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Gastronomía

Catalina Ferrer, antigua cocinera de Ca na Pepeta: "Antes en Ibiza no había ni congeladores ni había nada... nos íbamos apañando"

El Ayuntamiento de Ibiza y el Consell de Ibiza organizaron un curso para recuperar la cocina tradicional ibicenca, centrada en el aprovechamiento de alimentos y la conexión con el entorno

Catalina Ferrer, durante el curso de cocina de Cuaresma.

Catalina Ferrer, durante el curso de cocina de Cuaresma. / Vicent Mari

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Carolina Avilar

Carolina Avilar

ibiza

La cocina ibicenca de Cuaresma fue la protagonista este jueves en la Escuela de Hostelería de Ibiza con el sabor de las recetas de siempre, pero también con el peso de una memoria que se resiste a desaparecer. Y en esa vuelta a los fogones tradicionales, una de las figuras centrales fue Catalina Ferrer, antigua cocinera del restaurante Ca na Pepeta, que convirtió el curso en algo más que una clase práctica: en una reivindicación de la cocina de temporada, del aprovechamiento y de la transmisión oral de los saberes de la isla.

Ferrer impartió la sesión junto a Marga Orell en una iniciativa organizada por el Ayuntamiento de Ibiza y el Consell de Ibiza, a través de la campaña ‘Això sí és d’Eivissa’, con la colaboración de la Escola d’Hoteleria de les Illes Balears. El eje del curso fueron tres elaboraciones muy ligadas a la Cuaresma y al recetario popular ibicenco: empanadas de gató, cocarrois de verdura y cocarrois de verdura con gató.

“En aquel tiempo no hacíamos basura”

El verdadero fondo de la jornada estuvo en el relato de Ferrer, que representa esa cocina aprendida sin manuales ni títulos, a base de observar, repetir y vivir entre fogones. Después de más de veinte años en Ca na Pepeta, recordó una manera de cocinar marcada por lo que daba cada estación y por una relación directa con el campo. “Cocinaba de todo, siempre cocina ibicenca, cocina tradicional. De cualquier cosa de temporada tú hacías un arroz, un guisado, lo que fuera”, explicó.

Su testimonio dibujó una forma de vida muy distinta a la actual, en la que la despensa dependía menos del supermercado y mucho más de la tierra y de la previsión familiar. “No había ni congeladores ni había nada, entonces tenías que sembrar tus propias judías, tus propios garbanzos, tus propias lentejas... nos íbamos apañando con lo que había”, recordó. En esa misma línea, resumió otra de las claves de aquella cocina con una frase rotunda: “En aquel tiempo no hacíamos basura”.

Ferrer explicó que aprendió a cocinar con su madre y que fue perfeccionando su oficio con los años, sin formación reglada. “La experiencia es un grado y creo que es verdad”, afirmó. Y cerró esa mirada a toda una vida entre cazuelas con una declaración que da sentido a su presencia en el curso: “Hasta el día de hoy me sigue encantando la cocina”.

Más allá de la receta, el mensaje de la jornada fue precisamente ese: recuperar una manera de cocinar ligada al calendario agrícola, al producto local y a una relación más estrecha con el entorno. En un momento en que casi cualquier alimento puede encontrarse durante todo el año, Ferrer defendió justo lo contrario: volver a mirar la temporada y entender que la cocina tradicional exige tiempo, conocimiento y vínculo con lo que se come. “La cocina tradicional te obliga a cocinar. A limpiar el pescado, a ir a comprar ese producto, a conocer esa temporada; de alguna manera es como volver a reconectar”, sostuvo.

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