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Educación

Lucía Herranz, profesora de Instituto en Ibiza y soprano: "La vida no es un camino de rosas, te vas a encontrar con problemas y debes aprender a como manejarlos"

La profesora de Música y Lengua ofreció este viernes una charla educativa en la Escuela de Música de Sant Joan sobre los cambios en las aulas, la pérdida de concentración y la necesidad de educar en la autonomía

Lucía Herranz, profesora de Música y Literatura, ponente en la charla 'Y si los sacamos de la burbuja?'

Lucía Herranz, profesora de Música y Literatura, ponente en la charla 'Y si los sacamos de la burbuja?' / DI

Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

La Escuela Municipal de Música de Sant Joan sigue ampliando su actividad con nuevas propuestas educativas y culturales abiertas al público, la iniciativa encabezada por Juan Francisco Ballesteros, acogió este viernes una charla con la profesora Lucía Herranz, en la que abordó uno de los asuntos que más preocupan actualmente tanto a docentes como a familias: la sobreprotección de niños y adolescentes y sus consecuencias en el desarrollo personal y educativo, con el título '¿Y si los sacamos de la burbuja?’.

Herranz lleva 24 años trabajando como profesora de instituto y conoce de primera mano la evolución del alumnado y de las familias en las últimas décadas. Actualmente trabaja con adolescentes de entre 12 y 17 años, una etapa en la que, asegura, se están evidenciando con claridad muchos de los cambios que vive el sistema educativo.

La ponente sostiene que, especialmente desde la pandemia, la situación en las aulas ha empeorado y se percibe una creciente crisis en el ámbito educativo. A su juicio, una parte importante del problema tiene que ver con la forma en que muchos padres y madres se relacionan hoy con sus hijos: una crianza marcada por el deseo de evitar cualquier frustración, sufrimiento o dificultad, pero que, en la práctica, acaba debilitando herramientas esenciales para la vida.

Los obstáculos como recurso

“Los padres quieren protegerlos de todo, de que sufran, de que tengan problemas o saquen una mala nota, pero al final no les están haciendo ningún bien”, resume Herranz. En su opinión, la vida exige aprender a convivir con la frustración, el error, los conflictos y las dificultades, y ese aprendizaje no puede producirse si a los menores se les allana constantemente el camino.

Para explicarlo, utiliza la metáfora el “gimnasio de la vida”. Igual que un músculo necesita resistencia para fortalecerse, los adolescentes necesitan encontrarse con obstáculos que les permitan desarrollar recursos emocionales y personales. Si no existe esa resistencia, advierte, los jóvenes pueden crecer con menos capacidad para afrontar los problemas y gestionar el malestar.

La profesora y soprano también alerta sobre otros fenómenos que observa en el día a día del aula, como la pérdida de concentración, la dificultad para sostener la atención y la influencia de la tecnología y las redes sociales. “Antes podías explicar durante 20 minutos; ahora tienes que hacerlo en bloques mucho más cortos, de 5 minutos”, señala. A ello se suma, según relata, una creciente presión sobre el profesorado, que asume tareas muy alejadas de la enseñanza estrictamente académica.

“Ahora haces de todo menos dar clase”, lamenta. "Estamos desbordados, cansados y fatigados", dice y describe un escenario en el que los docentes actúan a menudo como mediadores, psicólogos o incluso vigilantes emocionales, mientras la relación entre familias y profesorado se ha tensado. Según explica, cada vez es más frecuente que, ante un suspenso o un conflicto cotidiano, los padres intervengan de forma inmediata, desplazando la responsabilidad que debería asumir el propio alumno.

Uno de los ejes de la charla es precisamente esa diferencia entre acompañar y controlar. Frente al modelo del llamado “padre helicóptero”, que sobrevuela constantemente la vida de su hijo para supervisarlo todo, Herranz propone la figura del “padre faro”: una referencia que guía, orienta y está presente, pero sin invadir ni resolver cada paso.

Los hijos vistos como proyecto personal de los padres

"Las familias deben validar las emociones de sus hijos, acompañarlos y reforzar su autoestima, pero sin confundir ese apoyo con la intromisión permanente". destaca. También considera importante no convertir a los hijos en un proyecto personal de éxito o fracaso, algo que, a su juicio, ocurre cada vez más en una sociedad con familias más pequeñas, en las que el peso emocional depositado sobre uno o dos hijos es mucho mayor.

Entre las herramientas que propone a los padres figuran permitir que los menores resuelvan por sí mismos conflictos cotidianos, no intervenir de inmediato si no existe un peligro real o fisíco y enseñarles a asumir las consecuencias de sus actos. “Si siempre les atas tú los cordones, nunca aprenderán”, ejemplifica. Lo mismo sucede, dice, con las amistades, las discusiones o las malas notas: antes de actuar, conviene dar espacio para que ellos mismos ensayen soluciones.

La música también tiene un lugar destacado en esta reflexión. Herranz, licenciada en Filología Hispánica y titulada superior de Música, imparte tanto Lengua Castellana y Literatura como Música, y considera que esta disciplina es especialmente valiosa para enseñar a los jóvenes la importancia de la constancia y el esfuerzo.

Aprender música muestra que no hay avance sin práctica diaria. “No puedes apuntarte a piano y pretender tocar una canción si no practícas”, explica. Por ello, considera que la formación musical puede ser también una alegoría de la vida: pequeños esfuerzos sostenidos en el tiempo permiten alcanzar objetivos, "constancia, entrega de trabajo diario, para ver el premio final", frente a una cultura de la inmediatez en la que muchos adolescentes parecen haber perdido la paciencia y la voluntad de sacrificio.

Con esta propuesta, Lucía Herranz quiere abrir un debate necesario sobre cómo ayudar de verdad a niños y adolescentes: no evitando todas sus caídas, sino dándoles herramientas para levantarse, madurar y afrontar la vida con mayor fortaleza. "Los casos de depresión, ansiedad y las conductas suicidas han aumentado fervientemente entre los jóvenes estos últimos años", lo que obliga a mirar con preocupación qué está ocurriendo, relexiona, tanto en las aulas como fuera de ellas.

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