Vivienda
Eugenia, víctima del precio de la vivienda en Ibiza: «Sin dos trabajos ya no puedes pagarte ni una habitación»
Los exorbitados precios de la vivienda en Ibiza siguen expulsando a trabajadores que no pueden permitirse ni siquiera una habitación en alquiler.

Sergio G. Cañizares

¿Pensaba que el enloquecido mercado ibicenco de la vivienda había tocado techo, nunca mejor dicho? Pues escuche esta última actualización, el minuto y resultado del partido por residir en la isla que cada vez está perdiendo más gente: «Desde el año pasado a hoy ha cambiado demasiado. El año pasado podía alquilar una habitación para mí sola por 700, 800 euros. Ahora eso es lo que cuesta convivir en una habitación compartida. Así que la habitación vale el doble, 1.600 euros. Se ha duplicado todo. Como no hagas dos trabajos a la vez, ya no puedes pagarte una habitación».
Así de sencillas y, a la vez complicadas, son las matemáticas que condenan a Eugenia. Esta joven italiana de 27 años lleva tres años viviendo en Ibiza, una isla que le ha arrebatado el corazón, pero cuando la lógica es tan aplastante no hay emociones que valgan, por muy intensas que sean, y solo queda pensar en la mudanza. Ella ya tiene fecha de retorno: el próximo sábado tomará el vuelo de vuelta a su Nápoles natal
«Claro que me da pena irme. A mí me gusta mucho Ibiza, me encanta. Me gusta que en invierno esté tranquila y que en verano haya un poquito más de caos. Eso es lo bonito que tiene, que no es monótona», explica a Diario de Ibiza, sin tener ni idea de lo que hará a partir de ahora. Su principal prioridad en este momento es cómo transportar hasta su país las «diez maletas» que está llenando con todos sus enseres. Luego, quizá cruzar el globo terráqueo entero para probar con «una experiencia en Australia». Quién sabe. Lo único seguro que tiene es que se ve obligada a marcharse de un lugar al que se había adaptado perfectamente y donde tenía trabajo estable en una tienda de ropa.
Un hachazo insumible
Al llegar a la isla, Eugenia empezó viviendo en un piso en el barrio de ses Figueretes. Lo compartía con otros dos inquilinos y tenía una habitación para ella sola por 500 euros al mes. Allí permaneció hasta el pasado mes de septiembre, cuando se mudó a otra vivienda en Platja d’en Bossa. Junto con un amigo, pagaban 1.200 euros más gastos por un pequeño piso de unos 50 metros cuadrados con dos habitaciones, un precio que «estaba muy bien para el invierno».
Todo esto sin contrato de arrendamiento, en uno más de los tratos invisibles a la legalidad, pagados con dinero negro, que se multiplicaban en el mercado pitiuso de la vivienda. La falta de garantías que lleva aparejada esa situación es lo que conduce a los dueños de las viviendas a hacer lo que se les antoje con ellas y cuando se les antoje. En su caso, a Eugenia le había avisado el dueño de su piso de que el alquiler iba a «subir un poco» con la llegada de la primavera y la temporada turística en ciernes. Lo que no se esperaba es que el hachazo duplicara de largo el precio que venía pagando hasta ahora: 2.800 euros mensuales por las mismas condiciones. Una subida del 133%. Inasumible, claro.
«Me lo dijo hace unas semanas y me puse a buscar otra cosa. Pero he visto que te piden, por ejemplo, 24.000 euros por adelantado para un año. Y 850 euros por una habitación compartida», cuenta la joven, visiblemente desolada porque no quiere marcharse, porque la obligan a irse, como a tantos otros. «Lo que más voy a extrañar es que aquí me puedo mover fácilmente porque Ibiza es pequeñita y es íntima. Muy íntima. La siento como mi casa», se sincera.
Un mercado enloquecido
Un vistazo a los grupos de Telegram donde se mueven todo tipo de ofertas de alquiler de vivienda en Ibiza confirma el desolador panorama descrito por Eugenia. Los precios de referencia para una habitación doble donde pasar la temporada se mueven mayoritariamente entre 1.400 y 1.500 euros.
Así, 1.400 euros mensuales es la cantidad que se reclama por una habitación doble en un piso en Puig des Molins. El afán recaudatorio lleva a su propietario a hacer otra propuesta insólita: 1.650 euros a cambio de disponer de la habitación durante 42 días. Ni uno más, ni uno menos. También se exigen 1.400 euros mensuales por un cuarto con dos camas individuales en ses Païsses en la que no se permiten visitas, uno de los requisitos más habituales en este tipo de ofertas.
En Plajta d’en Bossa, precisamente el lugar donde Eugenia apura sus últimos días en la isla, en un piso se oferta una habitación doble por 1.400 euros y otra por 1.500 euros. La segunda tiene como ventaja añadida un baño en suite. En otra vivienda, en este caso en Sant Jordi, el precio sube a 1.500 euros y el condicionante es que a la oferta solo pueden aspirar mujeres, prohibido hombres. En Sant Antoni, se ofrece una habitación doble, en este caso con una televisión de 50 pulgadas y acceso a la piscina como principales reclamos. Se piden 1.450 euros para dos personas, aunque también se puede alquilar en modalidad individual por la módica cantidad de 950 euros.
Más reducido es el mercado de las habitaciones triples, aunque eso no implica que sean ni un poco más accesibles. En Vila, se puede alquilar una ahora por la friolera de 2.100 euros, 700 euros por persona. Y en Cala de Bou, se ofrece «una habitación doble que puede pasar a triple», reza el anuncio, sin dar más detalles de esa posible metamorfosis. Los precios: 1.200 euros si es doble y 1.800 euros si es triple. Un chollo, oiga.
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