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Medio ambiente

El plástico asfixia a Ibiza y Formentera, con el 65% de los residuos que hay en el mar

Una investigación revela que la densidad de basura en el fondo marino no baja tras el verano y que el sector agrícola produce cada año más de un millón de kilos de desechos plásticos

Buceadores durante la recogida de muestras del estudio, en s’Espalmador.

Buceadores durante la recogida de muestras del estudio, en s’Espalmador. / JOSÉ A. ARRIBAS/IBIZAPRESE

Palma

La belleza idílica de Balears esconde una realidad física preocupante: una invasión silenciosa de plásticos que no solo flota en la superficie, sino que se asienta en las profundidades de sus costas y se fragmenta en sus tierras de cultivo. El último balance del estudio sobre residuos que llevan a cabo IbizaPreservation, Mallorca Preservation y Menorca Preservation revela una radiografía inquietante sobre la persistencia de estos restos en el archipiélago, donde la presión humana y la actividad económica están dejando una huella difícil de borrar.

Mientras la tierra intenta digerir este material, el mar Balear actúa como un sumidero donde los residuos se acumulan de forma crónica. La investigación piloto realizada por la fundación en 2025 en 21 localizaciones del archipiélago demuestra que el 60% de los objetos encontrados en el fondo son plásticos, principalmente de alta densidad, una cifra que se eleva al 65% en el caso de las Pitiusas. Los muestreos realizados en primavera y otoño han arrojado datos reveladores sobre la capacidad de regeneración del medio. Según detalla la investigadora ibicenca Elisa Langley Ribas, coordinadora técnica del estudio, la presencia de basura es constante durante todo el año, independientemente de la temporada turística alta.

Las cifras son críticas, con densidades que superan en algunos casos los 3,2 objetos por cada cien metros cuadrados tanto antes como después del verano. «En primavera tú puedes estar asociando esa cantidad de residuos a actividades de acumulación de muchos años. En cambio, en otoño, cuando vuelves y te encuentras una cantidad elevada, realmente ha sido durante el aporte de la hidrodinámica como de las actividades que se ejercen en esa costa cercana durante esos seis meses», apunta Langley. Esta persistencia indica que el ecosistema no logra deshacerse de la carga contaminante que recibe de forma continua.

6.000 Entre los residuos más dañinos destacan las colillas; se recogieron casi 6.000 unidades en un solo ejercicio.

El otro frente de batalla se encuentra en la agricultura. Tradicionalmente, el uso de plásticos para el acolchado de huerta ha sido una herramienta indispensable para optimizar el agua y evitar malas hierbas. Sin embargo, su gestión se ha convertido en un problema ambiental. Ana Riera, directora de Mallorca Preservation, explica que estos materiales acaban integrándose en el ecosistema de forma irreversible si no se actúa a tiempo. «Es un plástico que cumple una función, pero que luego contamina muchísimo, porque a la hora de retirarlo está tan dañado por la exposición al sol que se fragmenta y no hay manera de sacarlo; al final, siempre acaba quedándose mezclado con la tierra», señala a este diario.

Para frenar esta degradación, la entidad colabora desde 2019 con la Asociación de Agricultores Ecológicos de Mallorca (Apaema) promoviendo el uso de biofilmes de almidón de patata. Así, se han reemplazado ya 900 kilómetros de residuos, lo que supone «evitar que 17.000 kilos de polímeros terminen sepultados bajo los cultivos de la isla», destaca la experta. No obstante, el reto es mayúsculo, ya que el sector genera unas 1.300 toneladas de residuos plásticos anuales, lo que «obliga a buscar alternativas urgentes en mallas de algodón o tutores biodegradables», detalla.

Ante esta situación, la movilización social se ha convertido en el último baluarte de defensa. Durante el pasado año, casi 300 voluntarios participaron en limpiezas de playa organizadas por la fundación, logrando retirar 133 kilos de basura de los arenales. Entre los residuos más dañinos destacan las colillas; de las que se recogieron casi 6.000 unidades en un solo ejercicio.

"Impacto devastador"

El impacto «es devastador si se tiene en cuenta que una sola contamina hasta 500 litros de agua», advierte Riera. Estas acciones, más allá de la retirada física del residuo, buscan generar una base de datos científica que permita a las administraciones tomar medidas de gestión basadas en la realidad del entorno. El objetivo final es alcanzar el «residuo cero»- recuerdan desde la entidad- en unas islas cuya salud ambiental depende, hoy más que nunca, de la capacidad para desconectarse del plástico.

"El turismo y la navegación ejercen una gran presión sobre la costa"

El fondo del mar Balear no es solo un refugio de biodiversidad; se ha convertido en el espejo que refleja el impacto directo del modelo de ocio y transporte en las islas. El reciente estudio técnico liderado por Carla Alfonso Mihi y Elisa Langley Ribas pone nombre y apellidos a los responsables de la degradación de los ecosistemas subacuáticos de las islas, señalando una relación directa entre la presencia humana y la basura acumulada a menos de doce metros de profundidad.

Tras analizar los residuos mediante inmersiones científicas, los datos obtenidos por Alfonso y Langley no dejan lugar a dudas sobre qué sectores ejercen una mayor presión. La actividad náutica se sitúa como el principal foco emisor de contaminación en el litoral. «Se ha podido asociar un 33,5% de los objetos identificados a la navegación», destaca Langley, quien subraya que el impacto de las embarcaciones es constante y va más allá del simple descuido estético. Muy cerca de esta cifra se encuentra la presión ejercida por el sector servicios, con un 32,2% de los residuos vinculados directamente al turismo, el comercio y la hostelería de costa.

Esta radiografía realizada por las expertas desmitifica que la contaminación provenga exclusivamente de fallos en las infraestructuras públicas. De hecho, los objetos de higiene que llegan directamente sin filtrar por las depuradoras representan apenas un 2% del total, según señala la experta. «Donde hay más navegación y más afectación turística y zona urbana, hay más residuos en esos fondos», afirma con contundencia. Los resultados de la investigación muestran que el turismo actúa como un factor que intensifica la presión sobre el archipiélago, convirtiendo las bahías y los sistemas de fondeo en puntos críticos de acumulación de plásticos y otros materiales densos.

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