Premio al Mérito Ciudadano del Consell de Ibiza | María Marí Marí Presidenta de la Federació de Colles y de la Colla de Labritja
María Marí Marí, Premio al Mérito Ciudadano del Consell de Ibiza: «Desde la pandemia se nota un resurgimiento del folclore ibicenco»
El próximo 17 de abril, María Marí Marí (Sant Vicent de sa Cala, 1960)recibirá de manos del Consell de Ibiza el Premio al Mérito Ciudadano como reconocimiento a la labor que lleva desempeñando durante años para defender, divulgar y conservar la cultura popular ibicenca
Para esta maestra jubilada, que lleva casi dos décadas al frente de la Colla de Labritja y de la Federació de Colles de Ball i Cultura Popular d’Eivissa, es esencial cuidar «las raíces» de la isla

Sergio G. Cañizares

En 2023, el Consell de Ibiza concedió el Premio al Mérito Ciudadano a la Federació de Colles de Ball i Cultura Popular d’Eivissa cuando se cumplían 25 años de su existencia. Tres años después se lo otorgan a usted. ¿Le ha pillado por sorpresa este reconocimiento?
La verdad es que cuando me llamaron no me lo podía creer, me sorprendió mucho. Tampoco pienso que haga tantas cosas extraordinarias para conservar la cultura popular, solo lo normal.
¿Qué representa para usted este galardón?
Es un orgullo y un honor que me lo hayan concedido. Siempre es muy gratificante saber que hay un reconocimiento detrás del trabajo que se está haciendo.
¿Qué significado y qué valor tienen para usted las palabras folclore y tradición?
Son nuestras raíces, es nuestra cultura y creo que es algo que tenemos que conservar y transmitir. Como ibicenca, para mí son términos muy importantes.
«Cuando era joven el ‘ball pagès’ me gustaba mucho, pero para mis padres no era algo importante»
¿Al ball pagès se le prestaba mucha atención en Ibiza cuando era una niña, en los años 60?
En aquella época, no. Fue a partir de los años 80, más o menos, que el ball pagès empezó a resurgir con la creación de la gran mayoría de los grupos folclóricos que ahora hay en la isla. Cuando era muy pequeña, como vivía en el campo y tampoco teníamos muchas posibilidades de salir, casi no sabía que existía. Entonces, había muy poquitas colles. Cuando ya fui creciendo empecé a saber más gracias a los grupos que venían a bailar al pueblo en los días festivos. Me gustaba muchísimo y, de hecho, me emocionaba cuando veía una actuación, pero para mis padres no era algo importante ni relevante; de hecho, en aquellos tiempos hablar de ball pagès era casi como un desprecio.
Se apuntó a la Colla de Labritja en 1990. ¿Qué le motivó a entrar en una agrupación folclórica?
En primer lugar, me apunté porque me gustaba mucho el ball pagès, pero después también porque vi que mis hijos, que tenían entonces siete y cuatro años, ya mostraban mucho interés en bailar. De hecho, si el trabajo se lo permite, todavía bailan algunas veces. Ahora también empiezan a hacerlo mis nietos.
¿Cree que en la actualidad la sociedad ibicenca da todo el valor que se merece al folclore?
Creo que actualmente sí, de hecho, hay muchas colles y desde la pandemia hasta ahora creo que se está produciendo un resurgimiento, que se constata con todos los niños pequeños que están empezando. Eso es muy importante porque se ve un futuro al folclore ibicenco.
¿A qué atribuye este resurgimiento?
A la labor que hacen la Federació y las colles en general. Todo influye un poco. También es algo que va un poco por rachas.
¿Cree que sin todo el trabajo que ha hecho y hace la Federació de Colles, el folclore ibicenco hubiera corrido peligro?
Yo diría que la labor que hacen tanto la Federació como todas las colles, en general, es casi indispensable. Evidentemente, una agrupación folclórica sola no podría llevar a cabo tantas actividades como las que hacemos estando federados. Un ejemplo es el Festival Mare Nostrum, que podríamos decir que es el más grande que se organiza en la isla y que subvenciona el Consell de Ibiza.
¿Está satisfecha, en general, con el apoyo de las instituciones públicas?
Yo particularmente estoy contenta, pero solo puedo hablar por la Colla de Labritja y por la Federació. Siempre se puede pedir más, evidentemente, pero con lo que nos están, dando vamos tirando.

María Marí es presidenta de la Colla de Labritja y de la Federació de Colles de Ball i Cultura Popular d’Eivissa desde 2007. / SERGIO G. CAÑIZARES
¿Y qué es lo que pediría?
Poder ampliar el Festival Mare Nostrum, las Jornades de Cultura Popular y, en general, todas las iniciativas que llevamos a cabo.
Una de las demandas históricas de la Federació de Colles era la creación de un edificio público en la isla dedicado al estudio y la promoción del folclore local. El pasado diciembre, el Consell de Ibiza, por fin, puso la primera piedra del Centre de Patrimoni Cultural Immaterial Ses Nou Rodades. ¿Por qué era vital para ustedes esta infraestructura?
El problema que tienen, en general, las colles es el de disponer de un local para poder hacer, por ejemplo, talleres sobre ropa, espardenyes o instrumentos típicos. La puesta en marcha de este centro nos permitirá contar con espacio para realizar todas estas actividades referidas a cultura popular.
¿Está al tanto de cómo van las obras?
Me han comentado que marchan a buen ritmo.
Hace unas semanas se clausuraron las Jornades de Cultura Popular de las Pitiusas, en las que se homenajeó a Carmen Tur. ¿Cómo ha respondido el público en esta vigesimoquinta edición?
La verdad es que estamos muy contentos porque ha venido mucha gente. Probablemente sea, de todas, la edición con más público. Creo que ha tenido algo que ver el hecho de haber cambiado la ubicación, porque antes lo hacíamos en el antiguo Consell y ahora en Sa Nostra Sala, que es más céntrico. Además, habrán influido otras cosas, como el tema que se ha tratado este año, ‘Reminyoles, vidasses i altres celebracions’, que ha sido muy ameno y muy divertido.
Hablando de celebraciones tradicionales, recuerdo que en la presentación de este año comentó que hay mucha gente joven de las Pitiusas que ni siquiera sabe qué son las matanzas...
Es verdad, pero es que, de hecho, matanzas ya hay muy pocas, con lo cual es normal que haya mucha gente joven que no sepa lo que son. Pero podemos decir lo mismo del festeig pagès, que ni siquiera yo lo he vivido. Por eso creo que todas estas tradiciones despiertan la curiosidad de la juventud y de los que no somos tan jóvenes.
¿Qué están dispuestos a hacer en la Federación de Colles para llegar más y mejor a la juventud?
Ir organizando actividades como la Trobada de Colles, que permiten que la gente se vaya conociendo. El año pasado celebramos la segunda edición de este encuentro, en el que se convocan a todas las agrupaciones folclóricas de Ibiza.
«Me preocupa que se pierda la esencia en la confección de la indumentaria tradicional»
De todo el patrimonio inmaterial de Ibiza, ¿qué considera que corre más riesgo de perderse?
Aunque hay muchísimos artesanos trabajando en ello, una de los temas que me preocupa es el de la indumentaria. Es verdad que todo evoluciona y que salen materiales nuevos, y no digo yo que no se puedan utilizar, pero creo que debido a eso se está perdiendo un poquito la esencia de cómo se confeccionaban antiguamente el traje payés y las espardenyes. Para empezar, en Ibiza nos cuesta muchísimo encontrar las telas que serían las adecuadas y otro tema es el de las espardenyes, porque tradicionalmente se hacían con pitra y ahora en Ibiza ya no hay porque el picudo rojo ha arrasado con las pitreres. Todo eso nos complica las cosas. La técnica para la confección de la vestimenta típica también se está perdiendo porque cada vez hay menos personas que nos puedan enseñar cómo se hacían en el pasado.
¿Se considera, en general, una purista del folclore o ve con buenos ojos que se hagan innovaciones?
Si se trata de conservar lo nuestro, hay que intentar hacerlo respetando todo lo posible cómo era antiguamente y en eso es en lo que trabajamos. Evidentemente, todo evoluciona y tampoco hay que ser radical, pero no hay que perder la esencia, porque si evolucionamos tanto, llegará un momento en que no quedará nada de lo antiguo.
Hablando de innovaciones, gracias a jóvenes como Ester Torres y Paula Serra, sonar ya no es solo cosa de hombres, aunque hay quien no lo ve con buenos ojos porque considera que «están rompiendo la tradición» siendo este un rol tradicionalmente masculino. ¿Usted qué opina?
A ver, yo también opino que se está rompiendo la tradición, pero también pienso que, a la larga, nos tendremos que ir adaptando a las circunstancias, porque no nos quedará otra. No veo mal tampoco que una mujer quiera aprender a sonar.
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