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Fotografía

Isabel Muñoz, doble World Press Photo, en Ibiza: "Hay belleza hasta en nuestras partes más oscuras"

La fotógrafa catalana reflexiona antes de su participación en 'Sant Josep és foto' sobre su trayectoria, el cuerpo como lenguaje, la observación como forma de vida, el valor de los procesos artesanales y los riesgos de las nuevas tecnologías

Muñoz, Premio Nacional de Fotografía, comparte su mirada sobre la imagen como herramienta para contar historias

Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) es una de las grandes miradas de la fotografía contemporánea española. Ha ganado el Premio Nacional de Fotografía (2016) y el World Press Photo (1999 y 2004), entre otros. Con una trayectoria marcada por la exploración del cuerpo, la memoria, la belleza y la condición humana, la artista recala en la isla en un momento de plena búsqueda creativa, mientras prepara nuevos proyectos y deja entrever su deseo de regresar para trabajar sobre la posidonia, el mar y el cambio climático.

¿Qué significado tiene para usted participar en este tipo de encuentros fotográficos en Ibiza?

Creo que estos encuentros fotográficos son importantes, no solo para reunir a fotógrafos, sino para acercar la fotografía a los seres humanos, a la calle y a los jóvenes. Es una oportunidad. Los fotógrafos contamos historias y necesitamos compartir, estos espacios sirven para eso: para reunirnos y compartir.

¿Qué le sigue moviendo, después de toda una vida dedicada a la fotografía?

Llevo toda mi vida interesada en el ser humano, en los orígenes, de dónde venimos, dónde estamos y qué vamos a dejar a los jóvenes. He vivido la historia de la fotografía en España, cómo ha ido cambiando de ser una profesión a lo que es hoy. Y ahora es realmente el momento de la imagen, porque estamos rodeados de ella. Siempre hago fotografía sin cámara.

Fotografía de Isabel dentro de ella la artista Ai Futaki

Fotografía de Isabel dentro de ella la artista Ai Futaki / Isabel Muñoz

En su obra el cuerpo ha tenido siempre mucha presencia. ¿Sigue siendo así o se ha desplazado hacia otros temas?

Siempre ha sido el ser humano. Me he ido acercando a las historias a medida que me interesaba un tema, porque lo rechazo o porque sentía que tenía que contar esa historia, que dar testimonio. He utilizado el cuerpo como la danza, depende de lo que quiera contar. Hay otras veces en las que no utilizo ni el cuerpo ni la danza, porque son temas sociales o de otro tipo. Pero lo que realmente me ha movido desde pequeña, incluso antes de usar cámara, han sido los seres humanos y los sentimientos.

¿Diría entonces que la fotografía habla de sentimientos?

Sí. Yo creo que la fotografía habla de sentimientos. Y todos los que nos dedicamos a la comunicación necesitamos compartir. El cuerpo o la danza son un pretexto, según lo que quieras contar. No me gusta encasillarme en nada.

En muchas de sus imágenes ha buscado la belleza allí donde muchas veces la sociedad no mira.

Sí, pero es que hay belleza hasta en nuestras partes más oscuras. Incluso en los momentos duros de la vida siempre hay una luz. Y el ser humano necesita esa luz, esa esperanza. Procuro contar historias a través de esa luz. El arte me lo permite. Ya tenemos bastantes mochilas como para no intentar encontrar también esa belleza que existe.

Antes decía algo muy llamativo: que hace fotografías sin cámara. ¿Cómo es eso?

Porque no paro de observar. Siempre pensé que había empezado a hacer fotos a los 13 años, cuando conseguí mi primera cámara, una Instamatic. Pero me di cuenta de que no, de que había empezado mucho antes. De pequeña me gustaba pasar desapercibida y observar: las miradas, el amor, los celos, el poder, todo lo que forma parte del ser humano. Ahora sigo con esos ojos abiertos, con esa curiosidad. Luego pienso cómo voy a contar la historia, pero esa cámara no deja de funcionar nunca.

Hablaba de las nuevas tecnologías. ¿Qué opina de la IA?

A la hora de crear no utilizo la inteligencia artificial. Respeto mucho a las personas que la usan, porque creo en la libertad. Pero sí pienso que todo el mundo digital y todo lo que hay alrededor puede apoyar nuestra forma de contar. La inteligencia artificial, como el mundo digital y como todo en la vida, tiene una parte de luz y una parte de oscuridad. Me preocupa la manipulación a la que podemos estar sometidos, la falta de creatividad y la pérdida de libertad. En la vida hay que luchar, mirar y sentir. A veces, cuando te dan todas las cosas hechas, pierdes una parte de esa creatividad.

¿Qué haría falta entonces?

La única solución es, por un lado, la docencia, para poder explicar lo que es, y luego concienciarse y crear una contrainteligencia artificial. El miedo no lo tengo por los jóvenes como tal, sino por toda esa parte oscura que puede acompañar a estas herramientas.

¿Qué consejo daría a los jóvenes que empiezan?

No soy ningún ejemplo, pero sí les diría que, aunque la fotografía a veces sea complicada, no la abandonen nunca, porque la fotografía no te abandona. Les diría que intenten ser auténticos, porque la fotografía transmite lo que tú sientes. Y además, por muy avanzados que estemos tecnológicamente, hay que investigar sobre uno mismo y también sobre la técnica, porque no puedes contar lo que no sientes y tampoco puedes crear si no conoces la técnica. Es una carrera de fondo.

Si se encontrara de frente con esa niña de 13 años que empezó en la fotografía, ¿qué le diría?

Muchas veces la veo, porque somos lo que fuimos. Esa niña sigue dentro. La vida a veces nos mueve, como el viento mueve los cipreses, pero es curioso como de vez en cuando vuelve a salir con esa ilusión y esa pasión, incluso valorando cosas que antes no valoraba. Sigue habiendo una pequeña niña, a pesar de todo.

¿Sigue fiel también a los procesos artesanales?

Voy y vuelvo. Sigo con proyectos artesanales y con investigación a la hora de crear objetos que tengan una parte conceptual de lo que voy a contar. Para todo eso necesitas conocimiento: cómo iluminas, qué objeto utilizas. Sigo haciendo platinos, aunque ahora hago muchas más cosas. Creo que el ser humano necesita tocar, necesita hacer. Yo necesito acariciar lo que hago.

Fotografía de Isabel, dentro de ella la artista Ai Futaki

Fotografía de Isabel, dentro de ella la artista Ai Futaki / Isabel Muñoz

¿Puede avanzar algo más de ese nuevo proyecto?

Ahora estoy fascinada porque he tenido el privilegio de que este año me hayan encargado un proyecto dentro de 'Cuadernos del Campo', una iniciativa entre PhotoEspaña, Patrimonio Nacional y Acciona. Lo hago sobre El Escorial y Felipe II. Es un tema fascinante: lo que pasó allí, la biblioteca, lo que fue como centro de investigación del Renacimiento. Descubrir esa maravilla llena de dobles sentidos me tiene como esa niña que soñaba.

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