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Familia

Una madre de Ibiza denuncia el impago de 25.000 euros de manutención por parte de su exmarido: "¿Me encadeno a los juzgados?

María lleva dos años sin cobrar la pensión de manutención de sus tres hijos a la que se comprometió el padre en el convenio regulador. Pese a que lo denunció en septiembre de 2024, sigue sin fecha de juicio y su cuenta bancaria ya está en números rojos. «Me parece una burrada que vaya todo tan lento», denuncia.

Sección de Familia en los juzgados de Ibiza. | VICENT MARÍ

Sección de Familia en los juzgados de Ibiza. | VICENT MARÍ

Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

«¿Qué hago? ¿Me encadeno en los juzgados? ¿Hago huelga de hambre?». María tiene tres hijos de entre 10 y 16 años, un exmarido que lleva dos años sin pasarle ni un solo euro por su manutención y desesperación. Mucha desesperación. Porque su cuenta bancaria ya ha ingresado en el abismo de los números rojos y no tiene ni idea de qué va a hacer para salir de ahí. Tiene trabajo estable y vivienda en propiedad, pero eso no es suficiente porque el padre de sus criaturas le adeuda unos 25.000 euros, tal y como está contemplando en el convenio regulador que firmaron hace cinco años.

El problema es que él decidió ignorar su existencia desde mayo de 2024, cuando ayudó por última vez a la manutención de sus hijos. Y en esas sigue María. «Menos mal que soy ibicenca, tengo la casa en propiedad y no pago alquiler. Si no, estaría viviendo en la calle», explica a Diario de Ibiza. Solo pide lo que se le adeuda por ley, ni un euro más: «A mí me paga lo que me debe y vivo bien». El problema es que su caso es uno más de los que se quedan atrapados en la maquinaria judicial y sus tiempos desesperantes, mucho más lentos de los que requiere María para ganar el oxígeno económico que tanto necesita.

Revisando el convenio regulador firmado entre los progenitores, se comprueba que tampoco estamos ante una fortuna: 570 euros mensuales, 190 por hijo, más la mitad de los gastos extraordinarios. Si el padre hubiera cumplido con lo que él mismo consintió, la madre cree que llevaría una vida relativamente tranquila, sin tener que mirar con lupa cada euro que sale de su sueldo, el único con el que se alimentan las cuatro bocas de su hogar: «Me dijo que iba a hacer que me gastara todo mi dinero. Y lo ha conseguido».

Sin juicio a la vista

Y , sin embargo, la mayor angustia de María no son esos números rojos en su cuenta, sino la ausencia de un horizonte donde se esboce una solución, un escenario donde el padre, que tiene trabajo y posibilidad de cumplir con su parte del trato, tal y como le consta a ella, sea obligado por ley a devolver la enorme cantidad que adeuda y que sigue creciendo cada mes que pasa.

En septiembre de 2024, tras cuatro meses de impagos y harta de escuchar excusas al otro lado de la línea, María denunció al padre por doble vía, civil y penal, tal y como le recomendó su abogada. El Código Penal establece que bastan dos meses consecutivos de impago, o cuatro no consecutivos, para que se considere un delito de abandono de familia.

«Sigue sin pagar y no le embargan. Me parece una burrada que vaya todo tan lento en el juzgado. Y no paga porque quiere, porque puede pagarlo. En lo psicológico puedo ir tirando, pero en lo económico...», valora María.

El pasado mes de septiembre, un año después de la denuncia, el juzgado citó a las partes para ratificarla. El padre propuso la retirada de la denuncia a cambio de empezar a pagar, pero María lo declinó. Ya no se creía nada. Todo desembocaría en un juicio, pero ese el problema, que el atasco judicial impide un señalamiento cercano. Su abogada ha pronostico un año de espera, es decir, el próximo otoño, pero María ya no puede estirar más el chicle de su economía. Y no sabe qué hacer.

Informe demoledor

Para acelerar el procedimiento ni siquiera han servido los antecedentes del padre, condenado por violencia de género cometido contra otra mujer, ni el demoledor informe redactado hace tres años por una psicológica tras analizar a los tres pequeños: «Los comportamientos del padre son totalmente nocivos y perjudiciales para los tres menores. Están generando una situación de tensión continua que puede interferir claramente en el desarrollo de un estado psicológico sano y equilibrado en éstos, siendo bastante evidente ya este perjuicio para una de ellas».

Hace dos años que los hijos no ven a su padre y, además, «los niños no quieren verlo», como aclara la madre. La relación está completamente rota, pero las obligaciones económicas sí persisten, por mucho que se incumplan de manera sistemática. Al menos María, que no pierde la sonrisa a pesar de la situación, celebra que ella «solo» sufriera malos tratos psicológicos cuando todavía eran pareja: «Una vez me tiró un teléfono a la cabeza, pero pude apartarme a tiempo. Estoy convencida de que no me puso la mano encima porque tengo dos hermanos. Sabía que lo habían reventado».

Y mientras sigue esperando a que el juzgado ponga fecha al juicio donde espera que metan en vereda al padre, María vuelve a hacer números, a romperse los sesos pensando dónde va a meter el siguiente tijeretazo a la economía familiar. No queda otra.

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