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MEDIO AMBIENTE | Biodiversidad marina

Un decreto para proteger el bosque submarino del Mediterráneo

Entra en vigor en España la norma que prohíbe fondear sobre praderas de posidonia y obliga a reponer sobre la orilla las acumulaciones que se forman con hojas secas.

Unos submarinistas nadan sobre una pradera de ‘Posidonia oceanica’.

Unos submarinistas nadan sobre una pradera de ‘Posidonia oceanica’. / Manu San Félix

Joan Lluís Ferrer

Joan Lluís Ferrer

Ibiza

El Gobierno central ha dado un importante paso para la conservación de las praderas submarinas de Posidonia oceanica y de Cymodocea nodosa, dos especies de plantas fundamentales para la biodiversidad del Mediterráneo y para la captación de CO2. Aunque algunas comunidades autónomas, como Baleares, han legislado ya por su cuenta para preservar estas especies en sus fondos, el nuevo decreto nacional ampara a todas las praderas existentes en el Mediterráneo español.

El fondeo de embarcaciones sobre estos bosques submarinos queda definitivamente prohibido y para orientar a los patrones de los barcos se deberán actualizar periódicamente la delimitación cartográfica de las praderas, según prevé el decreto.

La norma regula también los lugares y las condiciones en que pueden crearse zonas de fondeo ecológico, mediante boyas que no afecten a estas especies.

Queda prohibido, a partir de ahora, realizar obras en estas praderas submarinas, incluyendo el tendido de cables, la colocación de tuberías para vertidos, gasoductos y oleoductos, infraestructuras portuarias, dragados o extracción de arena, instalación de energías renovables y regeneración de playas por debajo de la cota de pleamar.

Acumulación de posidonia seca en una playa de Eivissa.

Acumulación de posidonia seca en una playa de Eivissa. / Juan Antonio Riera

Reposición de los arribazones

Uno de los aspectos más destacados del decreto es que preserva las acumulaciones de posidonia seca que se forman en la orilla y que son fundamentales para evitar la pérdida de arena durante los temporales. La norma permite retirar estos arribazones solo con permiso administrativo y únicamente durante la temporada turística de verano, pero en ese caso los restos deben ser almacenados y conservados en un lugar adecuado para luego volver a depositarlos en su emplazamiento original.

El decreto, ya publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE), contempla también la necesidad de realizar un seguimiento periódico del estado de conservación de las praderas de Posidonia oceanica y de Cymodocea nodosa en el mar Mediterráneo para ir monitorizando tanto sus condiciones naturales como su avance o retroceso.

El incumplimiento de las medidas previstas para la protección de estas fanerógamas lleva aparejadas sanciones para los infractores, que coinciden con las previstas en la ley 42/7 de Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que prevé multas de entre 100 y dos millonens de euros, dependiendo de la gravedad de los hechos.

Una pieza clave para el mar gravemente amenazada

Tanto la Posidonia oceanica y de Cymodocea nodosa son fanerógamas marinas (no algas, como a veces se cree) que desempeñan un papel fundamental como hogar y criadero de muchísimas especies de peces y otros organismos. Además, tienen una eficacia de captura de CO2 atmosférico increíblemente grande, según reiterados estudios. Todo ello las convierte en verdaderos bosques submarinos.

Sin embargo, tres son las principales amenazas que están destruyendo estas praderas: el fondeo indiscriminado de embarcaciones, sobre todo recreativas, sobre estas zonas; el vertido de aguas mal depuradas y el excepcional calentamiento que sufre el Mediterráneo. Los expertos alertan de que todo ello está haciendo retroceder su superficie de modo alarmante, con el agravante de que la capacidad de recuperación de estas plantas es extremadamente lenta.

«Los ecosistemas costeros y marinos son, y siempre han sido, una fuente de múltiples servicios ecosistémicos, no solo para proporcionar alimentos (pesca y acuicultura) y la extracción de materias primas (bióticas y no bióticas) sino también para regular (regulación climática, protección costera) y servicios culturales como el turismo y el patrimonio cultural, entre otros», afirma un reciente estudio elaborado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Juan Carlos I.

Las diferentes especies de posidonia son muy sensibles a la temperatura. Su mortalidad se acelera a partir de los 28ºC de temperatura. En este sentido, las perspectivas no son halagüeñas: los modelos climáticos indican que la temperatura en la superficie del mar Mediterráneo durante la época estival podría aumentar 3,4 grados de media a finales de este siglo. Y que a partir del año 2050 se superarían los 28ºC todos los veranos en el Mediterráneo occidental.

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