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Fotografía

Los rostros de la soledad no deseada y la gentrificación: Pep Pérez Castelló presenta 'Arrabal' en Ibiza

El fotógrafo retrata a mujeres mayores en Palma, evidenciando la pérdida de vínculos y el impacto de la gentrificación en sus vidas

Pep Pérez Castelló en su presentación del libro 'Arrabal'.

Pep Pérez Castelló en su presentación del libro 'Arrabal'. / JA RIERA

Claudia Marí Prats

Claudia Marí Prats

Sant Josep

Paquita, Aurora, Conchita, Alvina, Beatriz o Magdalena. Son algunas de las mujeres que ponen rostro a la soledad no deseada de las personas mayores y de la gentrificación. Un proyecto plasmado en el libro 'Arrabal' en el que ha trabajado el psicólogo y fotógrafo mallorquín Pep Pérez Castelló y que presentó este domingo en el marco del II Congreso de Fotografía de Sant Josep és Foto.

"La mayoría de las personas mayores que sufren de soledad no deseada son mujeres", explica Pérez. "Todos necesitamos vínculos y las personas mayores los van perdiendo. Mueren amigos, familiares y se quedan solos", añade el fotógrafo. Según explica, esta soledad genera en estas personas baja autoestima e insatisfacción con su vida. "Sienten que ya no sirven para nada", lamenta Pérez. A estos elementos de la soledad no deseada en las mujeres mayores, Pérez incorpora también la dimensión de la gentrificación. "En Santa Catalina, el barrio de Palma en el que vivo y se ha realizado este proyecto, casi el 50% de sus residentes son extranjeros. Y no son de los que vienen en patera, sino de los del norte. Los que abren bares de música en directo y cafeterías con precios disparados", afirma Pérez. La identidad del barrio, afirma el fotógrafo, ha cambiado, hasta el punto de hacer sentir a estas mujeres "desarraigadas". "Si al haber perdido vínculos se encuentran con que el barrio ya no es el mismo, que ya no pueden comprar el pan como solían hacer y tampoco hablar con los vecinos porque o son turistas o no hablan su idioma, vemos que se llegan a encontrar muy solas", lamenta Pérez.

En 'Arrabal', Pérez incorpora imágenes de las calles de Santa Catalina, bulliciosas y llenas de vida, que contrastan con las residencias de estas mujeres. "La mayoría mantienen la decoración, como si el tiempo se hubiera detenido allí, mientras la vida en el barrio sigue ajena a ellas", reflexiona.

Beatriz es una de las mujeres que vive sola en Santa Catalina. "Es colombiana y se casó con un mallorquín en Medellín, donde tuvieron dos hijos. Pero uno de ellos fue asesinado por la policía al ser confundido con un miembro de la guerrilla y entonces decidieron venir a Mallorca", explica Pérez. "Sin embargo, Santa Catalina era un barrio complicado entonces, y su segundo hijo murió también de una sobredosis", añade el fotógrafo, quien cuenta que, en silla de ruedas, no tiene a nadie quien le ayude a tumbarse en la cama y duerme en muchas ocasiones en la propia silla de ruedas.

Una violinista profesional

Alvina, de origen armenio, es una gran apasionada de música y de las artes. Huérfana a los dos años, fue adoptada por una familia rumana y aprendió a tocar el violín con un músico que tocaba en la calle. Huyó de la dictadura de Ceausescu y terminó en Barcelona, donde consiguió una plaza para la Sinfónica de Baleares y recaló en Palma, donde vive ahora. Cuenta Pérez, que, afectada por la artrosis, ha dejado de tocar el violín porque no le gusta como suena. "¿Qué hace de las personas de la vejez? Las aniquila, es tremendo", Lamenta Alvina en uno de los vídeos grabados por Pérez para el proyecto, en el que, con visibles dificultades, trata de tocar el violín de nuevo.

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