Migración
Inmigrantes en Ibiza que optan a la regularización extraordinaria: "He trabajado recogiendo copas y limpiando baños en 'afters' en villas de lujo"
Entre 5.000 y 6.000 personas en Ibiza podrían regularizar su situación, pero la falta de recursos y la burocracia, como la exigencia de un precontrato, dificultan el acceso a la residencia legal y al trabajo

Reunión informativa de Cáritas en el Obispado de Ibiza sobre la regularización extraordinaria. / J.A. Riera

Hay al menos 30 personas sentadas frente a una pantalla instalada en el Obispado de Ibiza en la que pasan diapositivas que informan sobre la regularización extraordinaria de inmigrantes que está en marcha desde este jueves y que permite realizar el trámite hasta el 30 de junio de este año. Saben que es "una gran oportunidad" pero que hace falta "fe" y algo más que una buena gestión para conseguirlo. Deben reunir mucha documentación, la mayoría de la cual llevan tiempo recopilando, y es un proceso complicado para el que todavía hay entidades u organizaciones preparándose.
Por eso necesitan mucha paciencia en un proceso en el que el reloj va en su contra. Se estima que, en Ibiza, entre 5.000 y 6.000 personas podrían acogerse a esta situación y hay poco más de dos meses para completar la solicitud que, si consiguen, autorizará su residencia legal en España; les habilitará para trabajar en todo el país en igualdad de derechos y obligaciones y les permitirá acceder a un número de afiliación a la Seguridad Social y acceso a la tarjeta sanitaria por un periodo de un año. Hay mucho en juego y el afán por conseguirlo les guía, aunque sus expresiones transmitan cierto temor.
Son personas de Uruguay, Paraguay, Ecuador, Colombia o Brasil que llevan años en la isla, trabajando donde nadie quiere, viviendo en la economía sumergida sin que nadie lo sepa: "He trabajado recogiendo copas y limpiando baños en villas de lujo en las que se celebraban afters", asegura Raúl (nombre ficticio porque prefiere no facilitar el real). Cuenta que también lo ha hecho en la obra o como pintor de apartamentos en primera línea de la costa que se llenan todos los días del verano. Lo explica tras haber asistido a una charla que ha ofrecido Cáritas este jueves para aclarar dudas.
Reencontrarse con la familia
"He hecho prácticamente de todo y siempre cobrando en B", indica. Lleva dos años en Ibiza y para ir consiguiendo los diferentes trabajos, lo que mejor ha funcionado en este tiempo ha sido "el boca a boca". Así ha podido conseguir dinero para enviarlo de vez en cuando a su familia, con la que le encantaría encontrarse pronto: "Tengo muchas ganas de volver a Colombia, de visitar a mi mamá, a mis hermanas...", suspira.
Si todo va bien, pronto podrá hacerlo: "Estoy muy contento con este tema de la regularización porque para trabajar legalmente, tener beneficios y todo eso, es superinteresante". Ahora, celebra que su último empleador esté dispuesto a hacerle un precontrato, por lo que no necesita pedir un informe de vulnerabilidad: "Sé que sería lo más viable y más rápido", opina. Cuando lo consiga, ya sabe que tendrá que pedir cita en Correos para entregar toda la documentación.
Su situación es diferente a la de Alberto y Pedro, dos brasileños que llevan tres años en Ibiza y no tienen trabajo en este momento. "Hay personas que me reciben muy amables, pero que luego me dicen que cogerme implica que me quede un año, y puede que no me necesiten tanto. Me dicen que eso les genera un compromiso porque tienen que firmar un contrato con Extranjería. Eso me dijeron al menos a tres a los que he preguntado", explica Alberto, que tampoco da su nombre real porque prefiere que no se le reconozca.
El certificado de empadronamiento y la vivienda
Para él, está siendo "muy duro" empezar a trabajar, y ya ni hablar de la vivienda. "Afortunadamente" encontró hace un año y medio una casa en la que dormir, a la que cuesta considerar un verdadero hogar: "Desde que estoy en España, no puedo decir que tenga un sitio mío. Siempre viví compartiendo con seis o más personas". "Acabé conociendo a alguien, un amigo de otro amigo que tiene un piso y alquila o realquila una habitación". Por ella paga 700 euros al mes, pero no se queja: "Por lo menos tengo el certificado de empadronamiento. Lo conseguí después de mucho insistir e insistir", señala. Esta es una de las documentaciones que le permiten demostrar su estancia en el país desde antes del 1 de enero de este año, uno de los requisitos para optar a la regularización extraordinaria.
Señala que al principio no se imaginaba que fuera tan "complicado" encontrar un lugar en el que vivir: "Me pedían un contrato de trabajo o tener algún seguro, que yo no sé dónde se hace eso". En este tiempo, Pedro ha trabajado en lo que le ha surgido: "Jardinería, pinturas... Lo que sea. Pero nunca he tenido trabajo fijo y nunca he tenido un contrato", indica.
Un contrato o precontrato laboral
Al no disponer de contrato de trabajo, no tener ascendientes de primer grado y tampoco una unidad familiar con menores o mayores de edad dependientes, ambos consideran que les "toca el informe de vulnerabilidad", lo que les preocupa: "Vamos a llegar a una trabajadora social que escuchará a muchísima gente que no tiene trabajo". "No sé cómo voy a acreditar mi vulnerabilidad, porque solo tengo mi palabra", añade Pedro.
Como todavía dependen de este documento, no han pedido cita previa para entregar su documentación presencialmente: "Si no entrego todo lo que me piden, tengo 15 días y ahí me ponen una fecha mínima. Entonces tengo que intentar conseguirlo todo antes", asegura Alberto con tono de desesperación. Pamela y Sara también se encuentran en esta situación. Llevan aquí entre un año y seis meses, ambas son de Paraguay y tratan de conseguir trabajo como limpiadoras.
Al no conseguirlo, Pamela explica: "Me han dicho que tengo que pedir el informe de vulnerabilidad en el mismo lugar en el que me he empadronado, y yo estoy empadronada en Alicante". "No sé qué voy a hacer porque si no tengo trabajo, no puedo hacer nada", lamenta Sara.
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