El estudio también muestra que estos episodios generan movimientos verticales capaces de transportar materia orgánica y nutrientes hacia capas profundas del Mediterráneo. Este mecanismo influye en los ecosistemas marinos y en la capacidad del océano para absorber carbono atmosférico.
Además, los investigadores detectaron ondas internas que trasladan energía desde la superficie hacia el interior del mar, un fenómeno muy difícil de medir de forma directa y clave para comprender cómo se renuevan las aguas profundas.
Aunque el episodio observado fue breve y localizado, sus implicaciones son amplias. El estudio demuestra, según subraya el comunicado del Imedea, que “procesos aparentemente pequeños pueden desempeñar un papel decisivo en el equilibrio energético del océano y en la forma en que el Mediterráneo responde a los cambios ambientales”.
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