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Obituario

Fallece a los 56 años Josefa Ferrer Juan, Pepi, dueña de las jugueterías Al·lots de Ibiza

El velatorio está previsto este sábado a partir de las 13.30 horas y a las 17.30 horas tendrá lugar el entierro en Sant Carles

Josefa Ferrer Juan 'Pepi' con su marido Pepe Costa en la playa Niu Blau.

Josefa Ferrer Juan 'Pepi' con su marido Pepe Costa en la playa Niu Blau. / Archivo personal

Samia Khenien

Samia Khenien

Santa Eulària

Josefa Ferrer Juan, más conocida por todo el mundo como Pepi y la dueña de las jugueterías Al·lots Toy Planet de Ibiza, falleció el pasado martes 28 de abril a los 56 años tras una muy corta, pero ardua, batalla contra el cáncer. El velatorio está previsto este sábado a partir de las 13.30 horas y el entierro comenzará a las 17.30 horas en Sant Carles.

La hija pequeña de el Bigots de Cala Mestella, esposa de Pepe Costa, con quien regentaba las jugueterías desde 1989, y madre de dos hijos, dejó tras de sí casi 40 años de grandes esfuerzos para que los niños y niñas de Ibiza tuvieran sus juguetes preferidos bajo el árbol en Navidad y en cualquier otra época del año. Se trató de una mujer que trabajaba más que nadie y que era la primera en llegar y la última en irse siempre. Nació en Sant Carles, aunque vivió más de la mitad de su vida en Santa Eulària, lugar donde abrió el primer negocio que luego expandió al resto de la isla. Participaba en todas las ferias del pueblo que le eran posibles y cada año le reservaban, por descontado, un par de mesas.

Pepe Costa y Pepi Ferrer de jóvenes en Cala Mestella.

Pepe Costa y Pepi Ferrer de jóvenes en Cala Mestella. / Archivo personal

Muy implicada con causas altruistas

Si por algo distinguían a Pepi Ferrer las que personas que la conocían era porque no había acto social al que le dijera que no. Si alguna organización benéfica le pedía mochilas para niños en Marruecos, preparaba varias cajas sin dudarlo. Cuando hacían falta juguetes para actividades del colegio, sin problema, los llevaba ella misma si así era necesario. Además de ser muy generosa, era muy considerada con quienes tenía a su alrededor: podía protestar durante horas en contra de los hábitos alimentarios de alguien, que luego era la primera en conseguirle algo de comer que encajase con sus preferencias.

Había días que admitía que se le hacía cuesta arriba y quienes la conocían sabían que no se daba prioridad lo suficiente a sí misma. De hecho, ponía las necesidades de sus seres queridos por delante de las propias. Seres queridos que, al final de su demasiada corta vida, la cuidaron hasta el último momento.

Pepi de pequeña con su madre y su hermana mayor Anita.

Pepi de pequeña con su madre Ana Juan y su hermana mayor Anita. / Archivo personal

Hay quienes la seguirán recordando como la niña que se paseaba por el restaurante de Cala Mestella, niña que en lo más profundo de su alma seguía siendo. Alguien que, a pesar de todo lo que había conseguido en la vida, todavía se emocionaba con las cosas más simples que tenía a su alcance: un saludo de la alcaldesa en la Fira d'Estocs, un repartidor amable, un sencillo ramo de flores, un higo recién cogido del árbol o ver a sus hijos crecer.

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