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Entrevista

Pilar Costa Serra, diputada del Grupo Parlamentario Socialista en el Parlament: «Cuesta mucho lanzar un mensaje si no entras en la bronca política»

En 1996, una agrupación de izquierdas e independientes logró ganar el único escaño del Senado de la circunscripción de Eivissa y Formentera, rompiendo la hegemonía que había mantenido la derecha hasta entonces. Una joven e inexperta Pilar Costa, a quien sus opositores denominaban despectivamente «el experimento», fue elegida para el cargo. Tres décadas después, repasa aquellas elecciones históricas, en un momento clave para el futuro de las Pitiüses en la Cámara Alta.

La ibicenca Pilar Costa fue la primera senadora de izquierdas de la circunscripción para Ibiza y Formentera. | TONI ESCOBAR

La ibicenca Pilar Costa fue la primera senadora de izquierdas de la circunscripción para Ibiza y Formentera. | TONI ESCOBAR

Pilar Martínez

Pilar Martínez

Formentera

¿Cuáles fueron sus comienzos en el mundo de la política? ¿Siempre quiso dedicarse a esto?

¡Qué va! ¡En absoluto! Estudié Derecho y ejercí tanto como abogada como de profesora de Derecho en la Escuela de Turismo de Ibiza. A eso y al teatro, que siempre ha sido mi pasión, y sigue siéndolo hoy en día, era a lo que me dedicaba.

Entonces, ¿cómo acabó siendo hace 30 años la primera senadora de izquierdas de la circunscripción para Ibiza y Formentera?

En el año 1996, se creó la agrupación de electores Ibiza i Formentera al Senat, una candidatura conjunta que reunió a varias fuerzas progresistas, (PSOE, Esquerra Unida, Els Verds, Entesa Nacionalista i Ecologista, ERC) y a independentistas de las dos islas. Yo no estaba en ningún partido ni se me pasaba por la cabeza entrar en política, pero siembre había estado muy comprometida con los temas sociales, de derechos humanos y similares. Pero nada de política. Me propusieron participar en esta candidatura conjunta y dije que sí, todavía no sé por qué, la verdad.

Actualmente, Costa es diputada del Grupo Parlamentario Socialista en el Parlament de las Illes Balears. | TONI ESCOBAR

Actualmente, Costa es diputada del Grupo Parlamentario Socialista en el Parlament de las Illes Balears. / TONI ESCOBAR

Algo vería en esta propuesta para decidirse.

Me atrajo la idea de unir a todas las fuerzas de izquierda, porque había tal dispersión de voto entre los progresistas que no había manera de gobernar nada.

¿Por qué cree que salió bien esta prueba?

Todos los partidos fueron muy generosos renunciando a sus siglas y formando una agrupación de electores. Además, ya había una especie de ‘clamor’ en Ibiza sobre la necesidad de un cambio político, porque siempre había gobernado el PP, y de alguna manera, la calle ‘premió’ a la candidatura unitaria. Es importante recordar que en 1996, cuando la izquierda pitiusa ganó el escaño en el Senado, fue el año en el cual José María Aznar ganó las elecciones nacionales.

De todas las personas que formaban parte de la agrupación electoral, ¿por qué fue elegida para el cargo de senadora alguien sin experiencia?

Mi hermano, José María Costa, era miembro en el PSOE y yo conocía a algunos políticos, como a José Ramón Balanzat, de Els Verds. Pero nada más. Creo, y así me lo han dicho después, que se lo habían ofrecido a gente más conocida y con más experiencia, pero nadie se animó. El punto de inconsciencia que te da la juventud hizo que me lanzase a la piscina cuando me lo pidieron a mí.

¿Cómo afectó esta decisión a su vida personal?

Al principio seguí con mi trabajo en el despacho de abogados y dando clase de Derecho, pero en 1999, para las elecciones autonómicas al Consell de Ibiza y Formentera y a los ayuntamientos, se decidió repetir la unión de los partidos de izquierda en vista del éxito obtenido en el Senado. Salí elegida presidenta del Consell con el Pacto Progresista, una coalición que reproducía lo que se hizo en 1996, y me sustituyó como senador el formenterés Isidor Torres, que era mi suplente. No solo se ganó el Consell, sino también la alcaldía de Formentera y la de Ibiza, con Xicu Tarrés. Sin saberlo, pusimos una semilla de lo que después ha sido la alternancia política en las instituciones pitiusas, porque desde siempre y hasta entonces, era el PP quien gobernaba, con algunas excepciones como los alcaldes socialistas de Formentera o los dos años que el socialista Enrique Mayans estuvo a la cabeza del Ayuntamiento de Ibiza.

¿Cómo reaccionaron los partidos de la derecha ante esta entente progresista?

Al principio no nos tomaron en serio, no nos hacían ni caso. De hecho, a mí me llamaban ‘el experimento’ y decían que la agrupación de electores era una ‘ensaladilla rusa’. Nos ninguneaban pero, cuando ganamos el Senado con un 11% respecto al PP, que en Ibiza era lo nunca visto y, además, teniendo en cuenta que en Madrid había ganado Aznar, pues se empezaron a preocupar. Intentaban denostar las coaliciones electorales y ahora vemos que el Partido Popular, donde no tiene mayoría para gobernar, se alinea con Vox, que es como su muleta para poder gobernar.

Si en la pasada década de los 90 se pudo unir a todas las fuerzas progresistas en dos ocasiones con tan buen resultado, ¿qué está pasando ahora, especialmente a nivel nacional, con lo que parece una atomización de la izquierda?

Con el paso del tiempo idealizas muchas cosas. Es verdad que hubo muy buen rollo entre las formaciones que se unieron en 1996, pero también hubo dificultades, por que al fin y al cabo eran cinco partidos distintos. Los partidos progresistas son plurales porque la sociedad también lo es. Pero, a nivel local, hay que tener una visión estratégica y entender que, si divides el voto, se perderán muchos por el camino.

Y en términos nacionales, ¿qué está ocurriendo?

Cuando nosotros nos unimos en Ibiza, en el 96, los partidos a nivel nacional, como el PSOE e Izquierda Unida, tenían una pésima relación que no ayudaba nada a nuestro proyecto. Cuando los representantes de esos partidos les decían a sus jefes de Madrid que se iba a presentar una candidatura unitaria, les parecía horroroso porque iba en dirección contraria a esas disputas que había a nivel nacional. Ahora tenemos un Gobierno de España con PSOE y Sumar en coalición, pero está todo tan polarizado, tan bronco, que creo que responde a una estrategia clara de la derecha y la ultraderecha, que parecen querer que reviente todo. Llegan al punto de no reconocer la legitimidad del actual Gobierno y eso no se puede permitir. A ti te gustará o no te gustará, pero legítimo es.

¿Cómo ve el futuro ante este panorama?

A nivel nacional está complicado, pero tengo la esperanza de que en sitios más pequeños como Ibiza y Formentera, respetando siempre la autonomía de cada partido, se tenga la visión necesaria para entenderse cuando hace falta. Que haya coaliciones y entendimiento entre partidos es lo normal en una democracia madura como la nuestra.

¿Por qué la derecha no está tan fragmentada en diferentes opciones como sí lo está la izquierda?

Siempre han sido más ‘monolíticos’, aunque ahora es distinto. Vox ha aparecido hace solo una legislatura y media y además con mucha fuerza y un discurso de odio que para mí es muy preocupante. En mi opinión, el PP no debería blanquear este discurso, que tiene como objetivo reventarlo todo. La forma como se insultan, gritan y patalean en los debates en el Congreso al final lo que hace es deslegitimar la política para decir que todo es una porquería y ellos son los salvadores. Esa es la estrategia de Vox, que es muy peligrosa, y considero un error que el PP lo esté legitimando por miedo, porque les está quitando espacio y votos.

A pie de calle, parece que la política, en su sentido más amplio, ya está bastante desprestigiada.

Esto tampoco es nuevo. Cuando yo empecé, no es que me dieran la enhorabuena por meterme en política, pero esto ha ido in crescendo. Quienes intentan desprestigiar la política y a los partidos políticos están atacando a un sistema democrático. Porque tenemos una democracia y, si una cosa no te gusta, afortunadamente se puede votar y cambiar las cosas. Pero este discurso de la ultraderecha contra los políticos, como si ellos no lo fueran, no tiene sentido.

¿Puede ser que los numerosos casos de corrupción en la esfera política que se van conociendo aumenten esa sensación de hartazgo entre la población?

Cuando salen casos de corrupción, son una bomba a la línea de flotación de la política. Afortunadamente, tenemos un sistema que funciona contra eso y, aquel que la haga, que la pague hasta el final. Pero esto, que tampoco es nuevo, no debería desacreditar a todo el sistema político y democrático. También es evidente que ahora, con los medios de comunicación más accesibles y las redes sociales, el debate se ha vuelto más virulento, agresivo y violento a todos los niveles, pero sobre todo en el lenguaje. Creo que hay que hacer una autocrítica, porque ha llegado un punto en que, si tú tienes un discurso menos altisonante, no tienes repercusión pública, cuesta mucho lanzar un mensaje si no entras en esta bronca. Esto hay que cortarlo de raíz, no puede ser.

Volviendo a los pactos progresistas, ¿cree que se podría repetir algo similar a lo que se consiguió en 1996?

Es necesario el entendimiento. A mí no hay nada que me desmoralice más que ver las peleas públicas entre partidos de izquierda. Yo ahora milito en el Partido Socialista, pero sigo teniendo el mismo espíritu ‘pactista’. En el 96 comenzamos una cultura del pacto muy positiva que ha perdurado y creo que el diálogo permanente entre las fuerzas de izquierda es muy positivo. También tengo que decir que fue fundamental que las personas que representaban a aquellos partidos tenían la voluntad firme de que aquello saliera bien. Por ejemplo, Miquel Ramon, de Izquierda Unida, se dejó la piel para que su partido aceptara la coalición que al final consiguió el escaño en el Senado.

Precisamente el pasado jueves el Congreso de los Diputados dio carta blanca a la reforma del artículo 69.3 que permitirá que Formentera tenga a su propio representante en la Cámara Alta, desvinculándose de Ibiza. Usted formaba parte de la delegación del Parlament balear que defendió en Madrid esta reivindicación histórica. ¿Cómo ha vivido este proceso que ha atravesado momentos críticos con la abstención del PP en dos votaciones previas?

Creo que es una muestra de que, cuando se aprieta y se quiere conseguir algo, se consigue. El jueves fue un día histórico para Formentera, que consiguió un amplio respaldo del Congreso, aunque es verdad que había dudas de que pudiera salir adelante porque se necesitaba una mayoría cualificada de votos afirmativos y no estaba claro el sentido del voto de los diputados del PP. Pero no quiero echar la vista atrás y fijarme en lo negativo. Acabó bien y es una muestra de la persistencia del pueblo de Formentera. No me parece justo el debate alternativo que intentaba meter el PP sobre el topónimo ‘Ibiza’, porque el objetivo de la reforma constitucional es que Formentera pueda elegir a su senador. Pero estoy satisfecha del apoyo unánime de los partidos progresistas y nacionalistas. Ahora solo queda esperar que en el Senado tenga una tramitación tan rápida como la del Congreso, teniendo en cuenta que ha sido fundamental el impulso que le ha dado su presidenta, Francina Armengol. Sin su ayuda, esto no habría llegado hasta aquí. Si todo sigue como hasta ahora, antes del verano podremos tener la reforma constitucional acabada y Formentera tendrá un senador o senadora tras las próximas elecciones.

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