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Semana Santa

Crucifixión bajo el sol de Ibiza en el Puig de Missa

Santa Eulària celebra este viernes su vía crucis viviente desde la plaza del Ayuntamiento hasta el Puig de Missa

Un centenar de personas asiste a la procesión en un recorrido cargado de solemnidad y emoción

Claudia Marí Prats

Claudia Marí Prats

Santa Eulària

Cuando Jesús muere en la cruz en la duodecima estación, la cara de uno de los pequeños que asisten al vía crucis de Santa Eulària junto a sus padres no es la misma que cuando iniciaba la jornada en la plaza del Ayuntamiento. Entonces corría por el espacio, sonriente y charlatán, mientras esperaban a que comenzara. Tampoco es la misma la de sus padres, ni la de ninguno de los presentes. La alegría y ambiente relajado que había en el inicio de la procesión se ha convertido, conforme avanza el recorrido de Jesús hasta su crucifixión, en un ambiente solemne y cargado de emoción.

Este viernes hace sol y no hay ni una nube en el cielo. Tan solo un poco de viento que hace que refresque el ambiente. Es una mañana tranquila, lejos del bullicio habitual de una jornada laboral. Desde las nueve y media, la plaza del Ayuntamiento de Santa Eulària acoge a cada vez más gente. Algunos de ellos en traje, elegantes para la ocasión. Aprovechan los momentos previos para disfrutar del sol que calienta la plaza. Quienes se van uniendo preguntan: "Es aquí de donde sale la procesión?". "Yo tengo apuntado que sí", responde a varios de ellos un agente de Protección Civil. Otros esperan tomando un café en las terrazas aledañas.

La música de la banda comienza a escucharse desde el carrer de Sant Jaume. Algunos curiosos se asoman, mientras otros esperan su llegada en la plaza. En esta ocasión, los legionarios romanos portan un crespón negro en sus lanzas en homenaje a quien había sido centurión hasta el año pasado, Faustino Moreno, fallecido recientemente. La primera estación del vía crucis viviente se da en la plaza del Ayuntamiento de Santa Eulària. Allí, Jesucristo es condenado a muerte y los legionarios lo detienen y le maniatan para iniciar su recorrido hacia Puig de Missa. "¿Y ya está? ¿Ya se van?", pregunta un joven a su pareja al verlos partir. "No, ahora hay que seguirlos", le responde entre risas.

Jesús porta la cruz hacia Puig de Missa

Jesús porta la cruz hacia Puig de Missa / JA RIERA

Al girar por la calle del Sol un suceso sobresalta a los asistentes. Uno de los soldados romanos, encargados de custodiar a Jesucristo, le pega un fuerte empujón que le hace chocar contra la cruz. El impacto llega, incluso, a otro de los romanos que caminan junto a Jesús por el otro lado. Se escuchan varios "¡ay!" del público, que de súbito interrumpe animadas conversaciones, sustituidas por un solemne silencio. "Creo que ha sido a propósito", le comenta entre susurros un hombre a su mujer, quien sigue impactada por la violencia del golpe. Interviene en la conversación una agente de Policía Local, quien asiente confirmando que, efectivamente, forma parte de la acción del vía crucis. Se trata de la segunda estación, en la que Jesucristo es obligado a cargar con la cruz. Tras la lectura del texto por parte del párroco de Santa Eulària, Josep Lluís Mollà, y rezar un padre nuestro entre todos los asistentes, un grito de "¡Vamos, camina!" del soldado romano, al tiempo que fustiga con su látigo la madera de la cruz, anuncia que continúa la pasión de Cristo.

"¡Menuda penitencia!"

Paso a paso, portando ya la cruz, Jesús sube hacia el Puig de Missa. "Menuda penitencia", comenta uno de los transeúntes que se topa con la procesión al ver el hombre arrastrando el pesado objeto. Hasta tres veces durante su recorrido caerá Jesús en su vía crucis, siendo cada vez más costoso volver a ponerse en pie. La primera de ellas, tercera de las estaciones, se produce en la calle del Camino de la Iglesia. En este punto, el ambiente alegre que se vivía al comienzo del acto se ha enrarecido. Las conversaciones de las centenares de personas que siguen el vía crucis son ahora murmullos, comentando el duro camino de Jesucristo y sin dejar de prestar atención a lo que sucede durante la marcha. La música de la banda, cada vez más lejana, hace rato que ha dejado de ser protagonista del acto. Una mujer, residente en una de las casas bajas de la avenida de Padre Guasch, abre las puertas de la finca y, en una silla, observa pasar la procesión delante de su hogar.

Una de las caídas de Jesucristo durante el vía crucis

Una de las caídas de Jesucristo durante el vía crucis / JA RIERA

Durante el camino de Jesús portando la cruz, cuenta Mollà que fueron pocas las personas que se pararon a ayudar y preocuparse por él. Y fueron muchas las burlas que recibió. No fue el caso, sin embargo, de Verónica, quien se preocupó de limpiarle la cara con un pañuelo, en el cual queda reflejada la Santa Faz. Pocos metros después, Jesús sufre la segunda y tercera caída de su vía crucis, algo que, al igual que el sonido de los golpes del látigo a la cruz, continúa sorprendiendo a los asistentes, las exclamaciones se suceden entre el público. Esta última caída se produce casi en el punto más alto del Puig de Missa, donde la calle comienza a estrecharse. Alguno de los asistentes se adelanta a la marcha y avanza hacia la plaza de Lepanto. Otros, también precavidos, se adentran en callejuelas para situarse frente a la iglesia, donde disfrutan de una panorámica cenital de la plaza.

Momento de la crucifixión en la plaza de Lepanto, en Puig de Missa

Momento de la crucifixión en la plaza de Lepanto, en Puig de Missa / JA RIERA

Ya allí, solo el viento y el llanto de algún bebé rompe el silencio. El público asiste en este enclave a las últimas estaciones, en las que Jesús es despojado de su vestimenta y clavado en la cruz por los soldados romanos, para morir. Su cuerpo es descolgado y entregado a su madre en uno de los momentos más duros de la representación. El pequeño que reía y jugaba al comienzo de la mañana en la plaza del Ayuntamiento permanece ahora serio, agarrando la mano de sus padres.

Con cuidado, los soldados romanos portan a hombros a Jesús al interior de Puig de Missa. Les acompañan los centenares de personas que siguen el vía crucis y, de nuevo, la música de la banda que, con sus tambores, cornetas y trompetas, otorgan al momento de mayor solemnidad y emoción. Es la decimocuarta y última estación: Jesús es enterrado.

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