Feria
Manuel, vendedor de quesos y embutidos, a horas de la Ibiza Medieval: "Esta es una feria muy fuerte, hay que aprovechar"
Comerciantes ultiman este miércoles el montaje de sus puestos en Dalt Vila y alrededores para los cuatro días que durará la feria

Claudia Marí

Dalt Vila y sus alrededores se engalanan para la celebración de la Ibiza Medieval 2026. Durante la mañana del miércoles, comerciantes de la feria trabajan en el montaje de sus puestos en las calles del casco antiguo. Decenas de coches con la autorización de carga y descarga en el parabrisas y tablones y hierros para el montaje de los estands inundan las calles de Dalt Vila, que ya cuenta con la Plaça de Vila y de dels Desemparats luciendo su reciente remodelación.
El viaje temporal comienza a notarse ya en Vara de Rey, donde, aunque siguen las obras en la zona en la que se ubicará el nuevo reloj, ondean banderolas medievales. Los comerciantes montan sus puestos mientras los turistas pasean por la zona. Curiosean los puestos que, ya más avanzados, empiezan a exponer algunos de sus productos y preguntan en la caseta de información turística. Muchos provienen del crucero que está atracado en el puerto de la ciudad.
Caminando en dirección al barrio de la Marina, la calle de Antoni Palau y la Plaça de la Font están ya cortadas al tráfico. Se encuentra allí el primer gran puesto gastronómico de la feria, que cuenta con bancos de pícnic para comer. Aunque oficialmente la inauguración del Ibiza Medieval es este jueves, ya trabajan para encender los fogones. "¿Abren hoy [por el miércoles]?", pregunta curiosa una mujer. "Nosotros, sí", responde tajante el cocinero. Una furgoneta de carga y descarga pita insistentemente para alertar a peatones de la maniobra que va a hacer para aparcar. "¡Deja ya de pitar así!", le amonesta uno de los policías locales presentes en la zona.
Entre los transeúntes, la mayoría de los presentes son turistas, como Andrew, un turista británico que visita la isla durante esta semana y que en su paseo por el casco histórico se ha topado con el montaje de la feria. "Nos acercaremos otro día para verla", comenta el hombre.
La Plaça de Vila, reformada
La Plaça de Vila muestra una imagen renovada, totalmente diferente a la que lucía hace unas pocas semanas. Los trabajos de reforma que se estaban realizando han concluido y los restaurantes tienen ya listas sus terrazas. También en la calle des Desemperats y sa Carrossa presumen de nuevos adoquines de piedra recién instalados. No está lista aún, sin embargo, la calle del General Balanzat. Aunque no se observan obreros en la zona ni material de construcción y está más despejada, sigue con parte de la acera aún en obras. Ninguno de los comerciantes montan su tenderete en esta calle este año, como solía ser habitual en otros años.

Trabajadores preparan los puestos del baluarte de Santa Lucía / J.A. Riera
En el baluarte de Santa Llúcia trabajan, entre broma y broma, los comerciantes de la zona, la mayoría de ellos de puestos gastronómicos, aunque también los hay de cócteles y bebidas. "Aquí podríais haber traído un foco o una lucecita, para la noche", explica entre risas uno de los trabajadores a su compañero mientras señala la zona que considera que será "más oscura". Su nombre es Marcelo y atiende en un estand del grupo AGR. "El puesto grande lo tenemos en la parte de abajo, que es donde está nuestro pulpeiro y preparará raciones de pulpo allí", explica Marcelo, quien explica que además cuenta con otro puesto en la parte alta de Dalt Vila. "Venimos de Jaén y todas las carnes que traemos vienen de allí. Ofrecemos raciones de chipirones, de morcilla, de calamares o pinchos morunos", afirma el hombre, que dice tener intención de comenzar a trabajar ya esta misma noche [por la noche del miércoles].
Con la música de fondo del crucero atracado en es Botafoc, que suena a todo volumen, ultiman sus preparativos diferentes puestos de artesanía y gastronomía árabe. Lo hacen luchando contra el viento, que a esas horas les golpea con fuerza al estar junto a la muralla, muy expuestos. Un hombre que termina de montar su puesto de platos y tajines sujeta uno de los postes de su pequeña carpa. Trata de terminar de reforzar la estructura, aunque le faltan manos para sujetar lo que ya está en pie cuanto llega una ráfaga de aire. También las lámparas se balancean peligrosamente. "Molesta bastante el viento", lamenta Imane, quien prepara sus surtidos de baklavas, haciendo las delicias de los turistas que pasan por allí. Llevan varios años viniendo a la feria medieval de Ibiza, cuenta, y siempre con buenas sensaciones.

Preparativos de la feria Medieval en Dalt Vila / J.A. Riera
Frente a Can Botino y en el carrer de Pere Tur, cinco furgones descargan tablones y estructuras metálicas para montar sus estands. "Soy un poco toca pelotas, pero creo que ahora sí que está", ríe una mujer junto a su compañera al terminar de enderezar una de las mesas. Frente a este revuelo aún en pleno montaje destaca un puesto de jabones artesanales colocados cuidadosamente. "Hemos venido muy pronto, llevamos montando todo desde las 8 de la mañana y todavía nos queda un rato", explica Melania, propietaria del puesto de Mel Ibiza. Cuenta que esta es la única feria en la que suele participar, ya que acostumbra a trabajar en su local de Ibiza. "Son cuatro días muy intensos, de empezar sobre las 10 de la mañana y, sobre todo el fin de semana, terminar a la 1 de la madrugada, pero merece la pena", confiesa Melania.
Coincide con ella Manuel, que termina de colocar los quesos y embutidos sobre la mesa de su puesto. "Van a ser cuatro días fuertes", ríe Manuel sin dejar de trabajar. "Esta es una feria muy fuerte y viene mucha gente, tanto turistas como residentes. Hay que aprovechar y cogerlos con fuerza", cuenta el trabajador.
"¿Sabes cómo se monta?", pregunta un hombre mientras descarga uno de los tablones para montar la mesa del puesto a su compañero. "Claro, esto es como la feria de mi pueblo", responde alegre.
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