Tradición
Donna Gomirato en el último día de feria en Dalt Vila: "Visitar Ibiza Medieval siempre es un acontecimiento especial, sobre todo para los niños"
El sol da una tregua y permite que los ibicencos salgan a la calle el último día de Ibiza Medieval. Dalt Vila se llena de niños y las familias aprovechan para enseñar a los más pequeños costumbres, memoria e identidad ibicenca, mientras los alejan de las pantallas, entre juegos de madera, atracciones manuales y relatos sobre la isla.

Estela Torres Kurylo

Con tres palmadas, las artistas de Idam Kids Ibiza invitan a una decena de niños en el parque Reina Sofía a curar a la sociedad «de la fiebre que hace que lo olvide todo». «Los niños y las niñas tienen muchas ganas de aprender las costumbres ibicencas», anuncian en la actuación ‘Pita y Piti salvant l’Ibiza tradicional’ que ofrecen a las once de la mañana. Van a tratar de «salvar» la isla mientras, en este y otros tantos puestos de la feria medieval, todos vuelven a la infancia.
«Llama la atención que sean tan pequeños y sepan jugar al ajedrez», observa Beatriz Climent frente a una decena de juegos de madera alrededor de los que se agrupan más de veinte menores en la plaza del Parque. Trabaja en un negocio familiar que los ha traído desde Alicante para la Ibiza Medieval y celebra que, por fin, haya salido el sol. La plaza está llena de niños que se turnan para apilar anillas, disparar a una diana con sus arcos, hacer castillos de arena o jugar en minimesas de billar o ping pong.
«Son juegos que ya no se usan en casa y ellos no saben que eran aquellos a los que jugaban sus padres de pequeños», lamenta Climent, que es consciente de la adicción que causan las pantallas en estos tiempos: «Es muy difícil desengancharlos, pero somos los primeros culpables», añade. Por esta razón le sorprende (y aplaude) que sepan ponerse frente al tablero y distinguir peones de alfiles. Además, cuenta que el juego genera una bonita conexión: «A veces hay un niño que no encuentra con quién jugar y tiene que interactuar con otro al que no conoce y se hacen amigos», detalla Climent.
Conexión a pantallas y falta de atención
«También les gustan las sillas voladoras o el barco-columpio», indica Manuel Muñoz, empleado en la empresa Momu 5 que ha traído decoración y algunas de estas estructuras a Vila. Todas ellas funcionan manualmente y hay pequeños a los que les desconcierta que no tengan motor, explica Muñoz, mientras un niño resume el asombro que provocan: «¡Un barco pirata de columpio!», grita al llegar a la altura de este.
«¡Por ahí no!», alerta al mismo tiempo un padre que descubre que su hijo quiere pasar bajo las vallas que limitan las sillas voladoras. Junto a ellos se forma una larga cola delante de la noria de madera, una de las atracciones favoritas junto a las camas elásticas.
Las risas de los niños muestran que la diversión está garantizada y que esta puede existir lejos de los dispositivos móviles. «Esto es lo que más les fascina y me da pena que esté tan pocos días», indica Paqui García García, mientras su hija apunta a la diana.
Este domingo es el primer día que se han acercado a Ibiza Medieval porque vienen desde Sant Josep y no querían arriesgarse a perder alguno de los talleres por el mal tiempo. García cuenta que aprovecha todo lo que suponga salir de casa porque significa que su niña estará menos expuesta a las pantallas. «Estamos creando niños tontos», advierte, antes de señalar que, por mucho que trate de limitarlas o prohibirlas, nota que a su hija le cuesta mantener la atención en una cosa durante mucho tiempo: «Hemos visto ‘Frozen’ en una semana y llevamos siete años sin ir al cine porque no presta atención», confiesa. Por esta razón, García indica que se le «queda corto» que estos juegos no ocupen con más frecuencia las calles ibicencas.
«Nos encantaría encontrarnos con una plaza así más veces», coincide Donna Gomirato, que vive en Ibiza con su marido y sus dos hijos. «Muchas veces vamos a Santa Eulària porque parece más familiar y los fines de semana Jugueroix coloca los juegos de madera», apunta. Gomirato se alegra de que este último día de feria haga buen tiempo: «Visitar Ibiza Medieval siempre es un acontecimiento especial. Sobre todo para los niños, que buscan juguetes de madera y al final siempre consiguen irse con uno nuevo a casa», revela.
Yolanda Martín sabe de lo que habla Gomirato: «Los juguetes de madera son los favoritos de los niños. A mí ya me conocen y vienen a buscarme», afirma. Martín trabaja en el puesto que la compañía Cabalburr coloca después del patio de armas de Dalt Vila y vende una gran variedad de artículos: «Les gustan los arcos, los barcos, los escudos, las espadas...», enumera.
«En Ibiza no tiene que haber ningún crío sin katana»
Desde el punto de vista de Martín «los niños quieren madera» y, si en algún momento pasan demasiado tiempo entre pantallas, luego buscan un juguete físico como el de los dibujos animados que miran en la tele: «Ven la serie esa de los ninjas y quieren katanas. Además, no les vale con una, piden las dos porque hacen el gesto del personaje cuando las saca de su funda. Yo creo que en Ibiza no tiene que haber ningún crío sin katana», bromea.
Por otro lado, explica que en algunas ocasiones «en el cole les dicen que se disfrazarán de medieval y también vienen buscando cascos o trajes, que ahora ya no quedan». Aunque su puesto ha estado abierto los cuatro días de la feria, hacía falta el sol para que la gente se animase a salir de casa: «Ha ido bien por las tardes, cuando dejaba de llover, pero el tiempo ha fallado mucho. Hoy [por el domingo] es el primer día que estamos en Ibiza Medieval de verdad», considera.
También lo evidencia el gentío que recorre la ciudad amurallada a mediodía, una imagen poco habitual este fin de semana. Los hijos de Marta García y Aida Suárez quieren subirse todo el rato a las diferentes atracciones que hay en la zona de juegos colocada cerca de es Polvorí. Aquí también hay noria, camas elásticas y sillas voladoras, al mismo precio que en la plaza del Parque: una atracción cuatro euros, cuatro por 15. «Lo piden una y otra vez, pero lo malo es el precio», coinciden ambas. «Entiendo que tengan que cobrarlo y ganar dinero, pero quizá el Ayuntamiento podría asumir una parte del coste en estas cosas de niños», opinan.
Por otro lado, aplauden que esta sea la primera edición sin justas de caballos y señalan que en la próxima también podrían excluirse las exhibiciones de cetrería: «Mi hijo de cuatro años me preguntaba por qué estaban las aves enganchadas. Tenía muchas ganas de verlas pero pensaba que estarían libres», comenta Suárez. Por eso considera que «lo más bonito» es ver a los niños jugar y descubrir «cosas tradicionales».
«Para los niños es muy guay porque, por rutina, no solemos subir a Dalt Vila y es la excusa para enseñarles cultura», añade Rocío Hormigo, a la espera de que su hija pueda subir a la noria. «El autobús ayuda a que podamos llegar y, estando aquí, te obligas a ver el mercado», señala. Esta es, sin duda, otra forma de «salvar» la Ibiza tradicional, como prueba el padre que observa Sa Penya y le cuenta a su niña: «Això era es barri des pescadors».
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