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Semana Santa en Ibiza

El calvario del vía crucis de Ibiza: obras, charangas, mascletà y un vendaval

El Vía Crucis del Santo Cristo de la Agonía, celebrado este Viernes Santo, se convirtió en una yincana debido a las obras, a la inesperada coincidencia con la Vuelta a Ibiza en MTB y el fuerte viento

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

Ni recogimiento ni silencio. Ni un momento de descanso. El Vía Crucis del Santo Cristo de la Agonía desde la iglesia de Santa Cruz hasta la catedral se ha convertido en una yincana prácticamente desde su salida a las 9.15 horas de este Viernes Santo. Medio millar de fieles han llenado el templo y las estrechas calles por las que ha pasado la procesión, que esta vez no ha atravesado, como era costumbre, el paseo de Vara de Rey debido a las obras que hay en su cara norte, donde ya se ha retirado el reloj. En su lugar, desde la calle Aragón ha proseguido por Bartomeu Vicent Ramon. Ni siquiera ha podido girar en la calle Vicent Cuervo hacia Vara de Rey porque lo impiden unas pesadas jardineras fijas.

Justo en ese cruce, el obispo, Vicent Ribas, ha procedido a la lectura de la segunda estación, Jesús carga la cruz, para continuar hacia el puerto, donde el portador del simpecado y los cuatro cofrades que han llevado a pulso la imagen se han topado con el estruendoso inicio de la Vuelta a Ibiza en MTB: la organización celebraba en ese momento las primeras pedaladas con charangas, música a todo trapo y una sonora mascletà, como la que dejó catatónico a Morrissey en Valencia. Contraste inesperado -desde allí hasta la calle Santa Creu, donde aún estallaban los cohetes al detenerse la procesión en la siguiente estación- entre la devoción y las sotanas, y los maillots multicolores y ajustados, los zancudos ataviados con monos de lentejuelas plateadas y el jolgorio.

Contraste inesperado entre la devoción y las sotanas, y los maillots multicolores y ajustados, los zancudos ataviados con monos de lentejuelas plateadas y el jolgorio

Abrigos cerrados hasta el cuello, plumas y bufandas en esta gélida mañana, especialmente en Dalt Vila, adonde, pese a los petardos, ha proseguido la procesión salvando obras y vallas. Primero, la del Mercat Vell, luego, las de la plaza de Vila y sa Carrossa. Primeras vallas, primeras zanjas tapadas con tierra apelmazada y cemento. Piedrecillas, polvo, arenilla, firme resbaladizo. Nada que ver con el escenario postbélico que había allí hace sólo un par de semanas, pero aún, pese al esfuerzo del Consistorio, no se dan las mejores condiciones: si subir es complicado, el descenso de noche, durante el Santo Entierro, no se prevé más fácil. Requerirá que los cofrades hagan un esfuerzo extra para salvar tantos obstáculos, como la zanja vallada de la calle Balanzat y el estrechamiento que hay justo en el cruce de Can Botino, que obligará a maniobrar a los pasos más largos, como el de Jesús del Gran Poder.

La última penitencia

Una yincana en toda regla. Este Vía Crucis (y el Santo Entierro) no pasará a la historia como el de la estética más depurada, pues a ambos lados de buena parte del recorrido hay sacos y material de obra, vallas para evitar caídas y planchas que tapan (no siempre totalmente) los profundos agujeros que hay en el suelo. Con parte de la calle Balanzat vallada y pese a las continuas adversidades, el Cristo de la Agonía se ha encontrado con el del Santísimo Cristo del Cementerio (que luego ha aguardado allí hasta la noche) a las puertas de Santo Domingo.

Momento del encuentro entre el Cristo de la Agonía y el del Cementerio a las puertas de Santo Domingo.

Momento del encuentro entre el Cristo de la Agonía y el del Cementerio a las puertas de Santo Domingo. / Toni Escobar

Y arriba, al final de la calle Major, esperaba a cofrades y fieles la última penitencia, un viento muy fuerte de componente norte de 30 kilómetros por hora con rachas de 50, que salvaron antes de entrar al templo.

En este, las diferentes cofradías se afanaban, desde un par de horas antes, en decorar sus pasos. Por ejemplo, colocando, uno por uno, 2.300 claveles rojos y 200 blancos alrededor del Cristo Yacente: los blancos, para crear una densa cruz nívea, rodeada de las herbáceas carmesís, como si fuera la bandera saboyana. En la capilla contigua, al revés: distribuían 1.800 claveles blancos y 600 rojos en torno a La Piedad. Los rojos, para crear un cruz en medio de las flores inmaculadas. El Jesús del Gran Poder ya estaba casi listo, decorado con 800 rosas y 600 claveles escarlatas, además de paniculatas blancas.

2.300 claveles rojos y 200 blancos decoran el Cristo Yacente

Quienes retocaban la Virgen de la Esperanza esperaban la llegada en Vía Crucis del Santo Cristo de la Agonía para instalar esta imagen en el mismo trono. Esta es una de las principales novedades de este año, pues hasta 2025 se procesionaba cada imagen por separado, primero el Cristo, y luego, a su sombra, la Virgen. La falta de cofrades les ha obligado a juntarlos, por primera vez, en el Santo Entierro. Les rodean 600 claveles (a Jesús) y rosas (a María).

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