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La última

Historia de un telescopio de más de cien años de Ibiza

Fabricado a finales del XIX llegó a la isla en 1926 y se utilizó hasta fines del XX

El histórico telescopio de Puig des Molins, una de las piezas más singulares de la exposición de la AAE

Sergio G. Cañizares

Joan Lluís Ferrer

Joan Lluís Ferrer

Hoy en día, hay un gran número de telescopios en Ibiza y Formentera. Cualquier aficionado a la astronomía puede conseguir uno, de buena calidad, a precios razonables y descubrir con él los secretos del Universo. Pero el primero de ellos, o al menos el primero del que se tiene constancia, fue el que en 1926 llegó a Ibiza y, posteriormente, en 1956, quedó instalado en el observatorio de Puig des Molins. Allí permanecería hasta final del siglo XX.

No es un telescopio cualquiera ni su mérito reside únicamente en su antigüedad. Se trata de una verdadera pieza de museo, fabricada por la emblemática Maison Bardou, de París, uno de los más acreditados establecimientos de óptica de Francia y de Europa. De allí salieron muchos telescopios, catalejos, prismáticos y demás instrumental para uso tanto civil como militar desde el siglo XIX. El antiguo telescopio de Puig des Molins (hoy reemplazado por uno de muchas mayores prestaciones) aparecía ya en el catálogo de la casa Bardou del año 1899, lo que le daría una antigüedad mayor incluso de la que se le suponía inicialmente.

El aparato, que se conserva en perfectas condiciones, incluyendo todos sus oculares, lente principal y sistema interno de relojería, fue fabricado por dicha empresa parisiense y vendido, antes de la I Guerra Mundial, a un aficionado belga, según rememoraba el expresidente de la Agrupación Astronómica de Ibiza (AAE), José Luis Bofill, fallecido en 2023.

Un profesor ibicenco, Joan Arabí Verdera, muy interesado en las ciencias y sobre todo en la astronomía, compró en Bélgica todo el instrumental a este aficionado. Los paquetes llegaron a Ibiza en verano de 1926. El sueño de Arabí era montar un verdadero observatorio en la isla, aunque nunca llegó a realizar este proyecto. Durante años, el instrumento estuvo instalado en una casa (ya derribada) situada junto a la carretera de Sant Antoni, antes de llegar a Sant Rafel, y al parecer llegó a funcionar desde allí. Sin embargo, durante los años de la Guerra Civil tuvo que desmontarse por temor a ser confundido con un cañón u otra arma.

Historia de un telescopio centenario

Historia de un telescopio centenario / Fotos: AAE

Tras un largo periodo de olvido, hacia el año 1949, Jaime Mauri Corbella, aparejador del Ayuntamiento de Ibiza, visitó el domicilio de Verdera, puesto que éste iba a vender un teodolito en el que el aparejador estaba interesado. En una de esas visitas, Arabí aprovechó para mostrarle el telescopio, que aún conservaba, y que también deseaba vender. Al verlo, Mauri se dio cuenta de que era un excelente refractor, pero no llegó a interesarse más por él, al pensar que el precio sería muy elevado.

Unos seis años después, un colega de Mauri, llegado desde Mallorca, trató de adquirir el telescopio para instalarlo en un instituto de Palma. El aparejador ibicenco, ante el peligro de que el instrumento saliera de la isla, y al comprobar que el precio que pedía el propietario no era tan elevado como creyó en un principio, movió los hilos para que el refractor se quedara aquí. Fue así como habló con el alcalde, Antonio Guasch, para que fuera el Ayuntamiento el que lo comprara.

El alcalde se mostró muy receptivo ante la idea y se pactó su compra por 25.000 pesetas, un precio no excesivamente elevado incluso para aquella época.

Historia de un telescopio centenario

Historia de un telescopio centenario / Fotos: AAE

Precisamente por aquellos años se había empezado a hablar bastante del planeta Marte, dado que en 1956 alcanzaría una oposición (máxima aproximación a la Tierra) especialmente favorable. Para entonces, había un muy reducido pero también activo núcleo de personas de ciencia en Ibiza, entre los que destacaba Daniel Escandell, personaje polifacético y de gran inteligencia que, junto con las autoridades de la isla y el sacerdote Antonio Planas Palau, impulsaron la construcción de un observatorio astronómico donde instalar el telescopio (ya veterano para aquél entonces).

Debido a los contactos de Escandell con entidades astronómicas de Barcelona, y también por la mediación previa del astrónomo ibicenco Vicent Serra Orvai, fallecido en 1952, el Ayuntamiento decidió construir dicho observatorio para poder observar el planeta Marte en su acercamiento de 1956. El lugar elegido fue el punto más elevado de Puig des Molins, en un solar comprado a precio de ganga en lo alto de la necrópolis. Los problemas de contaminación lumínica, totalmente ausentes entonces, no llegarían hasta más adelante.

El venerable refractor de la casa Bardou de París funcionó a la perfección durante la expedición de los astrónomos catalanes y también posteriormente, aunque con periodos de inactividad, y también permitiría a muchos ibicencos observar el cometa Halley en su aparición del año 1986. Permaneció en activo unos cuantos años más, atendido por los responsables de la AAE José Luis y Federico Bofill, hasta que para finales de siglo cayó en desuso, con su lente afectada ya por ciertos defectos de cromatismo.

Su desmantelamiento tuvo lugar en verano de 2006. En 2014 todo el observatorio fue remodelado, modernizado e informatizado. Un telescopio de última generación, con mucha más capacidad y prestaciones, le sustituye hoy en la cúpula del edificio, mientras una fotografía en la planta baja sigue preservando la memoria del antiguo refractor. El viejo aparato puede contemplarse hasta mediados de mayo en la exposición ‘Astronomia des d’Eivissa’ en Sa Nostra Sala (calle Aragón, 17), mientras se busca una ubicación para exponer el instrumento de forma definitiva y permanente.

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