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Agricultura

La patata de Ibiza recupera el optimismo ante una campaña de récord

Las copiosas lluvias de invierno han animado a los agricultores a sembrar más semillas que en los últimos años

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Josep Àngel Costa

Josep Àngel Costa

Santa Gertrudis

La última temporada de la patata ibicenca resultó aciaga, más aún cuando se trata del principal cultivo de la isla. El escaso nivel de los acuíferos hizo desistir a muchos agricultores, temerosos de no llegar a unos niveles productivos por la falta de agua, de manera que solo se sembraron 125 toneladas, cuando la media de los últimos años ascendía a 150 toneladas. Nada que ver con el optimismo que reina ahora en el sector gracias a las copiosas lluvias de este invierno, que les ha animado a plantar 184 toneladas de semillas, la cifra más alta desde que, en 2014, el Consell de Ibiza emprendió un registro exhaustivo de las cosechas.

A pesar de todo, en el sector mantienen la cautela que siempre acompaña a las labores agrícolas, ya que aún falta un mes para llegar a la plena campaña de recogida de la Désirée, la patata roja favorita del mercado local porque es la más similar a la variedad autóctona tradicional y ofrece una calidad excepcional tanto para freír como para cocer. "Una granizada podría arruinar la patata. En el campo nunca tenemos nada seguro", subraya el director insular de Agricultura, Joan Marí.

De no surgir imprevistos, las 184 toneladas de semillas se traducirán en una recolección cercana a las cuatro mil toneladas entre las dos cosechas anuales, la de mayo-junio y la de diciembre-enero. De esta cantidad, el 60% es patata roja, mayoritariamente de las variedades Désirée y Bartina. El 40% restante corresponde a variedades blancas, entre las que está en auge la patata agria.

Nueva campaña

De toda la cantidad sembrada este año, 58 toneladas, algo más de una tercera parte del total de Ibiza, corresponden a un solo productor, Joan Tur, el propietario de Mister Chippy. Él explota tres grandes áreas de cultivo: en Sant Miquel, donde tiene la sede la empresa, Buscastell y Santa Gertrudis, que suman un total de 22 hectáreas, frente a las 70 hectáreas dedicadas a la patata en toda la isla.

La finca que cultiva Tur en Santa Gertrudis, Can Serra, ha acogido este lunes la presentación de la III Feria de la Patata de Sant Josep y la nueva campaña de este año. También está presente otro de los productores de la isla, David Marí, que ya ha podido recolectar su primera cosecha del año en Sant Carles hace diez días.

Un momento de la presentación de la nueva campaña de la patata ibicenca.

Un momento de la presentación de la nueva campaña de la patata ibicenca. / Vicent Marí.

Marí planta Bartina, que es una variedad que solo necesita tres meses desde la siembra hasta conseguir el punto óptimo. En cambio, la Désirée tarda tres meses y medio, de ahí que Tur aún deba esperar unas semanas. Hay otro factor que influye entre ambas explotaciones: Santa Gertrudis, en el interior de la isla, es más fría que Sant Carles, de ahí que se retrase más la cosecha.

La plantación de Tur está en plena floración, el momento en que "se para el crecimiento de la mata y comienza el del tubérculo", detalla, mientras arranca tres plantas para comprobar que se están desarrollando según sus previsiones. Las patatas aún son pequeñas, pero se congratula al comprobar que ha sacado 30 tubérculos.

"Buscamos que tengan un tamaño medio de entre 50 y 80 milímetros de grosor. Sacrificamos kilos de producción para mantener el calibre óptimo", precisa Tur. Para ello, siembra cada planta a una distancia de 27 centímetros, de manera que tienen espacio suficiente para desarrollar entre ocho y 10 tubérculos cada una, que es la cantidad ideal para lograr la medida estándar que buscan los supermercados. De hecho, Tur es el encargado de proveer a toda la cadena Eroski en Balears la patata a granel y las bolsas de dos kilogramos.

En cambio, para la patata que vende cortada y envasada para freír, se prefieren calibres mayores, ya que busca conseguir un corte de patata largo con tan solo introducirlas en las peladoras industriales.

"El enemigo que más tememos en plena cosecha es que llueva cuando hace mucho calor, porque no podemos entrar en el terreno a recogerlas, con lo que las patatas se quedan en la tierra y se cuecen dentro de la humedad. Esperamos que no pase esto, pero ya no depende de mí", confiesa Tur.

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