Las obras de Dalt Vila, en Ibiza, ahogan a los pequeños negocios: "No solo nos cierran el local, nos arruinan la vida"
Comerciantes de Sa Carrossa y Dels Desemparats denuncian cierres forzosos, falta de ayudas, silencio institucional e incertidumbre económica y emocional

Lo que, según denuncian varios pequeños negocios de Dalt Vila, debía durar seis meses se ha convertido en meses de cierre, deudas e incertidumbre. Los afectados aseguran que las obras no solo les han golpeado en lo económico, sino también en lo social y emocional, con problemas de acceso, cortes de agua y luz y una creciente sensación de abandono. Los representantes de los restaurantes La Scala, La Ventana, Cevitxef y Es Cafetí (que aseguran que representan a otros pequeños empresarios de la zona) sitúan el origen del conflicto en la forma en que se ha gestionado el inicio de la obra. "En el mes de mayo del año pasado, estábamos con las terrazas activas, con personas sentadas, y llegó un vocero a las ocho de la tarde del Ayuntamiento que nos dijo que teníamos que cerrar porque las obras comenzaban ese mismo mes", relata Moisés Urrieta, representante de La Scala y La Ventana. Al día siguiente, añade, fueron convocados a una reunión con el alcalde y parte de su equipo, donde se les comunicó que la decisión ya estaba tomada.
Desde entonces, los comerciantes aseguran haber echado en falta información clara y por escrito. "Nunca hubo una información escrita, ni tampoco hubo ninguna carta que nos ayudase a prevenir y a prepararnos para la situación que íbamos a enfrentar. Tampoco nos dijeron cuánto tiempo sería el cierre ni la programación de las obras", lamentan. Según explican, se les ha pedido retirar las terrazas el 27 de septiembre y dos días después llegaron las vallas que paralizaron la actividad.
Comercios que deciden cerrar
El golpe, dicen, fue inmediato. Muchos de estos negocios trabajaban más allá de la temporada alta o pretendían hacerlo y donde antes había proyectos que buscaban mantener vivo el barrio durante los doce meses, ahora hay locales cerrados y empresarios que han tenido que renunciar. "Daniel y yo hemos decidido cerrar definitivamente porque ya es algo inaguantable. No somos grandes empresarios ni tenemos inversionistas de fondos. Somos personas de a pie que estamos trabajando y queríamos aportar a nuestra sociedad, a nuestro barrio", resume Danielle Galante, otro de los dueños de La Ventana y La Scala.

Comercios afectados en Dalt Vila en calle Dels Desemparats / Valeria Videgain
El problema, insisten, no se limita a la pérdida de facturación. Hablan de una cadena de pagos que sigue corriendo aunque la caja esté a cero: autónomos, alquileres, suministros, impuestos y deudas. "Seguimos pagando autónomos, alquileres, un montón de cosas que seguirán estando allí a pesar de que estemos abiertos o no", explican. Según sus cálculos, el cierre simultáneo de varios locales afecta directamente a unas 22 personas. Iván, del restaurante Cevitxef, pone cifra a esa angustia: "En abril debería tener 90.000 euros y yo sin abrir no sé cómo voy a hacer. Entonces es convivir con esa incertidumbre total".
Ese desgaste económico se ha convertido también, según los testimonios recogidos, en un desgaste emocional. "Todo queda en las palabras, nos hemos encontrado sin ayuda, sin recursos, con los cierres obligados y quebrando", resume la representate de Bar Es Cafetí. "Con esto conseguimos deudas que te aplastan y te sacan lo que sería una vida normal y digna de cualquier persona" explica Urrieta. La frase que más se repite entre ellos no habla solo de negocios, sino de vida cotidiana: "Positivo de todo esto no vemos nada, solo nos arruinó la vida, nuestro trabajo de años", coinciden los comerciantes.

Restaurante La Scala, comercio que ha decidido cerrar por las obras / Valeria Videgain
"No son las obras, el problema es su planificación"
Los afectados subrayan además que no se oponen a la mejora del barrio, sino a la forma en que, a su entender, se ha planificado. "No es que no se hagan las obras, es cómo se planifican las obras", recalcan. Aseguran que nunca se les ha presentado un plan de impacto económico ni ambiental, ni se les ha habilitado una línea de ayudas para compensar meses de cierre forzoso. "Nunca hubo aquí un plan que diga: estos meses va a estar cerrado, pero desde el Ayuntamiento nos van a dar ayudas", relatan y agregan: "Ni siquiera nos preguntaron cuál sería nuestro impacto en el bolsillo y no solo nuestro, sino también la de todos nuestros trabajadores".
A la falta de compensaciones suman otra queja constante: la de una comunicación cada vez más escasa. "Conforme fue pasando el tiempo, la presencia de las autoridades fue menguando cada vez más y ya se redujo a mensajes de WhatsApp o llamadas", denuncia Urrieta. De ahí nace, dicen, la sensación de haber quedado "desamparados a la mano de Dios".

Restaurante La Ventana, otro comercio que ha decidido cerrar por las obras / Valeria Videgain
Impacto económico, social y emocional
Pero el relato de los comerciantes va más allá de lo económico. Hablan de un barrio en el que la obra ha alterado la vida diaria de residentes y trabajadores. Mencionan vecinos mayores, personas con discapacidad, problemas de acceso y falta de aparcamiento. "¿Dónde aparcamos los coches los que vivimos aquí?", se preguntan. Por otro lado, también denuncian cortes de agua y luz provocados, según afirman, por incidencias durante los trabajos. "Cada dos días estamos en la ducha con champú en la cabeza y de repente no hay agua, no hay agua para cocinar, no hay luz, y nosotros somos jóvenes y vivimos aquí, pero imagínate a todos los residentes mayores", cuenta Galante.
En esa misma línea, alertan de que la obra no solo ha cerrado locales, sino que ha ido erosionando el tejido social de Dalt Vila. "La fresa del pastel de toda esta gran obra es abocar al cierre a los pequeños, que al final eran una contribución también al tejido social de Dalt Vila", sostiene Ia representante de Es Cafetí. En esa misma línea, cuentan que intentaron organizar eventos y mercadillos para mantener el barrio activo durante las obras, pero aseguran que sus peticiones fueron ignoradas. "Hemos tenido la intención de hacer cosas positivas para mantener vivo Dalt Vila y que no muera, como ya lo está, y nos ha sido negado por el Ayuntamiento", concluye Urrieta.
La pérdida, añaden, no es solo comercial, también es simbólica. Uno de los testimonios se refiere a la retirada de elementos que, según los afectados, formaban parte del carácter del barrio. En el caso de Iván Quinteros de Cevitxef, su propietario sostiene que ha recibido un correo para retirar unas luces y que después "tumbaron todo", incluida una enredadera de más de 40 años que daba personalidad a la esquina. "Era algo que embellecía también este barrio", lamenta.

Comerciantes reunidos en la puerta de Cevitxef, uno de los restaurantes afectados de la zona / Valeria Videgain
Un proyecto sin claridad para comerciantes
A todo ello suman la percepción de inseguridad y abandono. "Aquí no vemos policías jamás", asegura Urrieta, que considera que a las molestias propias de una obra se ha añadido una "ausencia total" de presencia policial. También reclaman mayor transparencia sobre el proyecto ya que sostienen que una actuación de estas dimensiones debería contar con señalización visible sobre financiación, expediente, empresa adjudicataria y plazos de ejecución.
La crítica más dura, en cualquier caso, apunta a lo que consideran un discurso oficial alejado de lo que ocurre a pie de calle. "El Ayuntamiento dice que las obras van a durar seis meses, ¿seis meses a partir de cuándo?", se preguntan. Los comerciantes sostienen que los trabajos arrancaron de hecho a finales de septiembre, mientras que reprochan al Consistorio haber situado el inicio más tarde. "Es la mentira que hay que escuchar permanentemente", lamenta la representante de Es Cafetí y así resume su sensación: "Aquí parece que para el local y para el residente normal, de murallas para adentro no existimos".
El Ayuntamiento asegura que terminará las obras el 3 de mayo
Frente a estas críticas, el alcalde de Ibiza, Rafael Triguero, afirmó en rueda de prensa este lunes que el Ayuntamiento estima concluir el conjunto de las obras de Dalt Vila el próximo 3 de mayo. Durante una visita al estado de los trabajos, anunció además la reapertura de las calles de Santa Maria y Mariano Tur de Montis y aseguró que en las próximas semanas habrá avances también en General Balanzat, Sa Carrossa, Mercat Vell y sa Peixateria. Según explica, el objetivo es que los trabajos estén terminados antes de la celebración de Eivissa Medieval, prevista del 7 al 10 de mayo.
El alcalde defendió igualmente que se trata de inversiones "necesarias", con un presupuesto total de 1,8 millones de euros en Dalt Vila, divididas en dos fases. La primera concluirá en mayo y la segunda arrancará en septiembre, ya pasada la temporada turística, centrada en Sa Carrossa y la plaza des Desemparats.
Más allá de lo que se diga desde las instituciones, los afectados insisten en que lo que acaba quedando son las consecuencias. Tres de ellos ya han decidido cerrar y buscar trabajo para poder hacer frente a las pérdidas que les ha dejado la paralización de la actividad, sin esperar ya una solución. Iván, de Cevitxef, asegura que aguantará hasta mayo, pero pide certezas: "Yo esperaré hasta mayo, pero necesito claridad. Me preocupa mi terraza; si lo dejo todo bonito y luego en la segunda fase de la obra, en septiembre, me vuelven a tirar todo sin preguntar...". A su juicio, una intervención de esta magnitud "debe ser un proyecto que también contemple lo económico, lo social y lo cultural".
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