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Urbanismo

Opiniones para todos los gustos sobre las obras de reforma en el casco antiguo de Ibiza

No hay unanimidad a la hora de valorar el resultado de las remodelaciones en la Plaça dels Desemparats, sa Carrossa y la calle General Balanzat, ya prácticamente finiquitadas

Como positivo se destaca la sensación «de mayor amplitud», el pavimento en piedra natural o la mayor iluminación, pero también hay críticas, sobre todo, por parte de vecinos y negocios de la zona

Maite Alvite

Maite Alvite

Ibiza

Esta semana el alcalde de Ibiza, Rafael Triguero, invitaba través de las redes sociales a la población del municipio a pasear a partir de este viernes por los espacios recién remodelados de Dalt Vila, aprovechando que las obras están prácticamente finiquitadas. Atendiendo al llamamiento, este diario se ha acercado en el Día del Trabajo a comprobar el resultado y a preguntar a la población en general y a los vecinos y comerciantes de la zona qué les parecen las reformas en el acceso a la Plaça de Vila, la Plaça dels Desemparats, sa Carrossa y la calle General Balanzat.

Del sondeo se concluye que no hay unanimidad en las opiniones. Los que resaltan más aspectos positivos son residentes de Vila y otros municipios que visitan el casco antiguo en contadas ocasiones. Sin embargo, los vecinos y empresarios del barrio, que han tenido que sufrir las obras durante meses, o prefieren no expresar su parecer o tienden a resaltar más los aspectos negativos. Aunque no todos, porque los comerciantes de la Plaça dels Desemparats están «encantados» con haberse librado de los vehículos frente a sus negocios.

«Ya era hora de que arreglaran la zona, ha quedado muy bien. El suelo es bastante más cómodo y menos resbaladizo que el que había antes», comenta Pedro Mesas, mientras pasa con su hermana y sus dos sobrinos por el tramo de vía que une la Plaça dels Desemparats con la de Vila. Celia Mesas comparte la opinión de Pedro y añade que espera que para la feria Ibiza Medieval, que arranca el 7 de mayo, estén listas también las obras en el Mercat Vell y sa Peixateria.

El motivo que ha llevado a esta familia de Vila a acercarse este 1 de mayo el recinto declarado Patrimonio de la Humanidad es una «visita teatralizada», la misma a la que se han apuntado Carolina Torres y José Ribas junto a su hijo Javier. A esta pareja de Sant Antoni también les gusta la remodelación. «Va a tono con el patrimonio», resalta ella.

Ramón Martínez, en la Plaça dels Desemparats.

Ramón Martínez, en la Plaça dels Desemparats. / Maite Alvite

En la Plaça del Desemparats, Ramón Martínez, policía de barrio en Dalt Vila recién jubilado, comenta las mejoras en la zona con Rosa María Saavedra, responsable de la tienda de ropa y complemento Cha-cha. «Está de lujo, aunque todavía queda trabajo de limpieza», dice él señalando hacia una hormigonera, algunos escombros acumulados y varias vallas amontonadas en la zona de sa Carrossa. «El lunes empezamos a limpiarlo», añade, tras explicar que ahora es voluntario de Protección Civil y que a partir de este lunes formará parte del dispositivo de seguridad de la Ibiza Medieval.

Adiós a los coches

Martínez ha sido testigo de todo el proceso de remodelación de estos espacios, que se inició «el pasado septiembre», y enumera todos los cambios que se han producido. «En la Plaça dels Desemparats ha quedado todo a la misma altura y se ha quitado la zona de aparcamientos de motos y coches. En sa Carrossa se han colocado bancos de hormigón y se han remodelado las escaleras, las jardineras y el pavimento. En general, yo creo que se ve más bonito, la zona ha ganado en amplitud», resalta.

Saavedra, que este 1 de mayo reabre las puertas de su negocio, se muestra de acuerdo. «Me parece muy bien la reforma. Estoy muy contenta porque han quitado la acera, que era muy pequeña, y la zona de carga y descarga y de aparcamiento que había delante de nuestros negocios. He tenido que abrir con un mes de retraso, pero ha merecido la pena», asegura.

Lo mismo opina Sara Mazzolini, cuya boutique, Califa, está justo en el acceso a la Plaça de Vila. «Normalmente abríamos el 1 de abril, pero con las obras hemos retrasado unas semanas la apertura. La espera ha sido sufrida, pero ha valido la pena. Ha quedado muy bonito y la zona parece 20.000 veces más grande, esperemos que ya no se inunde», cruza los dedos.

A ese aspecto hace referencia también Paula Woodward, propietaria junto a su hermano Carlos de la cafetería Dnou, en la Plaça de Vila, que durante seis meses ha estado en obras para renovar las infraestructuras obsoletas, haciendo especial hincapié en las redes separativas y de suministro. «La prueba de fuego será cuando llueva, de momento, no podemos opinar», apunta. «Hemos estado un mes llorando para que pasasen a limpiar», se queja luego.

Reconoce que su negocio, que empezó la temporada este jueves, no se ha visto afectado por la remodelación porque es «el que abre más tarde y cierra más pronto de la plaza». Como vecina del barrio, vive encima de su bar, lamenta la «falta de información» que ha habido y «cierta desorganización» en los trabajos.

Iker Urueta, del restaurante Cevitxef.

Iker Urueta, del restaurante Cevitxef. / Maite Alvite

Desinformación

En el restaurante Cevitxef, en la Plaça dels Desemparats, el personal y su propietario, Iker Urueta, trabajan a destajo con la intención de abrir puertas «este mismo viernes o el sábado». Si no hubiera habido obras, hubieran levantado la persiana en marzo. El nuevo pavimento a Urueta le parece «muy bonito», pero ese aspecto positivo no compensa que, debido a la remodelación, el negocio se haya quedado sin la bignonia y la parra de 60 años que tanto encanto daban a este rincón de Dalt Vila. «En su lugar han puesto un árbol enclenque», lamenta. Se queja, además, de que no le permitan decorar la terraza del local con todas las macetas que le gustaría y que en lugar de velas para dar sombra solo le permitan poner «cuatro sombrillas».

No obstante, Urueta confía en que la remodelación en la plaza ayude a que el lugar gane vida y que así pueda cumplir con su anhelo de abrir todo el año. Pero para eso, apunta, es necesario que el Ayuntamiento de Ibiza ofrezca incentivos a los comerciantes del barrio.

Para Isabel Anastasio, que vive en la plaza de sa Carrossa, «los siete meses que han durado las obras han sido traumáticos», entre otras cosas, por el ruido, los cortes constantes de agua, los problemas para aparcar y, sobre todo, «la desinformación». De la reforma, dice, «lo mejor es el nuevo pavimento y que hay más iluminación». Lo peor: no le gustan ni los bancos de cemento que han puesto ni que «hayan quitado todo el verde» de la plaza. También le preocupa cómo han quedado las fachadas, salpicadas de cemento y con rascadas. «¿Quién lo va a limpiar?», se pregunta.

Roland Ungeheuer.

Roland Ungeheuer. / Maite Alvite

Con mejores ojos contempla la plaza de sa Carrossa José Antonio, otro vecino de Dalt Vila. Le gusta especialmente el nuevo acceso que se ha abierto donde está la estatua de Isidor Macabich. Eso sí, asegura que el pavimento empedrado del tramo que conecta la Plaça dels Desemparats con la de Vila sigue siendo tan «incómodo y resbaladizo» como antes.

A Roland Ungeheuer, que reside durante sus vacaciones en una casa en la calle General Balanzat, no le gusta nada ni la reforma de sa Carrossa, «porque han quitado todo el verde y han puesto todo cemento», ni la de la vía en la que se ubica la iglesia de Santo Domingo, que todavía está por rematar. «Han ampliado la acera casi el doble, lo que genera más problemas de tráfico de los que ya había», lamenta.

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