Medio ambiente
Un cementerio ilegal de perros y gatos amenaza un área natural de Ibiza superprotegida: "Hay contaminación, insalubridad, moscas..."
Un centenar de tumbas de perros y gatos en un bosque de sa Caleta representan un grave peligro para la zona, incluida en el Parque Natural de ses Salines: contaminación, insalubridad y riesgo de incendio
Un centenar de tumbas de perros y gatos se extienden por la zona boscosa de sa Caleta, a pocos metros del acantilado. Algunas son auténticos mausoleos, construidos con piedras, cemento y hasta lápidas grabadas en mármol. Hace al menos diez años que apenados propietarios de mascotas utilizan esta zona de hermosas vistas a Cap des Falcó y ses Salines para enterrar a sus queridos animales, y la superficie dedicada a este peculiar cementerio no ha parado de crecer. Hay un detalle importante: se trata de un terreno privado (aunque abierto al paso) y forma parte del Parque Natural de ses Salines, el área con una mayor protección medioambiental de las Pitiusas.
Está prohibido y se arriesgan a sanciones, pero muchos lo prefieren a la alternativa: el vertedero o pagar la incineración en Mallorca (y el viaje de ida del cuerpo y de vuelta de las cenizas), un gasto que supera los 200 euros para una gata… y que sube en función del peso del animal. En Ibiza no existe ningún cementerio de animales legal ni tampoco hay un crematorio para ellos, por lo que han proliferado estos peculiares camposantos en zonas naturales como sa Caleta o sa Talaia de Sant Josep y la de Sant Antoni. El problema ha llegado a los ayuntamientos y el Consell ibicenco en forma de debate político, pero de momento sin ningún resultado. Los consistorios apuntan a un crematorio insular mancomunado, pero es una idea de la que hace años que se habla y aún no se ha avanzado nada hacia su materialización.

Tumbas en el cementerio ilegal de mascotas de sa Caleta / Cristina Martín Vega
“Los propios veterinarios te dicen que si tienes un terreno privado, allá tú… Si no, el vertedero o incinerarlo en Palma. Con la vinculación emocional que tienes con los animales, me muero solo de pensar en que mi querido perro acabe en el vertedero”, explica una mujer que hace unos años perdió a su can y se encontró con el problema de qué hacer con sus restos en una isla en la que todavía no hay crematorio de animales. Hace poco murió la gata de su madre, y mandarla a Palma para incinerarla les costó más de 200 euros. “Una gata, imagina un perro más grande…”, reflexiona.
Luna, Duma, Lemmy, Lucy, Papi Chulo, Tyson, Chilly, Nara… Son solo algunos de los perros de todo tipo cuyos restos reposan y se descomponen en estas tumbas frente al mar de ses Salines, algunas excavadas y otras, cubiertas de túmulos de piedras y tierra. Pero donde los dueños de esas mascotas ven un último homenaje de amor a quienes fueron, sin duda, parte importante de la familia, otros ven un montón de basura que contamina un paraje natural que goza de la máxima protección, y que representa un grave peligro. De hecho, el pasado Jueves Santo unos paseantes se encontraron una vela pequeña encendida, ya casi consumida, que apagaron alarmados, pues podía haber prendido fácilmente en una zona cubierta de pinocha y arbustos, de pinos y sabinas.

Tumbas de perros y gatos en el cementerio ilegal de mascotas de sa Caleta / Cristina Martín Vega
La imaginación desbordante de los sepultureros clandestinos
Los sepultureros clandestinos dan rienda suelta a su imaginación a la hora de diseñar las últimas moradas de sus familiares de cuatro patas. Piedras pintadas de colores; cristales rotos que en su día protegían fotos de los perros y gatos pero que no han resistido las inclemencias del tiempo y ahora se esparcen por el suelo, con el peligro de que puedan provocar un incendio; muchas flores de plástico, muchísimas y de todo tipo, estropeadas y descoloridas unas, nuevas otras; tiestos de plástico con plantitas; viejos muñecos de trapo o plástico que en su día fueron juguetes; correas y collares de perro cochambrosos; marcos y fotos, algunas plastificadas; azulejos con mensajes escritos; adornos más apropiados para la vitrina de un salón que para un pinar; infinidad de cruces hechas de palos o madera, con los nombres de los que descansan debajo; mantas mugrientas; hasta la vieja y enorme ‘cama’ de un perrazo, ya destrozada. De un pino cuelga un adorno formado por bolas que se iluminaban con un mecanismo a pilas, que están ya sulfatadas y oxidadas. Un bote de plástico transparente lleno de conchas cuyo significado se nos escapa. Adornos hechos de alambres de colores. La placa metálica de Jimmy Hendrix con forma de hueso y ese nombre grabado...

El cementerio ilegal de perros y gatos de sa Caleta en imágenes / C.M.
La concejala de Medio Ambiente de Sant Josep, Felicia Bocú, se muestra indignada con el incivismo de estas personas, pues están infringiendo gravemente la ley al abandonar “porquería, residuos” en un terreno protegido por su valor medioambiental y que encima es privado: “Hay contaminación, insalubridad, moscas…”, enumera, y añade que cuando fueron los técnicos a inspeccionar la zona, encontraron un cadáver a medio enterrar. Además, Bocú subraya la irresponsabilidad de dejar velas, algunas encendidas, en esta zona boscosa. Sant Josep ha hecho un requerimiento a los dueños de este terreno para que lo limpien, tal y como prevé la normativa, precisa Bocú. La concejala considera que no hay ninguna justificación para enterrar animales en suelo público, puesto que la ley prevé que los propietarios tengan un seguro, que puede cubrir el trámite de la incineración. “Hay lápidas más caras que las del cementerio”, comenta indignada, y agrega además que al dejar plantas que no son de la zona, “están modificando el medio ambiente de forma terrible”.

Tumba de un perro en sa Caleta / Cristina Martín Vega
Tumbas muy recientes
Los últimos enterramientos son muy recientes, de hace apenas unas semanas. Pero ya hace tiempo que se denuncia esta situación, que se ha ido de madre. Hace casi diez años, este diario publicó un reportaje titulado ‘Con el hocico hacia es Cap des Falcó’ que describía lo que ya era un cementerio mascotil de proporciones considerables, con tumbas desde 2011. Desde entonces, aparece en los medios locales de forma periódica. Hace un año, la cuenta de Instagram summerinibizaiscoming denunciaba la proliferación de “cuquitumbitas de perretes y gaticos que van a tener mejores vistas en la otra vida que tú en esta”.
La dirección general de Medio Natural y Gestión Forestal del Govern balear informó en su día al Ayuntamiento de Sant Josep sobre esta situación, ya que “es competencia municipal al tratarse de un cementerio de animales domésticos”, según explica una portavoz de la conselleria de Medio Natural, que añade que “están en proceso de desmantelarlo”. “Los técnicos del Parque ya hicieron el informe pertinente, que ya se trasladó al Consistorio. Será éste el que tenga que imponer las sanciones que considere”, agrega. Sin embargo, un año después el cementerio sigue aumentando su superficie y el Ayuntamiento informa de que no tiene en marcha ninguna iniciativa para retirarlo, y que está haciendo “las gestiones oportunas” con los dueños del terreno.

Tumbas en el cementerio ilegal de mascotas de sa Caleta / Cristina Martín Vega
Prohibido enterrar animales domésticos en espacios públicos
Un portavoz municipal recuerda que “no está permitido el enterramiento de animales domésticos en espacios públicos, y mucho menos en terrenos privados que no pertenezcan a sus propietarios”. El Consistorio de Sant Josep tiene constancia de varios cementerios ilegales de animales en el municipio, entre ellos el de sa Caleta y el de sa Talaia. “El principal problema en estos casos es el riesgo potencial para la salud pública, así como la presencia de elementos antrópicos (lápidas, fotografías, velas, flores, entre otros) que pueden afectar negativamente a la fauna y flora del entorno. El respeto por el duelo ante la pérdida de un animal no puede implicar daños a un espacio protegido y, en este caso, también privado”, agrega, y recuerda que “los infractores pueden enfrentarse a sanciones graves por daños medioambientales”. No obstante, no hay sanciones en marcha por este motivo, ni en otros ayuntamientos de la isla. Los consistorios de Santa Eulària y Sant Joan no tienen noticia de la existencia de enterramientos similares en sus términos municipales.

Una vieja foto del gato Cowi y flores de plástico en la tumba, en el cementerio de mascotas de sa Caleta / Cristina Martín Vega
El portavoz de Sant Josep indica que hay “servicios específicos para la gestión de animales fallecidos, como las clínicas veterinarias. Además, los nuevos seguros obligatorios contemplados en la Ley de Bienestar Animal incluyen la cobertura de este tipo de trámites”.
Un cementerio similar al de sa Caleta se extiende desde hace años por sa Talaia de Sant Antoni, en un terreno que también es particular, según explica la concejala de Medio Ambiente, Pepita Torres. El Ayuntamiento ha tenido contacto con los propietarios, que en teoría son los que tienen la responsabilidad de mantener limpia la zona, igual que en el caso de sa Caleta. Propietarios que asisten atónitos al uso de su terreno como cementerio animal, sin tener nada que ver con estas peculiares prácticas funerarias.
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