Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Temporada

Primer día de tetris de coches en una playa paradisiaca de Ibiza: «Si ya está así ahora, no nos lo imaginamos en verano»

Cala Salada y Cala Saladeta estrenaron ayer viernes el control de accesos, que estará activo todos los días de 9.30 a 17 horas hasta el 15 de octubre. En el primer día de vigilancia, muchos de los primeros visitantes desconocían la restricción, que limita la entrada cuando se ocupan todas las plazas del aparcamiento.

Estela Torres Kurylo

Estela Torres Kurylo

Sant Antoni

Dicen que siempre hay un rayo de luz en la oscuridad y este 1 de mayo asoma, a ratos, entre las nubes que cubren Cala Salada. Esta playa y su vecina, Cala Saladeta, estrenan el control de acceso con los primeros turistas de la temporada y con una certeza compartida por quienes la visitan: «Con sol, el agua se ve más espectacular». Lo afirma una mujer que baja del coche y se fija en que es fácil distinguir los vehículos de alquiler de los de los residentes: los segundos están llenos de polvo (y son la minoría).

No es cosa del azar que la vigilancia empiece el primer día de mayo. Es el inicio oficial de la temporada y, desde hace diez años, la medida busca garantizar el tránsito, la seguridad y el aforo en la zona de estas playas. Hace ya tres años que las restricciones se ampliaron del 1 de mayo al 15 de octubre -antes empezaban en junio-, con horario de lunes a domingo de 9.30 a 17 horas. El control se aplica en dos puntos, uno cerca de la costa y otro a la altura del aparcamiento, que permiten el acceso solo hasta que se ocupan todas las plazas de coche.

Dos jóvenes que se encuentran en uno de los controles explican que no hay un cálculo exacto de cuántos caben porque se trata de hacer una especie de tetris para que, según el vehículo que llegue, todos puedan entrar y salir. Estiman que desde primera hora (hace apenas dos horas) ya habrán llegado unos 40 coches y aseguran que «nadie» conocía la existencia de la restricción.

Lo confirman los turistas con los que se ha cruzado esta periodista. Todos han llegado a Cala Salada en busca de su agua cristalina sin saber que podrían haberse topado con un impedimento. «Cuando se llena el parking, el transporte público acerca a la gente desde Can Coix», recuerda uno de los trabajadores del control de acceso.

Laura García y Manuel Acón están de «viaje exprés» en la isla. Vienen de Cantabria y cuentan que se han topado con ese bus lanzadera, «pero como había aparcamiento» han decidido llegar a la cala por su cuenta. Ahora, se preparan para cruzar sobre las rocas hacia Cala Saladeta.

La mansión rosada

Embarcados en la misma misión están Puck Saetens y su marido. Ambos son holandeses y frecuentan la isla desde hace años. Destacan la belleza del «famoso» faro de Punta Moscater, en Portinatx, y afirman que nunca habían estado en Cala Salada. Desconocían la limitación de accesos, pero la aplauden mientras se preguntan el origen de la «mansión rosada» -como se refirió a ella el periodista Xescu Prats en estas páginas en 2021-, la casa que recibe a quien llega a la cala.

Gerard Laosa, Eduard Durán, Martin Arczynski y Katalina Álvarez aún se resisten a pisar la arena. Acaban de colocar sus toallas sobre los còdols para decidir si, en lugar de meter solo el pie, se bañan enteros. Desde aquí se ve que en Cala Saladeta solo hay seis valientes en el agua. Los amigos han llegado este viernes en ferry desde Barcelona y han descubierto Cala Salada por las redes sociales, donde no se advertía del control del aparcamiento.

Cerca de mediodía, casi una cuarentena de vehículos ocupan más de la mitad del estacionamiento. «Si ya está así ahora, no nos lo imaginamos en verano», señala una pareja catalana que se ha acercado a ver estas dos playas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents