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Fotografía

Emilio Morenatti, doble Pulitzer de fotografía, en Ibiza: "Ya no llevo en mi chaleco antibalas que soy periodista, te convierte en un objetivo"

El galardonado fotoperiodista presenta sus últimos trabajos en una conferencia en 'Sant Josep és Foto'

Emilio Morenatti, durante su charla en 'Sant Josep és foto'

Emilio Morenatti, durante su charla en 'Sant Josep és foto' / Toni Escobar

Samia Khenien

Samia Khenien

Ibiza

El fotoperiodista español Emilio Morenatti, doble premio Pulitzer, con una trayectoria marcada por conflictos y catástrofes que representa en sus obras, presenta sus últimos trabajos y ofrece una ponencia en el II Congreso Sant Josep és Foto antes de la cual habla con Diario de Ibiza.

¿Cree que es necesario transmitir todos estos conflictos?

Claro, el periodismo se hizo justamente para eso: no entiendo el periodismo de otra manera. Acabo de venir de Líbano, y no se pueden meter todas en el mismo saco, hay guerras que no es posible cubrir. No es posible estar ahora en Sudán, no es posible estar en el norte del Líbano porque Hezbolá te lo impide.

Cuéntenos sobre su trabajo reciente en Líbano.

Creo que he hecho lo que se puede hacer dentro de los límites de lo que nos permiten. Es un lugar en el que es muy complicado trabajar. Ahora mismo, no es fácil trabajar en ningún lugar donde los informadores estamos contando las realidades que otros no quieren que se cuenten. Entonces, Líbano es un lugar muy difícil porque está muy monitorizado por Israel, con gente que se siente observada continuamente y que son objetivo de bombardeos. También es difícil trabajar porque los periodistas somos, de alguna manera, espías que desvelamos cosas que no les interesa, porque se juegan la vida en ello. ¿Cómo trabajas ahí? Tirando de experiencia y es la experiencia la que te lleva a esos lugares y la que te hace sacar un trabajo con éxito o darte por vencido a la primera pensando que aquello es muy complicado.

¿Es también la experiencia la que hace que entre en sitios en los que nadie más entraría?

Sí, hay que saber dónde están los límites. Lo que te da la experiencia es saber que, una vez se ha tensado una cuerda, ya no hay manera: ya has entrado, has sido detenido, capturado, secuestrado o eliminado. Saber ese límite es muy importante. Y calcularlo, que los noveles no saben cuál es, con exactitud. Los fotógrafos y periodistas ya experimentados en el terreno juegan con esa tensión: hasta dónde puedes llegar, hasta dónde puedes ir, dónde puedes fotografiar, cuándo tienes que levantar y bajar la cámara... Eso te lo dan años de experiencia de conflicto.

Una multitud debajo de un puente destrozado mientras intentan huir a las afueras de Kiev en Ucrania.

Una multitud debajo de un puente destrozado mientras intentan huir a las afueras de Kiev en Ucrania. / Emilio Morenatti

¿Cree que ha habido ocasiones en los que ha sobrepasado los límites?

Sí, muchas veces, y entonces toca rectificar, entender por qué aquí me pasé. Sobre todo, he visto como algunos compañeros han sobrepasado ese límite y han muerto, aunque en ese momento no lo estaban sobrepasando, es cuando te das cuenta y dices, sí, esto fue un error, entrar aquí fue un error o intentar hacer fotos aquí fue un error. Uno tiene que saber no solamente eso, sino rectificar. Si hay que eliminar y hay que borrar fotos, pues se borran las fotos y se pide disculpas por haberlas hecho. Uno se hace pasar por alguien que no entiende, que no sabe, aunque sabe perfectamente que ha rebasado esa línea.

¿Cree que la experiencia le ha hecho más cauto?

No, sé medir, de alguna manera, mejor. Creo que esta profesión tiene un punto de inconsciencia con el que tienes que jugar y saber que te estás jugando la vida e, igualmente, vas a esos lugares y cruzas esas líneas. Lo haces desde el principio y lo haces al final también. Cuando ya tienes el respaldo de una agencia o de un medio de comunicación te ayuda en que, si la cosa se complica, tienes el apoyo de la empresa que te saca del lugar o que te ayuda a superar ciertos problemas, y eso te da más respaldo que cuando empiezas.

¿Siente que antepone las necesidades de los demás a las suyas haciendo estas fotos?

Hay momentos en que sí. Priorizo el tema de informar a mi propia persona y eso me ha costado precios como perder la pierna, ser secuestrado, momentos de emboscada muy complicados, pero eso lo tienes que barajar cuando te dedicas a contar las cosas que pasan en estos lugares brutales.

¿Cuál ha sido el conflicto en el que más miedo ha pasado?

Ucrania, recientemente, fue muy difícil. A Ucrania he ido en muchas ocasiones y ahora, con los drones y la brutalidad por parte de las tropas rusas, que buscan a periodistas, te conviertes en un objetivo y hacen que uno sea mucho más vulnerable. Eso lo hemos padecido.

¿Cómo ha visto que han cambiado las guerras con los años?

Justo eso, que antes el periodista era un ente un poco más respetado y ahora es un objetivo. Por ejemplo, ya no llevo en mi chaleco que soy periodista, porque ahora porque llevar el press colocado en tu chaleco antibalas te convierte en un objetivo. El periodista es mucho más vulnerable ahora que nunca.

¿Siente que hay esperanza de que algún día puedan acabar estos conflictos?

No, esto va a más, nos gobierna gente con muchas ambiciones y demasiadas ambiciones personales. Ya no son gente que busca la paz mundial, sino ambiciones individuales las que nos llevan de alguna manera a la debacle. Por lo tanto, yo creo que esto irá, y sigue yendo, a peor. En los últimos 20 años y, concretamente, en los últimos cinco todo es un polvorín.

¿Calificaría las guerras de 'banales'?

No se le puede llamar banal cuando estamos hablando de miles de personas muertas. Yo diría que son crímenes contra la humanidad. Ya no son ejércitos contra ejércitos, quien paga es la población civil. Es lo que estamos viendo en Gaza y en muchos lugares. Eso nunca había ocurrido antes. Lo de ahora son crímenes contra la humanidad.

Cuéntenos un poco sobre las fotografías que nos ha traído a Ibiza.

Son algunas de las fotos más importantes. Sobre todo, cuento el trabajo en Líbano, las tres semanas intensas y lo que es el día a día de ese trabajo. Me centro en los desplazados internos del Líbano, que huyen de sus casas bombardeadas y se refugian en lugares donde buscan seguridad. Saben que volver a sus casas ya no es posible, entonces salen con lo puesto. Esos niños, personas mayores, personas vulnerables, pagan un precio atroz por toda esta barbarie que provocan los que comandan estas guerras.

¿Cree que con las nuevas tecnologías se está perdiendo el valor humano de la fotografía?

Yo diría que se banaliza un poco más. Lo que realmente está confundiendo a la opinión pública es distinguir lo que es real y lo que no. Hoy en día, el periodista y el corresponsal enviado a los lugares se ha reemplazado por el vídeo tomado por el testigo. Esto provoca una gran incertidumbre entre las personas que ven ese vídeo o esa foto, porque no somos capaces de verificar si son ciertos o no. Una cuestión muy compleja es cómo verificamos las imágenes porque creo que ha provocado un desconcierto general en la opinión pública y, al final, va en detrimento de la confianza al periodismo.

Antidisturbios israelíes dispersan a manifestantes palestinos durante una protesta en 2006.

Antidisturbios israelíes dispersan a manifestantes palestinos durante una protesta en 2006. / Emilio Morenatti

¿Cree que es tener un nombre o ser un periodista da credibilidad de cara a las audiencias?

El título no, te lo da el nombre, que te da un prestigio, un bagaje... Siempre menciono en mis clases que cuando una foto parece hecha con inteligencia artificial (IA), ¿la manera de verificar si es real cuál es? Antes de mirar si una persona tiene tres o cinco dedos o si está mal generada.

No lo tengo muy claro.

Lo primero que hay que verificar para ver si una imagen o un reportaje es real o no es ver quién firma ese trabajo. Hay que comprobar que esa persona tiene una fiabilidad, un bagaje sólido. Si hay una imagen que la ha hecho un reputado periodista, pues la vas a creer. Si esa persona no tiene rastros en redes sociales, juega con la IA... lo vas a poner en duda. Lo segundo que hay que mirar es el medio que lo respalda. Eso es lo único que tenemos.

¿Es algo preocupante de cara a futuro, que sea más difícil?

No, no es más difícil. Se puede comprobar que una foto mía está hecha por mí, porque tengo unas etiquetas en mis cámaras que lo verifican. Lo más difícil va a ser para los jóvenes periodistas que todavía no se han hecho ese renombre.

¿Cree que deben velar por el periodismo en contra de los fakes?

Los organismos son los que deben velar por el periodismo, los que realmente tienen que hacer una cruzada contra eso y no lo tenemos. En España, los colegios de periodistas no abanderan esto, no condenan con dureza las malas prácticas. Imagina que pudiéramos quitar el carnet de periodistas, que es lo único que te da el prestigio, por hacer un fake. Esa es la única fórmula y eso existe en algunos países.

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