Semana Santa
Penitentes de todas las edades en el Santo Entierro de Santa Eulària en Ibiza
Centenares de personas se concentran en el Puig de Missa a la caída del sol para asistir a la procesión del Viernes Santo en Santa Eulària, en la que no faltan, como cada año, las manolas con sus mantillas negras y los romanos, además de los penitentes con sus característicos capirotes

Las Cofradías en la plaza Lepanto ante las imágenes. / J.A. Riera

El ambiente en la plaza Lepanto previo a las ocho de la tarde, cuando está previsto el inicio de la procesión del Santo Entierro de Santa Eulària, es del todo alegre. Personas de distintas cofradías se saludan y charlan sin importar el color de sus vestimentas. «Lo llevas peor que en mi época», bromea un hombre sobre el bigote de un conocido más joven. La respuesta del chico empieza por ‘c’ y acaba por ‘n’ y se siente, cuanto menos, incorrecta en el entorno religioso en el que se produce, aunque nadie le recrimina nada.
«¿Tía, tú te disfrazas, no?», así es como una chica pregunta, en pleno siglo XXI, a una amiga si se va a vestir de cofrade para la procesión de este Viernes Santo, en el que año tras año fieles y curiosos asisten a la procesión para admirar las imágenes de las cofradías, que con las bandas de música recorren todo el pueblo.

Cofrades ante la Dolorosa. | J.A. RIERA
Antònia de Can Balcó, manola de 82 años explica: «Ahora llevo desde el 2022 haciendo de manola, pero cuando empezaron, en el 63, también salí. Éramos seis entonces». Tras esa época, se casó, tuvo a sus hijos y explica: «Ya no se me ocurrió hacer más de manola» hasta la tercera edad. «Hasta ahora no me ha costado, pero veremos este año», ríe la mujer antes de unirse al resto de sus compañeras, vestidas ya todas de negro y con tacones.

Los pastores durante la procesión. | J.A. RIERA
«Hace 25 años que participo, cuando puedo», sostiene Paco, de la Cofradía de Santa Marta, que añade que cada año varía el número de personas en su cofradía: «Hemos llegado a ser cien, pero el año pasado fuimos 40, depende mucho. Hay personas que se van de vacaciones, gente que se hace mayor y la gente joven, si ves, lo hacen más por los padres», reconoce sobre el relevo generacional que viven en su cofradía.
«‘Fervor’, ‘Jerusalén’, ‘Nuestro Padre Jesús’, ‘Perdónalos’, ‘Mater Mea’, ‘Cordero de Dios’, ‘Santos Lugares’ y ‘Adoración’», son los temas que Toni Carrasco, joven trombonista de la banda municipal de música, explica que interpretarán durante la procesión. Lleva cuatro años tocando tanto el trombón como la tuba, aunque el día de hoy le toca traer el instrumento menos pesado. Asimismo, no todos los grupos tocan las mismas canciones durante el recorrido, mas no se estorban entre ellas. Hay suficiente distancia entre ellas.
Una cofrade con un carrito de bebé
En los muros alrededor de la iglesia se sientan decenas de personas para ver a las cofradías pasar con sus imágenes. Un niño alemán, inquieto, espera junto a su familia a que empiece la procesión. «Me aburro», le comenta el chico a su madre, y tan pronto como salen las palabras de su boca, suena la música anunciando que empieza el camino hacia el pueblo.
Los primeros en salir son los romanos, tres cargando una cruz de dos metros y todos con trajes idénticos de faldas blancas, sandalias marrones sobre calcetines color crema. Les siguen unos 30 músicos de la agrupación musical Esencia, cuya primera canción canta una corista del público. «Creo que es ‘Jo pens en vos’, pero no estoy segura», comenta la mujer.
Tras los músicos van varios pastorcitos seguidos de la Samaritana. Después, la Cofradía de Santa Marta con un pequeño penitente que se sale por momentos de la intrincada formación. Tras ellos, carga su imagen la Cofradía del Cristo Atado a la Columna, marchando todos a un paso por segundo, ni más ni menos. Uno de sus cofrades lleva un carrito de bebé durante el trayecto, imagen que llama la atención del público.
La banda municipal de música les sigue y, tras ella, la Cofradía de Cristo Nazareno con una imagen que parece mirar fijamente al público ubicado a su derecha. Detrás, pasea la Verónica y después, la Cofradía del Cristo de la Oración. La cantante se santigua ante la imagen y entra en la formación abandonando el público. La Cofradía del Cristo Yacente transporta a su imagen en la caja de cristal, con sus ropas negras y capirotes blancos.
Cierran la procesión la Cofradía de la Dolorosa, formada por manolas y cofrades y los que sigue la última banda, la agrupación musical Massarrojos, de Valencia, y el resto de personas que se unen para continuar el recorrido.
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