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Los afectados

Desalojo del mayor asentamiento chabolista de Ibiza: «El dolor más profundo es que te echen cuando no tienes dónde ir»

Los últimos habitantes de sa Joveria se marcharon este martes del campamento chabolista de Vila con sus pertenencias a cuestas y la incertidumbre sobre su futuro en la isla.

Los técnicos de servicios sociales atendieron a siete personas desalojadas en el puesto ubicado en el acceso a la parcela próximo al Recinto Ferial de Ibiza.

Uno de los habitantes del poblado.

Uno de los habitantes del poblado. / J.A. RIERA

Maite Alvite

Maite Alvite

Ibiza

"¿A dónde voy yo ahora con casi cincuenta años?” Esa pregunta desesperada la lanza al aire, ante los medios de comunicación, un hombre marroquí al que acaban de desalojar del asentamiento de sa Joveria, donde llevaba viviendo algo más de tres meses. En sus manos carga con parte de sus pertenencias, el resto las recogerá más tarde. Mientras habla, se le escapan las lágrimas. Es conductor profesional, explica, y tenía una entrevista de trabajo con una empresa, pero duda que le vayan a dar empleo si no tiene dónde dormir. “Vine a España para trabajar porque en Marruecos está la cosa horrible. Primero estuve en Murcia, donde tenía dónde vivir, pero no encontraba trabajo, por eso luego me fui a Ibiza”, comenta tras explicar que hasta ahora no ha podido regularizar su situación en España. Habla también de las condiciones infrahumanas en las que ha vivido durante estos meses en sa Joveria. “Ni en mi país he estado en estas condiciones, sin agua, sin luz y sin servicio”, asegura.

Una de las personas desalojadas atiende a los medios de comunicación.

Una de las personas desalojadas con gesto desesperado, antes de atender a los medios de comunicación. / JA RIERA

“Los agentes de la Policía, al comunicarme el desalojo, lo han hecho con respeto, me han tratado bien, pero el dolor más profundo es que te echen del sitio donde vives cuando no tienes dónde ir”, lamenta. En sa Joveria, detalla, compartía infravivienda con dos jóvenes también en situación irregular, pero, apunta, uno se marchó el lunes y el otro está trabajando. No tiene a nadie en Ibiza que le pueda echar una mano y a la pregunta de si ha pedido ayuda a las empresas donde ha trabajado replica que sí, pero sin éxito, porque incluso han intentado aprovecharse de su situación pidiéndole, por ejemplo, 600 euros por una cama. “Estuve trabajando de auxiliar de geriatría en una residencia en la que me pagaban 1.150 euros y me dieron una habitación por nueve meses con un tobogán sobre mi cabeza, aquello fue un infierno. Cuando pedí que me pagaran más me echaron”, relata.

Este hombre marroquí ya estuvo viviendo en Ibiza hace cerca de 30 años, pero la realidad que se ha encontrado en la isla ahora “es mucho peor”. Lo comenta minutos antes de dirigirse al puesto de Servicios Sociales que se ha habilitado en el acceso al asentamiento que está más próximo al Recinto Ferial de Ibiza. Allí se presta una primera atención a las personas desalojadas y se hace un cribado, antes de redirigirles a la UTS Eixample, donde trabajadores sociales valoran sus casos y se tramitan las prestaciones que pudieran precisar.

“Me parece una vergüenza que las administraciones públicas echen a gente sin casa”, comenta indignado un joven saharaui de 21 años que se ha acercado esta mañana a sa Joveria para recoger lo que todavía le quedaba en el asentamiento donde ha estado malviviendo los dos meses que lleva en Ibiza. Asegura que no ha pegado ojo en toda la noche buscando un sitio donde dormir a partir de ahora. Ha acudido al puesto de los trabajadores de Servicios Sociales, que le han preguntado si tenía un plan B y se han ofrecido a pagarle un billete a Bilbao, donde tiene familia. Esa opción no le ha convencido y ahora se dirige a la UTS Eixample por si le pueden ofrecer alguna solución habitacional. Él quiere quedarse y buscar trabajo en la isla. Su padre y su abuelo, afirma, tienen la nacionalidad española y él no tuvo problemas para viajar a la isla. Llegó en febrero con la promesa de una entrevista para ofrecerle trabajo y alojamiento que nunca se cumplió.

Tres años en sa Joveria

Poco después, atiende a los medios concentrados en la zona otro hombre saharaui recién desalojado que lleva viviendo tres años en el campamento chabolista, donde dice, han llegado a vivir “entre 200 y 300 personas”. Cuando él llegó, había “entre 70 y 100 residentes”. El joven trabaja en las cocinas de un hotel en Santa Eulària y se gasta cada día “cerca de diez euros” en viajes en bus desde que el pasado diciembre este transporte dejó de ser gratis para los migrantes sin Documento Nacional de Identidad (DNI) o sin Número de Identidad de Extranjero (NIE). Tiene, asegura, permiso de residencia y trabajo, pero no ha conseguido en todo este tiempo una vivienda en la isla que se pueda permitir con su sueldo. “Me ofrecieron una habitación por 500 euros al mes pero tenía que adelantar unos 2.000 euros”, señala. Ahora que le han desalojado de sa Joveria, ignora su futuro, pero comenta que mucha gente que conoce “se va a marchar de la isla, porque no queda otra”.

Todos estos testimonios se recogen mientras en el interior del asentamiento se comprueban, una a una, todas las infraviviendas para confirmar que estén vacías. Una decena de efectivos de la Policía Local y quince más de la Policía Nacional participan en el desalojo, que dio comienzo a las diez de la mañana. A esa hora ya apenas quedaba gente en el interior del solar, que parece un poblado fantasma, lleno de basura, alguna bicicleta y otros enseres abandonados a la espera de que alguien los recoja. “Primero ha entrado una pequeña comitiva con los responsables de la Policía Nacional y Local, el secretario municipal y los servicios sociales para notificar el desalojo a la gente que pudiera quedar, haciendo un barrido desde la zona inferior a la zona superior de la parcela. Hasta que no esté garantizada la seguridad de las personas no se procederá a despejar la zona con la maquinaria”, explican fuentes municipales.

Un dron para inspeccionar la zona

Con la ayuda de un dron, la Policía Local de Ibiza detecta que todavía queda alguna persona en el poblado de chabolas, además de un par de perros, cuya existencia se pone en conocimiento de los servicios municipales de Protección Animal del Ayuntamiento de Ibiza. Mientras, una decena de trabajadores de Valoriza y la técnica de Medio Ambiente del Consistorio de Vila preparan el dispositivo de limpieza. Se han instalado en el terreno que hay junto al Recinto Ferial tres bañeras, una para la madera, otra para electrodomésticos y una tercera para colchones y enseres. Además, hay cuatro contenedores para el resto. “Calculo que sacaremos una veintena de camiones de basura”, comenta Higinio Berlanga, encargado de Valoriza. Del coste del desmantelamiento y la retirada de residuos y del vallado se tendrá que hacer cargo el propietario de la parcela, que está siguiendo la operación en vivo y en directo. También se ha acercado hasta el lugar la portavoz insular de Podemos, Mónica Fernández, para asegurarse que todo transcurre dentro de la normalidad.

El alcalde de Ibiza, Rafael Triguero, atiende a los medios junto a la concejala de Bienestar Social, Lola Penín.

El alcalde de Ibiza, Rafael Triguero, atiende a los medios junto a la concejala de Bienestar Social, Lola Penín. / JA RIERA

El desmantelamiento se desarrolla sin incidencias, aunque cuatro varones adultos se resisten en un primer momento a salir de sus infraviviendas, que luego abandonan de forma voluntaria. La mayoría de los pobladores de sa Joveria se marcharon del lugar hace días y los pocos que quedan salen a cuentagotas cargando con mochilas y maletas. Entre ellos no hay ningún menor.

El alcalde de Ibiza, Rafael Triguero, comparece ante los medios de comunicación pasadas las doce y media, acompañado de la concejala de Bienestar Social y Vivienda, Lola Penín, cuando ya se han inspeccionado todas las infraviviendas y se ha completado el desalojo. “Ahora tenemos un operativo retirando todo el material peligroso que hay en la zona como bombonas de gas o baterías”, explica después de agradecer la labor del dispositivo conjunto de Servicios Sociales, departamento de Urbanismo, Servicios Jurídicos y Policía Local y Nacional que han participado en la operación. Confirma también que los Servicios Sociales han atendido en el lugar a siete personas que están en situación vulnerable, entre ellos una con discapacidad. “El Ayuntamiento de Ibiza no va a dejar a nadie atrás, se harán valoraciones individuales y se ayudará a esta gente en la medida de lo posible”, afirma Penín. Minutos después, dos retroexcavadoras entran en el asentamiento para iniciar el derribo de las infraviviendas.

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