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Sucesos

Turistas al rescate de un Mercedes de alquiler atrapado en la arena de una playa de Ibiza

Un turismo de alta gama se atasca en la arena de Platja d’en Bossa ante la mirada de decenas de curiosos que graban la escena

El coche ha encallado en la arena en una zona de Platja d'en Bossa.

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

“Ya ha empezado la temporada. Ahora sí”, comenta una mujer mientras graba con su móvil la escena que tiene ante sus ojos: un Mercedes atrapado en la arena de los primeros metros de Platja d’en Bossa. “No. Hace un par de semanas ya hubo otro”, comenta una vecina de la zona. Son las siete y media de la tarde y la expectación es tal que decenas de personas se agolpan en la barandilla del paseo para contemplar el espectáculo.

Apenas unos segundos antes algunos no podían creer que el vehículo estuviera circulando por la callecita peatonal que baja del Hotel Torre del Mar. Pensaban que daría media vuelta para volver, pero no, el coche, en el que van tres personas (dos hombres y una mujer) continúa por la zona del embarcadero, rebasa el muelle y llega a la arena, donde se queda atorado. En ese momento, ya hay gente grabando, avanzados a la tragedia automovilística.

Los tres ocupantes, tras darle un par de apretones al acelerador para intentar salir de ahí, salen del vehículo y contemplan el desastre. Buscan con la mirada al socorrista, para que les eche una mano, pero no está. Hace rato que acabó su turno y en la torre sólo hay un joven, que también graba. Corriendo, uno de ellos va a uno de los restaurantes en busca de algo con lo que hacer palanca. Cuando regresa, con un largo palo de madera en la mano, apenas se cabe ya en la barandilla. Todo el mundo, obviamente, móvil en ristre.

Una buena samaritana y un grupo de jóvenes, al rescate

En ese momento, el otro ocupante y una buena samaritana que en vez de grabar se decide a ayudar están arrodillados en la playa, tratando de sacar arena de debajo de las ruedas para intentar facilitar que el coche salga de ahí. Sin éxito. En ese momento pasan por ahí un numeroso grupo de jóvenes turistas. Ni cortos ni perezosos se ponen manos a la obra. Unos sacan arena, otro apoya la madera en la rueda, otro busca una piedra para la otra arena y todos los demás echan las manos al capó y, tirando de espalda, empujan con fuerza.

Con la marcha atrás a tope, el coche se mueve un pelín. Pero sólo un pelín. Y se oye un ruido extraño. No suena bien. “Se ha dejado el guardabarros”, comenta uno de los asistentes. Un segundo intento. La gente, desde la barandilla, les jalea: “¡Hey! ¡Hey! ¡Hey!”. Y ahora sí, aunque suena de nuevo algo feo, el coche, por fin, sale de la arena.

El público aplaude. Los ocupantes del vehículo vuelven a meterse dentro y, poquito a poco, marcha atrás, emprenden el camino de vuelta, ese por el que nunca deberían haberse metido. “No será el último”, comenta otra de las vecinas.

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