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Semana Santa

El recorrido del Santo Encuentro en Santa Eulària: lento, pero sin pausas

Este domingo de Resurrección en Santa Eulària medio pueblo se une para presenciar el encuentro entre el Resucitado y la Virgen e ir a misa en un Puig de Missa sin capacidad para un alma más

Samia Khenien

Samia Khenien

Ibiza

"Me han transmitido bastantes comentarios positivos de cómo se ha desarrollado la Semana Santa y esto para nosotros nos tiene que servir para continuar en esta línea de trabajo para que nuestra Semana Santa se siga haciendo bien, no solo para los que vivimos en Santa Eulària, sino para todos los que nos ayudan". Así anuncia Josep Lluís Mollà, sacerdote de la iglesia del Puig de Missa, el fin de la Semana Santa al pueblo de Santa Eulària en la misa de este Domingo de Resurrección, tras el Santo Encuentro. Además, Mollà esgrime: "Ahora no hay que perder esta participación, hay que perseverar y continuar participando y colaborando, sobre todo buscando la ayuda y la fraternidad entre las compañías".

La jornada queda marcada por el Santo Encuentro, momento emotivo en el que el Resucitado se une a la Virgen en el centro del pueblo. En esta ocasión el encuentro se da a las 10 de la mañana, en el cruce de la calle Sant Jaume con el paseo S'Alamera. Ya previo a la hora de la cita hay varias decenas de personas esperando, cuando aún no se ha cerrado el paso a la circulación. "Ahora todos los coches se van a parar aquí pensando que vamos a cruzar", dice una mujer, poniendo en el aire algo que debe de haber pensado todo el mundo en algún momento.

Otros no se esperan en el cruce y van en búsqueda de la virgen: "Vamos por ahí hacia la iglesia y detrás de la Virgen", le comenta un grupo de personas a otra mujer que parecía haberles estado esperando. "Pero...", intenta contradecir la señora, que es respondida con un "va, vamos", que la convence y se marchan del lugar. Que no estuviera la calle cortada a escasos cinco minutos de la hora del encuentro preocupa a los asistentes, que se preguntan si se han equivocado de sitio. Una de las asiduas mantiene: "El año pasado fue más abajo, en S'Alamera, porque en este punto había obras, pero este año será aquí", suena convincente y nadie más se marcha.

Santo Encuentro = encuentro emocionante

Ya se oyen los tambores a la derecha de los del club de la sombra, viniendo desde dirección a es Canar. Después, los instrumentos de viento, anunciando la llegada del Resucitado. Alguien pregunta: "¿No hay mucha gente hoy, no?", mientras que el cruce ya lo ocupan unas cien personas. A unos 200 metros se ya a los componentes de la banda Esencia, vestidos de negro, escoltados por dos motos de policía. Detrás de ellos, el Resucitado adelanta más rápido a los músicos por la derecha. A la imagen, cargada por siete hombres y una mujer a hombros, la siguen cargos religiosos, políticos y ciudadanos, en ese orden.

En el instante en el que el Resucitado se encuentra entre Can Cosmi y el Royalty, se puede vislumbrar a la Virgen bajando desde el Ayuntamiento, seguida por las manolas. Una abuela le dice a su nieto de unos tres años: "Mateo, ponte aquí, que no te dirán nada", para que el pobre chico pueda ver algo entre la multitud que se ha acabado acumulando en la calle. A la Virgen la cargan cinco mujeres y tres hombres, igual que los anteriores, vestidos de blanco, con pantalón negro y la medalla colgando del cuello. Antes de acercarse más, le quitan el manto negro que la cubría, que sirve de señal para que las manolas cambien su mantilla negra por una blanca.

En un punto ambas imágenes son inclinadas una frente a otra y hacen volar las palomas que tenían enjauladas a un costado. Las manolas con las mantillas blancas cargan un rosario en la mano derecha y una rosa roja en la izquierda. El público aplaude ante cada inclinación de la Virgen al Resucitado, gracias al doblar de las rodillas, cuidadoso, de cuatro que cargan con ella delante. Pasa una imagen frente a la otra entre aplausos, con el Resucitado más cerca del mar y la Virgen del Ayuntamiento. El balanceo de los cargadores necesita ensayo, parece las estatuas caminan por sí mismas.

"La música es una pasada, la banda Esencia es muy buena", señala una mujer del público, mientras los músicos dan emotividad al momento. De sones más lúgubres a otros más animados.

Antes, durante y después de misa

Para la procesión hacia la cima, las manolas se ponen entre el Resucitado y la Virgen, con el primero al frente y la banda al final. Por la calle Sant Jaume, pasando por la calle del sol y el pintor Laureà Barrau, mediante un paso lento, pero firme. Sin prisa. Sin desfallecer. Sin incidentes, por más que la carga de las imágenes se hace complicada. Un hombre del público se tropieza en la acera de la avenida Pare Guasch, pero no acaba de caer. Las campanas repican ya, poco antes de las once, pidiendo 'venid a mí'.

Las señoras que paran brevemente durante la subida emprenden rápido su camino para no quedarse sin asiento durante la misa. En la cima del Puig ya hay algunos asistentes esperando. Hay un grupo relativamente numeroso de turistas franceses y de países nórdicos, con chanclas incluidas. Sube primera una manola que parece haberse separado del resto del grupo y perdido. Cuando todo el mundo observa a la procesión llegar a la plaza Lepant, la banda se coloca delante de la pared, con las imágenes en el centro de la plaza, con el cielo impecable y el bosque oscuro al fondo. La música suena, la caja de palomas se abre y las imágenes siguen balanceándose sobre los hombros de los portadores. Suena el himno de España y suben las imágenes por las escaleras hacia la capilla, la Virgen parece que se va a enredar con las ramas de un árbol y una señora exclama, angustiada: "Cuidado, cuidado, cuidado, cuidado", y cuando ve que no va a caer, se santigua y entra con ella a la iglesia.

La Misa transcurre con la iglesia a rebosar, no cabe ni un alma más, con algún móvil sonando y alguna madre apaciguando a su bebé. Fieles arrodillados con sus palmas al techo. El llamamiento del cura a la hermandad que hace que todos se den la mano. "Vas a pedir la hostia o una arepa", bromea un hombre con su conocido, tras la detallada explicación del cura de cómo deben tomar el alimento de Dios.

Las mujeres del día

Aitana Jerez, una de las manolas más jóvenes, explica que este es el segundo año que hace de manola, pero que solo sale el domingo: "El resto del tiempo estoy con mi cofradía", explica la joven, cofrade de Santa Marta. La Semana Santa para ella es muy importante: "Un momento en el que todos tenemos que estar unidos. Un momento de paz en el que celebramos y nos saludamos entre todos. Además, es una forma no solo hacer la paz, sino de que todo el pueblo esté unido y volvernos a ver las caras y juntarnos en la iglesia", instantes que para ella son "muy bonitos".

"Qué fuerte que está, es de envidiar", le comenta, bajando el monte, una vecina a Antònia de Can Balcó, manola de 82 años, que tras el recorrido del Santo Entierro de este viernes vuelve a presentarse con su vestimenta y se recorre todo el Puig de Missa hacia la cima y de vuelta al pie. "Ahora me voy a comer y después als vells a pasar el rato", afirma Antònia, impasible, pero que en confidencia asegura que no le resulta nada fácil el trayecto. Aunque, "si Dios quiere", volverá a hacerlo el año que viene.

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