Entrevista | Anthony Mercolino Escritor y Activista LGBTIQ+
Anthony Mercolino, escritor y activista LGBTIQ+, en Ibiza: "Lo que me hizo mi padre cuando confesé mi homosexualidad fue lo más brutal que se le puede hacer a un niño"
El autor y activista LGBTIQ+ Anthony Mercolino dio una charla, organizada por la asociación Sa Clau de S'Armari, este viernes por la tarde en la Plataforma Sociosanitaria de las Pitiusas sobre su libro: 'El diario de AJ: un alma resiliente'
La obra está basada en hechos reales y aborda el maltrato infantil, el abandono y el proceso de reconstrucción personal

Anthony Mercolino con su libro ‘El diario de AJ: un alma resiliente’. / Vicent Marí

El autor y activista LGBTIQ+ Anthony Mercolino dio una charla, organizada por la asociación Sa Clau de S'Armari, este viernes por la tarde en la Plataforma Sociosanitaria de las Pitiusas sobre su libro, 'El diario de AJ: un alma resiliente', basado en su propia historia, en el que aborda temas como el maltrato infantil, el abandono y el proceso de reconstrucción personal. Previo a la charla, accede a una entrevista con Diario de Ibiza.
¿El libro surgió a raíz de su propia historia?
Sí, al principio fue un trabajo psicológico y una de las terapias que hice fue escribir un diario. Básicamente, desbloquear recuerdos que podía tener desde la infancia para tratar el tema de la ansiedad, etc. A lo largo de los años se convirtió en un documento gordo de 500 páginas, como para escribir un libro, y fue así cómo empezó todo. No tenía ni idea de escribir un libro. Servía para poder vaciar mi mente de pensamientos y así fue.
Al principio, ¿qué es lo que más le marcó a la hora de escribir estas páginas en Word?
Recorrer toda mi infancia fue la parte más dura. Ha habido muchos momentos de cerrar el ordenador y decir "no, ya está, no quiero seguir escribiendo, no quiero recordar". Tenía problemas de aceptación conmigo mismo y pesadillas por las noches. De hecho, estoy casado, llevo con mi marido casi diez años y había cosas que ni siquiera él sabía.
¿Nunca antes de las sesiones con el psicólogo había querido escribir su historia?
No, porque luché contra mis propios demonios toda la vida. Parte de ello fue intentar olvidar y no pensar en lo que me pasó. Siempre fue luchar, seguir adelante, ponerme objetivos, pero nunca me paré a pensar de dónde venía y lo que había pasado. El hecho de pararme a pensar y recordar me dolía mucho, así que me construí una doble vida. En el libro lo cuento, que al irme de Italia, me fui con mi mejor amigo y cuando aterrizamos en Londres lo primero que le digo es: "Quiero que a partir de ahora digas que somos hermanos, que tu familia es la mía". Me construí un alter ego.
¿No querer pensar en las cosas fue más difícil que luego publicarlo en el libro?
Una mezcla de las dos: creo que al final era una manera de autoprotegerme. Hay una frase que digo al comienzo del libro: "Yo nací y crecí en el infierno". Sobreviví a una infancia de abuso y construí una vida desde cero. Si en algún momento me paraba a pensar en lo que me estaba pasando entraba en un bucle de autodestrucción, y no podía permitirme esto. A la hora de salir del entorno de donde venía y de revivirlo ha habido momentos en los que mi cerebro no quería hacerlo. Solo hoy en día, casi 40 años después, pude expresarlo. Los primeros años de promoción del libro siempre decía que estaba basado en hechos reales de una persona que no conozco. La primera vez que lo dije fue en una presentación en Madrid, en la Fundación Soñar Despierto, que apoya a adolescentes de toda España que están a punto de salir de casas de acogida. Ellos tuvieron una infancia parecida a la mía, algunas más duras, de hecho. Allí fue la primera vez que lo dije. Empaticé tanto con sus historias que acepté que soy el personaje del libro, pero, a veces aún me cuesta hablar del tema.
Que le pase algo así a un niño debe cambiar su vida por completo.
Sí. Cuando naces en un entorno parecido al mío, con dos padres adictos al alcohol y la droga, que nunca estaban en casa y que cuando venían lo único que hacían era pelearse entre ellos o pegarse... Cuando naces y vives en ese entorno tú crees que eso es lo normal. El hecho de que mi madre volviera borracha, vomitando, a casa y que con diez años tuviera que ayudar a limpiar eso, que cuando se le pasaba la borrachera me pegara, ver a la policía cada dos por tres en mi casa o ir al hospital y decir que me había caído cuando no me había caído, para mí era lo normal, lo que conocía y vivía: el pan de cada día. Mi madre se fue cuando tenía doce años, se escapó de casa. A los catorce se fue mi padre, cuando le dije que era homosexual y cuando empecé a ir a casas de acogida. Allí es cuando alcancé la libertad y me di cuenta de que lo mío no era normal.
¿Cómo vivió esos momentos?
He vivido años con mucha rabia, muchos rencores, enfadado con la vida, y todo me parecía mal, injusto y me costaba querer y dejarme querer por los demás. Siempre tuve la idea de que alguien te podría hacer daño y no era capaz de ver lo bueno en las personas. Esto me obligó a tomar, por lo menos en mi caso, un rumbo de autoexigencia y perfeccionismo que tampoco era sano. Salía de la casa de acogida, me enfoqué muchísimo en el deporte, trabajar, ganar dinero, desarrollé problemas alimenticios porque me veía gordo todo el rato... Quería ser la persona perfecta, el novio perfecto, el amigo perfecto, el trabajador perfecto, pero me olvidaba de que lo más importante era yo. Hasta que no fui padre y encontré el amor de mi marido no supe quererme lo suficiente.
¿El cambio real fue cuando conoció a su marido y fue padre? ¿O fue antes?
Empezó en Londres cuando pude dejar Italia e irme a un país donde no me conocían, donde no sabían nada de mí, de mi familia y de mi historia, pero también lo pasé mal. Tenía 18 años y solo 200 euros, una mochila y ningún lugar a donde ir. Tuve suerte porque encontré trabajo el primer día que aterricé, y un trabajo que me daba la posibilidad de ganar dinero cada semana. Pero fue difícil, no todo es tan bonito como se ve.
¿Cuando se fue a Londres, su amigo supuso un gran apoyo?
Sí, claro. Tomás es la persona a la cual le debo todo. No es solo mi mejor amigo, es mi hermano. Hoy en día todo el mundo lo conoce como mi hermano y él y su familia fueron la familia que elegí.
¿Después de todo lo que ha ocurrido está en contacto con alguien de su familia de sangre?
Tuve un punto de inflexión a los 30 años, cuando lo había alcanzado todo: tenía un trabajo superimportante, había ganado dinero, vivía en una casa espectacular, mi novio de aquel entonces era director de un banco, hasta fui el director de la empresa en la que trabajaba. Ahí me di cuenta de que, tras tanto luchar, tanto conseguir, al final, no era feliz. Me di cuenta de que esta no era la vida que quería, estaba huyendo de todos mis problemas, de mi tristeza, de la rabia que tenía. En una crisis de pareja que tuve con mi ex, me di cuenta de que estaba con él por su posición social, más que por el amor que sentía hacia él, y no sabía cómo dejarlo. Fue ahí cuando un día abrí una caja y encontré un diario pequeño que siempre llevaba a todos los lugares a los que iba. Leí algunas cosas que había escrito de mi madre y decidí volver a llamarla casi 20 años después.
¿Y contestó?
Sí, contestó. Fue difícil la llamada porque ella no se lo esperaba y yo tampoco. Los dos hablamos de lo que había pasado a lo largo de los años. No me pidió perdón como tal, pero entendí que también lo pasó muy mal porque acabó viviendo en la calle y me contó su experiencia. Pero me di cuenta de que ya había pasado mucho tiempo y que no era el niño de entonces. Ya no necesitaba a nadie que me quisiera, que me diera cariño, que me dijera que era perfecto y que no me abandonara. Me di cuenta de que me había olvidado de que la persona más importante era yo, la única persona a la que tenía que cuidar y amar. No supe reconocerlo hasta que no llegué a ese momento. La conversación fue fría. Al cabo de pocas semanas, decidí coger un avión e ir a Italia. Me reencontré con mi madre, con mi hermana, con mi padre. Desde entonces no había vuelto a verlo.
¿Desde que se fue cuando tenía 14 años?
Sí, porque lo que me hizo cuando le confesé mi homosexualidad fue la cosa más brutal que se le puede hacer a un niño. Hoy en día, aunque en mi corazón quiera perdonarle, no soy capaz de olvidarlo. Volver a ver a mi hermana y a mi madre fue raro. Mi madre sigue en su línea de siempre. Hoy está limpia, está bien, pero sigue siendo una mujer que piensa solo en ella misma, que pide dinero y luego desaparece por varios meses sin contestarte al teléfono. La vida la castigó mucho, pero ella nunca cambió.
¿Con su hermana tiene relación?
Desde entonces nos hemos visto un par de veces. Ahora mi familia en Italia está siendo muy mediática. Desde diciembre no paran de hablar de mi hermana en todos los medios: a su hijo le hicieron un trasplante de corazón y le pusieron un corazón quemado. Falleció en diciembre. El trasplante era de un corazón que no funcionaba. No fui capaz de ir al funeral de mi sobrino, pero, no obstante, la quiero. A mi sobrino ni siquiera lo vi. No fui capaz de volver a Italia, ni a ver a mi familia y, sobre todo, no soy capaz a día de hoy de volver a encontrarme con mi padre.

Un momento de la charla del activista LGBTIQ+ ayer en la Plataforma Sociosanitaria. / Vicent Marí
¿Le gustaría destacar alguna parte del libro que sea su preferida?
Sí, creo que cada persona tiene su vivencia: nunca hay que pensar que alguien tiene la vida perfecta. Hay cosas que no se pueden olvidar, pero decides qué haces con tus circunstancias. Lo que cuento en el epílogo final del libro es que he vivido una montaña rusa de emociones, pero por más que mi infancia fuera desesperada y horrible, aprendí mucho. Conocí a un montón de gente buena y la vida es maravillosa. No te puedes encasillar en el papel de víctima todo el rato. Hay que entender que las cosas que te pasan a veces no pasan por una razón, pasan porque tienen que pasar. Lo más importante es vivir el momento aquí y ahora, luchar por tus derechos, por amar a la persona que quieras, por tener los amigos que quieras, para librarte de una situación que no te gusta o para despertarte por la mañana y sonreír.
¿Cambiaría algo de lo que le ha pasado?
No, porque todo lo que me ha pasado me ha hecho la persona que soy hoy en día. Podría haberme quedado en mi pequeño pueblo, haber seguido las raíces de mi familia entrando y saliendo de la cárcel cada dos por tres, o metiéndome en la droga. A lo mejor hoy no estaría vivo, pero no. Al final, la vida me ha dado mucho. Hoy en día vivo aquí en España, un país que adoro, que me ha acogido desde el primer día con los brazos abiertos. Para mí, haber podido casarme con un hombre, poder ir al ayuntamiento a hacer una solicitud y ser padre y haber podido formar mi familia es la cosa más bonita que tengo. Esta pequeña criatura que cuando llego a casa abre la puerta y me dice "te quiero papá". Si todo lo que he tenido que vivir me acaba llevando hasta aquí, lo volvería a hacer mil veces porque hoy soy la persona más feliz del mundo.
¿Qué quiere transmitir con sus charlas?
Compartirles mis vivencias, escucharles. Espero que ellos también se abran y compartan sus vivencias. Y, sobre todo, darles fuerza, esperanza y trasmitirles que se puede. Si tú quieres cambiar tu vida, mejorarla y ser feliz, se puede, mientras puedas abrir los ojos y respirar, hay oportunidad. No importa la edad, tus condiciones, tu enfermedad, tu situación o el dinero. Dos veces en mi vida me he subido a un avión, me he ido a otra parte del mundo sin nada y lo he conseguido. Si yo puedo, viniendo de donde vengo, todo el mundo puede.
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