La historia de Pirracas, el gorrión enterrado junto al cementerio de Ibiza: “Menos mal que aprendieron a poner calefacción en las casas”
El lugar donde están los restos del animal pone de manifiesto la falta de un espacio oficial para mascotas en la isla

El cementerio ilegal de perros y gatos de sa Caleta en imágenes
La pregunta era sencilla, pero tocó una fibra sensible: ¿crees necesario que se ponga en marcha un servicio público para enterrar a las mascotas en Ibiza? Entre las respuestas apareció la historia de Pirracas, un gorrión criado en casa que terminó enterrado junto a la tapia del cementerio de Ibiza.
La cuenta Paz Sancho Sánchez, que recordó cómo aquel pájaro llegó a su vida después de caerse del nido. Lo llevó a casa, lo alimentó con miguitas de pan en leche y, contra todo pronóstico, salió adelante. No vivía encerrado. Estaba suelto, pero tenía su rincón: una casita donde comía, dormía y se sentía tranquilo. Pirracas no era un perro ni un gato. No tenía correa, ni collar, ni cama comprada en una tienda. Pero era uno más de la familia.
Un gorrión que cruzó el mar con su familia
Cuando al marido de Paz lo trasladaron a Ibiza, la familia hizo las maletas. Y Pirracas también. Viajó con ellos desde Madrid a la isla, en julio, para empezar una nueva vida.
Al principio, todo fue bien. El gorrión tuvo que acostumbrarse a una casa distinta, a otra luz, a otro ambiente. Pero seguía teniendo su sitio, su casita, su rutina y su familia cerca. Hasta que llegó diciembre. Paz lo encontró muerto en su pequeño refugio. Con el paso de los años, ella encontró una explicación tan sencilla como triste: en Madrid, la casa tenía calefacción; en Ibiza, no. El frío y la humedad de aquel invierno pudieron con Pirracas.
“No me extraña porque la familia estábamos igual”, recuerda Paz en su mensaje, antes de añadir una frase que mezcla ternura, ironía y memoria doméstica: “Menos mal que aprendieron a poner calefacciones en las casas nuevas”.
Enterrado junto a la tapia del cementerio de Ibiza
La historia acaba con una imagen poderosa: Pirracas está enterrado junto a la tapia del cementerio de Ibiza. No en un cementerio de animales, porque en la isla no existe. No en un crematorio insular, porque Ibiza tampoco lo tiene. Tampoco en un lugar oficialmente habilitado para que quienes pierden a un animal puedan despedirse de él sin esconderse, sin improvisar y sin exponerse a sanciones. El recuerdo de Pirracas ha vuelto a aparecer precisamente cuando Ibiza debate qué hacer con una realidad que muchos propietarios viven en silencio: ¿dónde se entierra a un animal querido cuando muere en la isla?
El debate de fondo: sin cementerio ni crematorio para mascotas en Ibiza
La historia personal de Paz conecta con un problema más amplio. En zonas naturales como sa Caleta, han aparecido durante años tumbas de perros y gatos levantadas por familias que no querían despedirse de sus animales como si fueran residuos. Algunas son simples montículos de piedra; otras, pequeños mausoleos con cemento, lápidas y nombres grabados.
Pero estos enterramientos están prohibidos. En el caso de sa Caleta, además, se producen en un entorno especialmente sensible: terreno privado y dentro del Parque Natural de ses Salines, el espacio con mayor protección ambiental de las Pitiusas.
La alternativa legal tampoco resulta fácil para muchos vecinos. En Ibiza, cuando muere una mascota, las opciones pasan por el vertedero insular o por enviar los restos a Mallorca para su incineración, con el coste añadido del traslado y la devolución de las cenizas. En algunos casos, el precio supera los 200 euros y aumenta según el peso del animal.
Una despedida digna para quienes fueron familia
El pleno del Consell de Ibiza aprobó en octubre de 2024, por unanimidad, impulsar un crematorio y un cementerio insular para mascotas en colaboración con los ayuntamientos. Sin embargo, la propuesta no se ha traducido todavía en un proyecto real.
Mientras las instituciones debaten competencias, suelo y financiación, los recuerdos se acumulan en lugares no autorizados. En bosques, laderas, márgenes de caminos o junto a tapias de cementerios. Allí donde alguien encontró un rincón para decir adiós.
Pirracas fue solo un gorrión. Pero para Paz fue mucho más que eso: fue un animal rescatado, cuidado, querido y llevado hasta Ibiza como parte de una familia.
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