Vivienda
Chabolismo en Ibiza: del poblado de sa Joveria a una estructura abandonada en Cala de Bou
Aumentan los residentes en la estructura abandonada de Punta Xinxó tras el último desalojo de un asentamiento en Vila
Sant Josep no puede derribar estas edificaciones hasta que se resuelva el recurso presentado por la propiedad

Sergio G. Cañizares

Con los dos últimos desalojos en sa Joveria y Can Misses, la ciudad de Ibiza parece quedar libre, de momento, de grandes asentamientos chabolistas que no han dejado de proliferar en los últimos años. Sin embargo, el problema, lejos de solucionarse con unos precios de la vivienda desorbitados, simplemente se ha trasladado, como se pone de manifiesto en los últimos días en Cala de Bou.
La gran estructura abandonada junto a Punta Xinxó, donde en 2006 comenzaron las obras del frustrado hotel Bahía del Mediterráneo, suma más de diez años reconvertida en un poblado de infraviviendas que multiplica sus residentes al inicio de temporada. Se trata de un inmenso solar junto a la playa, enmarcado entre las calles es Caló —la principal de este núcleo turístico—, Huelva y Jaén.
Todo el perímetro del terreno está cerrado por una valla, cubierta por una tela verde de 1,7 metros de altura, de manera que no hace falta ser muy alto para ponerse de puntillas y observar todas las tiendas de campaña más recientes que se han instalado. A las diez y media de la mañana del lunes, una joven irlandesa, que pasea con su perro y reside en Cala de Bou, asegura que jamás ha tenido problemas con la gente que vive en esas condiciones, pero entiende que haya vecinos indignados por la imagen de degradación que aporta al barrio.
Si se rodea la parcela hasta el mar, se llega a un hueco que sirve de entrada. Da paso a una gran explanada que parecía destinada a la zona de piscinas del hotel. Enfrente se levantan tres bloques unidos, de planta baja y cuatro pisos. En dos de ellos solo existe el esqueleto de la obra, pero en el lado que da a la calle Huelva, donde en algún punto se suma una quinta planta, se llegaron a construir paredes de ladrillo y los muros de los balcones. Esta parte, resguardada, es la que está más densamente poblada.
Se observa a alguna persona oteando desde los pisos superiores, que desaparece al ver a la prensa curioseando por el recinto. Frente a un rincón de la planta baja, un hombre de unos 35 años se cepilla los dientes, con una toalla sobre la cintura, y emplea una garrafa de ocho litros para asearse. Responde al saludo con amabilidad, pero se muestra esquivo a entrablar conversación.
«No hablo bien español», se justifica inicialmente, pero acaba explicando que es de Senegal y que lleva diez años bajo los toldos, telas y maderas con las que han ido improvisando docenas de habitáculos. Indica que vive todo el año aquí, no solo en temporada, y que trabaja en la construcción. «Es duro vivir aquí», admite. Recomienda a los periodistas ir a hablar al otro lado de este bloque, habitado por marroquíes, o preguntar a un amigo y vecino suyo que domina más el idioma. Este último también recela de la prensa después destapar la tela que rodea su infravivienda.

Ropa de trabajo tendida en la planta baja del edificio. / Sergio G. Cañizares
«Tengo que irme a trabajar, no tengo tiempo», se excusa mientras se peina la barba. También es senegalés y llegó a este lugar seis años atrás. Solo le da tiempo a añadir que trabaja en Platges de Comte antes de disculparse y volver a parapetarse detrás de la tela. A unos veinte metros, en otra galería de la misma planta baja, otro hombre, de mayor edad, parece tender la ropa. No tiene inconveniente en hablar, siempre que sea sin aparecer delante de la cámara.
Tiene 66 años y lleva más de 30 en Eivissa. Siempre trabajó en la construcción. «Ahora solo cobro una pensión de 1.023 euros», detalla. Su familia vive en una casa no muy lejos, también en Cala de Bou, y tiene otra a medio acabar en Marruecos. Confiesa que hace un año tuvo que abandonar su vivienda porque tiene una orden de alejamiento de su mujer.
Antes de despedirse, comenta que en las últimas semanas se está instalando mucha más gente en las plantas superiores del edificio, aunque ahora quedan pocos porque la mayoría se ha ido a trabajar. «Cada día vienen cinco o seis personas», asegura.
La zona de sa Joveria
La Policía Local de Sant Josep difundió el pasado viernes el vídeo grabado tras recorrer esta parcela para un control de los asentamientos en el municipio. En esta inspección, que llegaba después de varias quejas vecinales por el abandono y degradación de la zona, los agentes estimaron que, actualmente, residen un centenar de personas en el hotel inacabado.
En los huecos donde tenían que ir los ascensores y en varios sótanos se acumulan montones de basura. En algunos recovecos libres de habitáculos, un fuerte hedor evidencia que se usan como retrete.
En la primera planta, en los últimos días se han montado varias tiendas de campaña y una zona de habitáculos con personas de bastante menor edad. Algunos de los que están presentes se van al ver a la prensa subir al piso, pero uno de ellos accede a conversar, brevemente, al toparse con ellos por sorpresa.
Cuenta que tiene 27 años, trabaja en un restaurante y es saharaui. Antes estaba en la Península, donde disponía de un techo en condiciones, pero desde que llegó a Eivissa, hace seis meses, se instaló en sa Joveria. Tras el desalojo de hace poco más de dos semanas, se ha trasladado a Cala de Bou junto a varios compatriotas, comenta antes de irse.
Al llegar a otra estancia del mismo piso, tres personas dejan claro que no quieren hablar y desaparecen. Llega otro joven y explica que, tras el desalojo de sa Joveria, tienen miedo de hablar con la prensa, sobre todo tras las últimas informaciones que han aparecido sobre este enclave abandonado. «Parece que somos basura y solo somos personas que trabajamos», sentencia.
Enseguida se le calman los ánimos, pero insiste en que, dada su situación, prefieren quedar al margen de declaraciones. Se despide amablemente.
Derribo pendiente
El Ayuntamiento de Sant Josep dictó el año pasado la caducidad de la licencia de obras que, en 2006, concedió a la empresa Cala Xinxó SL para construir el hotel Bahía del Mediterráneo. La portavoz municipal recordó ayer que, de momento, el Ayuntamiento no puede seguir tramitando la orden de derribo para retirar toda la estructura hasta que la Justicia resuelva el recurso que interpuso la propiedad contra la administración.
Sant Josep también confirmó que en este asentamiento vive un menor con su familia, que reciben la asistencia de los Servicios Sociales municipales.
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