Entrevista
Obispo de Ibiza: «A los fieles de Ibiza les digo que no pueden abusar con la vivienda»
«La Iglesia de Ibiza es ahora un espacio seguro. Estamos trabajando mucho en eso», asegura Vicent Ribas respecto al caso de los abusos a menores registrado en esta diócesis. El obispo cree que se está produciendo un resurgir de la fe, apoya la regularización de migrantes impulsada por el Gobierno y anima a PP y a Vox a visitar Cáritas o un asentamiento para que «miren a la cara a la gente. Verán que hay muchísimas personas buenas que sólo vienen a buscar una vida mejor»

Sergio G. Cañizares
Cuando le entrevisté hace cuatro años y medio, en octubre de 2021, le pregunté si seguiría siendo tan cercano como lo había sido siendo párroco. Y su respuesta fue: «Intentaré ser el de siempre, fallaría si yo cambiase». No veo que haya cambiado.
Es mi manera de ser. Si alguien me dice que no soy cercano, que he cambiado mucho, pues que me lo diga, pero entonces me asustará. Uno va teniendo una experiencia, una carga de problemas, he tenido que tomar soluciones, algunas cosas a unos les gustan, a otros no, pero he de tomar decisiones. Y eso, quieras o no, va creando una forma de relacionarte con los demás. Pero intento seguir siendo cercano. Y mi conciencia me dice que aún soy como antes.
Quería ser un obispo-párroco.
Sí, muchas veces me dicen que tendría que intentar no ser tan párroco, porque me cargo con lo del obispo y con lo de párroco. Eso suele decirme mi hermana.
Posiblemente esa cercanía no sea tan frecuente en otras diócesis.
Yo creo que los obispos somos gente muy normal, muy sencilla, aunque en apariencia no lo parezca.
¿Ha tenido ocasión de escuchar el disco ‘Lux’, de Rosalía? ¿Qué le sugiere esta aproximación a símbolos o imaginarios vinculados al catolicismo?
Me produce una grata satisfacción ver que la religión ya no es un tabú. Hasta hace poco no se podía hablar de religión porque no estaba de moda o no quedaba bien. Y veo que es muy positivo que, no solo Rosalía, sino muchos otros, hablen de temas religiosos sin tabúes, que hablen de su experiencia de fe sin miedo, sin vergüenza, sin ocultarlo. Eso es la sana normalidad, el poder hablar de tu experiencia de fe, de la trascendencia. Durante años, parecía que estaba prohibido. Había gente que, pese a ir a la iglesia, decía que no era creyente. Parecía que se auto justificaba. Lo que ocurre ahora es lo normal: que la gente pueda hablar de religión de la misma manera que habla del fútbol y de su equipo, sin tener miedo a ataques, ni a bromas, ni a ridiculizaciones. Que puedan hablar de algo tan profundo como es nuestra experiencia de fe.
Y se está extendiendo. Ha ocurrido con la película ‘Los Domingos’, con grupos cuyos conciertos llenan estadios. Parece que se reabre el debate sobre la espiritualidad. ¿Cree que esto puede acercar la fe a las nuevas generaciones?
Eso que está sucediendo es también producto de una reacción, porque durante un tiempo casi parecía que estaba prohibido. Tenemos esa necesidad interior porque el hombre, por naturaleza, es un ser religioso. Unas generaciones han impedido, prohibido, de muchas formas, esa experiencia religiosa de la gente. Lo que ocurre ahora es que los jóvenes y los niños quieren saber, se abren y buscan. Lo que se les ha prohibido, lo quieren descubrir, lo quieren ver, lo quieren conocer.

El obispo, durante la entrevista en el Obispado. / Sergio G. Cañizares
Se habla de un auge de los bautizos en adultos en distintos puntos de España. ¿Ese fenómeno también ocurre en Ibiza?
Sí. Este año implantamos el catecumenado de adultos, porque tuvimos 14 bautismos de adultos. Más otros que ha habido en algunas parroquias.
¿En un año?
Sí.
¿En todo 2025?
En lo que llevamos de 2026. Esta Pascua celebramos en la catedral 14 bautismos de adultos y 50 confirmaciones de adultos. ¿Qué ocurre? Que ahora hay muchos adultos, todos de 30 años hacia arriba, a los que, de pequeños, sus padres optaron por no bautizar y por no hablarles de dios. Y esta gente tiene ahora esa necesidad. No solo nos ocurre en Ibiza, está ocurriendo en toda España y desde hace tiempo está sucediendo en la laica Francia, donde hay más bautismos de adultos que de niños. Por eso dije que teníamos que poner en marcha el catecumenado de adultos, porque no es lo mismo bautizar a un niño que no tiene uso de razón que bautizar a un adulto. Un adulto necesita un tiempo de preparación. Al niño lo bautizamos con la fe de sus padres, por eso separamos los tres sacramentos, bautismo, eucaristía y confirmación. En cambio, cuando un adulto se bautiza, recibe los tres sacramentos en una misma celebración, o sea, los bautizamos, los confirmamos y les damos la comunión. Y esto cada día irá más.
¿Y cuántos se bautizaron en 2025?
Creo que bauticé a siete en la catedral. En un año se ha doblado la cifra. También tenemos muchas más bodas: su número se está prácticamente doblando. Y este año nos ha llamado la atención la asistencia a los oficios de Semana Santa. La afluencia a las procesiones, sobre todo la del Santo Entierro fue masiva. Pese a las obras, había gente en la plaza de la catedral, en las calles, en el Mercat Vell, en todo el recorrido de la procesión.
Incluso detrás de las vallas, sobre las mismas obras.
Sí, eso me preocupaba.
¿Y tras la Semana Santa, siguen yendo a los templos?
Notamos que está subiendo la participación en la misa dominical. En Santa Creu, la iglesia está prácticamente llena en todas las misas del domingo. Hablo con los curas y me dicen que están acudiendo más fieles. La gente ha cambiado. Hay muchísimos latinoamericanos que están conservando la fe y que son los que, en gran medida, están nutriendo nuestras comunidades parroquiales.
En cuanto a la Semana Santa, se ha vuelto a generar debate. Algunas cofradías ‘ibicencas’ consideran que las ‘andaluzas’ deberían ir por una parte y ellas por otra porque sus costumbres son diferentes. ¿Cuál es su posición?
Es muy importante que vayan todas las cofradías unidas en la procesión del Santo Entierro. Yo creo que hemos avanzado mucho, que se está consiguiendo mucho. Claro, cuesta el incorporar algo nuevo a una tradición antigua. Y también las sensibilidades. Hay mucha gente de Andalucía que tiene una forma de hacer las cosas. Incluso dentro de esa comunidad, hay distintas maneras. Por ejemplo, unos pasos se llevan a costal, otros a varal, uno es más difícil de maniobrar…. Todo eso hay que ir adaptándolo. Y dentro de las mismas cofradías también hay varias sensibilidades. Cada cofradía tiene su procesión, tiene su día. Siempre digo que, dentro de lo correcto, tienen libertad para expresar y manifestar su devoción, su fe, como ellos consideren. Que quieren que la procesión dure cuatro horas, pues cuatro horas. Yo no me opongo. Es el día de su procesión. Otra cosa es cuando tenemos que ir todos juntos. Entonces sí que tiene que haber unas normas y no se pueden hacer las paradas que se hacen normalmente cuando cada cofradía sale sola. Porque hemos de pensar que cuando ellos paran, tienen que detenerse los demás, lo cual produce cortes y que se retrase. Pero creo que hemos avanzado mucho en eso y que la procesión de este año ha salido muy bien. Hubo paradas porque es necesario que las haya. Pero no fueron excesivamente largas. Siempre hay cosas que hay que mejorar. Los presidentes de cada una de las hermandades, dentro de la Junta de Cofradías, van aportando, de manera que entre todos vamos haciendo que esta procesión cada día sea mejor. Todo está más sincronizado, más organizado. He visto muchos avances y muy buena disposición por parte de todas las cofradías.
"No solo tendríamos que estar pendientes del móvil, pues la procesión es un momento de expresión pública de nuestra fe, un momento de oración"
Ha creado una especie de ‘guardia pretoriana’, de unos 14 componentes para controlar la procesión del Santo Entierro. Vestidos de negro, colocados a lo largo del altar antes de comenzar la procesión, daban miedo.
Qué va, la gran mayoría son monitores de S’Espurna. Son buenos chicos que ayudan a coordinar y a ayudar. Hace tres años, durante el Viernes Santo, estuve parado delante de la Torre del Canónigo, sin moverme un centímetro, una hora y cuarto. Nos preguntábamos qué estaba pasando delante, si se había caído un paso o enganchado con un cable. Y eso no puede ser. Esa noche regresamos a la catedral sobre las 2 o las 3 de la madrugada. Y cuando los últimos bajaron a la Marina, ya no había nadie en la calle, para gran disgusto de algunas cofradías. Y por eso creamos ese grupo: van dos por cofradía para coordinar la procesión, para preguntar qué pasa, para recordar que no se pueden parar mucho rato. Llevan ya dos años y ahora la procesión es mucho más ligera.
¿Las procesiones se están convirtiendo más en un festejo que en un acto de fe?
Hay personas que se lo tomarán como un festejo. Pero veo los rostros de la gente, cómo se santiguan, cómo miran, y me doy cuenta de que para ellos no sólo es un festejo. Allí dentro hay espiritualidad también. El Papa Francisco nos recordaba la importancia de cuidar la religiosidad popular. Porque para algunas personas es lo único que tienen. El único vínculo que tienen con la fe es la participación en la procesión del Viernes Santo. Y eso se tiene que mantener y cuidar porque es una forma que tienen de expresar su fe. No todo es folclore. También hay fe.
Antes de la procesión del Jueves Santo, el párroco de Sant Josep, Yáser Peña, instó a los fieles a que dejaran el móvil en el bolsillo y vivieran ese momento interiormente, y no pensando en el post que iban a subir a Instagram. ¿Comparte su preocupación?
Sí. Cuando entra un paso en la catedral, llama la atención ese montón de brazos levantados con el móvil en la mano. Eso lo vemos en todos los sitios, por ejemplo en los conciertos. Todo el mundo quiere inmortalizar ese momento hermoso en que un paso cruza el umbral de la catedral. Comprendo que lo quieran inmortalizar, que quieran tener esa imagen, pero no solo tendríamos que estar pendientes del móvil, pues la procesión es un momento de expresión pública de nuestra fe, un momento de oración. Estamos haciendo estación de penitencia. Yo lo recuerdo cada año. No es lo mismo un carnaval que una procesión de Semana Santa. Es un momento de recogimiento, de oración. Les digo que piensen por qué salen en procesión, que aunque es un momento de manifestación pública, también es un encuentro con el Señor.

El obispo, durante la entrevista en el Obispado. / Sergio G. Cañizares
Este año, las obras condicionaron las procesiones. ¿No se plantearon seriamente cambiar de ubicación o incluso suspenderlas?
Llegamos a plantearnos incluso hacer un recorrido por dentro de la ciudad [por el Eixample] Pero, claro, el atractivo de la procesión es la bajada desde Dalt Vila. Yo creía, la verdad, que estaría todo acordonado y que habría guardias de seguridad o policía y que no dejarían que ahí se pusiese la gente, porque tampoco era un tramo tan largo. Pero gracias a Dios no ocurrió nada, ningún incidente, y todo fue bien. En cuanto a la procesión del Convent que se tuvo que suspender, creo que eso fue un poco de falta de control. No creo que estuviese hecho con mala intención, para fastidiar. Doy las gracias a la cofradía por su actitud, por su paciencia y porque ellos mismos decidieran no salir y celebraran un pequeño acto en la iglesia. Hubo otras cosas que sí que me dolieron más, como lo sucedido durante el Vía Crucis, la mañana del Viernes Santo.
«Me sentí muy triste por lo ocurrido en el Vía crucis. Me pareció una falta muy grave de respeto»
Cuando la procesión coincidió en el puerto con la salida de la Vuelta a Ibiza en MTB, con animación, mascletà, zancudos vestidos como bolas de discoteca, música a todo volumen... ¿Cómo vivió ese momento?
Eso fue muy duro para mí. Ese momento fue de una profunda tristeza. Hay sitio para todos en Ibiza. No me voy a oponer a que hagan carreras ni a que hagan eventos deportivos, faltaría más. Pero creo que tiene que haber un respeto. Cuando hay eventos musicales o deportivos en la ciudad, a mí no se me ocurre ir a organizar una procesión donde está ese evento. Algunas veces ha coincidido el día 13 de mayo, cuando tenemos la procesión de la Virgen de Fátima, con la Feria Medieval. En ese caso, cambiamos la procesión de día. La ciudad es muy grande, tenemos espacios muy bonitos y se tendría que respetar estos días, ayudándonos a tener el recogimiento que exigen. En Platja d’en Bossa hay un paseo marítimo precioso. ¿Por qué no empiezan la carrera allí?
Lo ocurrido, ni aposta.
Es que parecía hecho aposta. Justo en el momento en que pasábamos con el Cristo por allí, se disparó la mascletà y empezó a sonar la chirigota. Eso a mí me pareció una ofensa. No sé si estaba hecho adrede, supongo que no, pero parecía que sí. Y eso que me dijeron que este año no habría música en el momento que nosotros pasásemos por allí.
Aguantó el tipo, tuvo paciencia y siguió adelante. Pero se le notaba afectado.
Me sentí muy triste porque me pareció una falta muy grave de respeto, de educación, de convivencia.
Y luego mantuvo una reunión con el alcalde. ¿Le trasladó su malestar por lo sucedido?
Había varias cosas que le quería comentar. Por ejemplo, que nos dijeron que el Domingo de Ramos se podría acceder a Dalt Vila. Yo estuve dando vueltas, de una rotonda a la otra, y no había manera. Estaba todo cerrado. Llamé al alcalde y le dije, ‘Mira, habíamos quedado en que se podría acceder al Soto y yo no puedo llegar allí’. Al cabo de un rato abrieron la avenida de Santa Eulària, pero estaba todo Dalt Vila cerrado. Empezaron todos los oficios tarde y la gente, al saber que la ciudad estaba cortada, no fue. La disposición del Ayuntamiento es buena. Yo siempre he intentado colaborar y llevarme bien con todos los alcaldes, sean del partido que sea. Intento no meterme en cuestiones políticas. Pero pediría que en los días de Semana Santa se busquen otras alternativas, que no lo hagamos todo en el mismo sitio. Yo no puedo cambiar las procesiones de sitio, yo no puedo coger la catedral y llevarla a otro sitio. La catedral está donde está, las parroquias están donde están. En Sant Antoni, el domingo de Pascua, la gente se quejó de que tampoco se podía acceder a la iglesia porque había una carrera [también la Vuelta a Ibiza]. No podían llegar a la misa de Pascua del domingo a las once porque estaba todo acordonado. La gente estaba indignada. En Sant Antoni hay muchas calles, ¿por qué tenemos que hacerlo todo alrededor de la iglesia cuando sabemos que es el día de Pascua, que hay culto, que para la gente mayor es muy difícil acceder a esa iglesia? De esto aún no he hablado con Marcos [Serra, el alcalde].
"La Iglesia es ahora un espacio seguro. Estamos trabajando mucho en eso"
¿Qué han hecho para acabar con los casos de abusos a menores en Ibiza?
Con estos temas nunca se puede bajar la guardia. Nunca. Nunca. Hemos hecho protocolos, hemos abierto una oficina donde hay gente que está muy pendiente de que se cumplan, que todo el mundo los conozca. Tenemos mucha gente trabajando en la iglesia. Monitores, profesores, catequistas, grupos de monitores de campamentos. Y esos protocolos se tienen que hacer llegar a todo el mundo. Hay que ir con mucho cuidado porque tratamos con muchos niños. Pero la Iglesia es ahora un espacio seguro. Estamos trabajando mucho en eso. Ojalá en todos los sitios estuviesen haciendo lo que estamos haciendo nosotros.
¿Ha habido alguna otra denuncia de abuso a menores tras el caso de Juan Manuel de Souza, condenado a tres años y tres meses de prisión por ese motivo?
Gracias a Dios no. Ni a la oficina ni a mí se nos ha hecho saber. Pero siempre hay que estar vigilando. Porque está ahí la debilidad, la fragilidad del hombre, el pecado. La sociedad está hipersexualizada. Estaba mirando el otro día un programa de televisión en el que hablaban de temas de sexualidad de una forma tan banal que me daba pena. Eso hace mucho daño, incita. Y lo que hay que hacer es ayudar a los jóvenes a vivir una sexualidad sana. Esto no es un juego.
Los casos de abuso suceden al revés: es el adulto el que se excede con el niño o el joven.
Así es. Que una persona tenga atracción hacia los niños, no lo puedo concebir. Me revuelve el estómago. Desde que he acompañado a algunas víctimas que tuvimos en Ibiza, a raíz del caso que tuvimos [de Juan Manuel de Souza], para mí ha sido como un antes y un después en mi vida. El acompañar a personas en este sufrimiento ha sido muy duro. Es muy duro el estar ahí, el oírlos, el ponerte en su carne. Es muy duro, por eso hay que actuar y estar ahí y hacer todo lo necesario para que eso no vuelva a ocurrir nunca.
«La religión ya no es un tabú. Esa es la sana normalidad, el poder hablar de tu experiencia de fe»
El informe de la Fundación Foessa sobre la vivienda en Ibiza es demoledor. Habla de un fallo de sistema, de la falta de respuesta institucional, de un infierno inmobiliario. ¿Qué cree que deberían hacer las administraciones?
Es un problema muy complejo. Soluciones no tengo, pero veo que hay mucha vivienda cerrada. Lo que no puede ser es que en un lugar donde se puede construir una vivienda, debido a la burocracia se tarden cuatro, seis, diez o, como en el caso de un familiar mío, 20 años en conseguir una licencia. Se tendrían que agilizar todos los plazos. Y hay mucha construcción ya hecha que a lo mejor se podría reconvertir en vivienda. ¿Por qué ponen tantas trabas? Y después, como obispo, como pastor de la Iglesia de Ibiza, apelo a la conciencia de los cristianos, pues no se pueden cobrar según qué alquileres.

El obispo, durante la entrevista en el Obispado. / Sergio G. Cañizares
¿Echa la bronca a sus fieles por cometer el pecado capital de la codicia en el mercado inmobiliario?
Les digo constantemente que no pueden sacar inmuebles al mercado a esos precios. No se puede abusar como se está abusando.
¿Ha visitado algún asentamiento?
Sí, visité el asentamiento de Can Rova. Me sentí muy mal cuando vi a esa gente viviendo en esas condiciones. Cuando vi a esos niños por ahí corriendo y uno me dijo, ‘te vi cuando viniste a la visita pastoral en la clase de religión’. Había cables por todos los lados. Es muy injusto. Esa gente debería tener una vivienda digna. Pero es la pescadilla que se muerde la cola, porque para tenerla deberían disponer de papeles [permisos de residencia y trabajo]. Por eso yo estoy de acuerdo con esta regularización de migrantes en situación irregular que está haciendo el Gobierno.
Resulta contradictorio que la Iglesia esté de acuerdo mientras el PP y Vox, cuyos votantes se supone que son mayoritariamente cristianos, se oponen a esa regularización.
Puedo entender que en la regularización se nos vayan a colar caraduras, gente que viene a aprovecharse, que no quiere trabajar. Es un riesgo. Pero eso no sucede con la gran mayoría. Les diría a esos que hablan y que se quejan que vengan un día a Cáritas o que vayan a un asentamiento y miren a la cara a la gente, que la miren a los ojos, que escuchen su historia. Verán que hay muchísimas personas buenas que sólo vienen a buscar una vida mejor. Yo anuncio el Evangelio, Mateo 25: ‘Venid a mí, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber. Estuve enfermo y en la cárcel y me visitasteis’. Y después, el Evangelio tiene una afirmación muy dura: ‘Fuera de mí, malditos, porque tuve hambre y no me disteis de comer. Tuve sed y no me disteis de beber. Estuve desnudo y no me visitasteis’. Yo no quiero ser un maldito. Considero que estos son los prójimos que el Señor nos pone ahora en nuestro camino. ¿Y cómo tratamos a estos prójimos?
"Los migrantes se someten a abusos por parte de algunos empresarios porque no tienen más remedio que aguantar. Y eso no puede ser
Pues a una buena parte se les niega la gratuidad del autobús por carecer de DNI o NIE.
Eso es muy duro. Por eso es importante que todas estas personas se regularicen. Ellos ya están trabajando, pero desde el momento de regularizarse lo harán en condiciones. Están sufriendo muchos abusos. Me he reunido con inmigrantes en parroquias y ellos aceptan someterse durante años, hasta poder conseguir los papeles. Se someten a abusos por parte de algunos empresarios porque no tienen más remedio que aguantar. Y eso no puede ser.
El Papa León XIV visita en breve España. Trump le ha acusado de poner en peligro a muchos católicos, de estar a favor de que Irán tenga armas nucleares. Le llama débil. El Papa le ha respondido que no tiene miedo y que seguirá hablando de la guerra. ¿Qué le parece ese enfrentamiento y que Trump se disfrace, mediante IA, de Jesucristo o de Papa?
Me provoca disgusto, perplejidad, pena. Pena porque debería ser un referente para toda la sociedad.
León XIV dice que el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos.
Tiene muchísima razón. El Papa está en su lugar, es quien es y tiene que continuar anunciando la verdad.
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